Opinión

Cuarto poder: ¿periodismo, publicidad o propaganda?

El pasado 1 de julio más que a una elección asistimos a una revolución: pacífica y democrática, pero una revolución, al fin y al cabo. La elevada participación electoral, el margen de victoria de un partido con apenas tres años de historia y el descalabro del gran partido heredero de la tradición revolucionaria son los elementos que la determinan.

El resultado electoral arroja un cambio radical en las instituciones políticas y permite anticipar cambios en los ámbitos económicos y sociales. El régimen del 2000, basado en la alternancia al PRI está superado y la transición democrática completa. En consecuencia, vienen años de un reajuste en el sistema que culminará necesariamente con un nuevo régimen democrático. La historia juzgará si este nuevo régimen será mejor que el anterior o si será únicamente una adaptación a los nuevos tiempos para que todo siga exactamente igual. Hasta la fecha encontramos señales en ambos sentidos, que van desde el plan de “austeridad republicana” como medida innovadora de un nuevo sistema, a la nominación de Bartlett a la CFE como la vuelta a las instituciones de gobierno de lo más rancio de la política nacional.

Por el momento desconocemos el alcance y la profundidad de los ajustes, pero lo que es seguro es que también va a impactar al cuarto poder: los medios de comunicación. No podemos entender la democracia moderna si no somos conscientes del papel que juegan los medios, en consecuencia, un sistema caracterizado por excesos de la “clase política” necesita forzosamente de excesos en la “clase periodística” para subsistir.

El colectivo #MediosLibres señala que la ausencia de transparencia y control en el uso de la publicidad oficial la transforma en una herramienta de chantaje que pervierte la relación entre los medios y las autoridades, más aún si consideramos que la mayoría de los medios, especialmente locales, tienen una dependencia casi total del dinero público.

El Gobierno Federal gasta un promedio de 9 mil millones de pesos anuales en publicidad. Sin embargo, el problema no solamente reside en el monto de inversión publicitaria si no en la asignación arbitraria, discrecional y poco transparente de los recursos.

En este sentido, la primera medida anunciada por el Presidente electo en su Plan de austeridad y combate a la corrupción consiste en una disminución del 50% en el gasto de comunicación social. La segunda, según declaraciones de Jesús Ramírez Cuevas para Aristegui noticias, será el establecimiento de criterios de alcance, audiencia, rating e importancia regional para la nueva asignación de recursos públicos a medios de comunicación. En resumen, todo indica que el ajuste al sistema lleva incluido un más que necesario cambio en el paradigma mediático nacional.

El cuarto poder hidrocálido, aunque seguramente más pequeño en cuanto al monto de sus contratos, también tiene una relación de dependencia con los Gobiernos Municipales y Estatal. En la actualidad, el Gobierno del Estado de Aguascalientes gasta un promedio de 160 millones de pesos y la Presidencia Municipal ronda los 100 millones de pesos anuales en gastos de Publicidad y Comunicación Social. Sin embargo, la falta de transparencia en los convenios publicitarios con medios locales dificulta seriamente identificar el importe exacto destinado por cada administración a este rubro. Muy especialmente en el caso de la Presidencia Municipal.

Que nadie me malinterprete, no es esta una defensa de la abolición de los convenios publicitarios, al contrario. Los contratos entre los medios de comunicación y los gobiernos tienen razón de ser y necesidad de existir. En esencia todos los gobiernos tienen la obligación de comunicar e informar a la ciudadanía y para ello necesitan recurrir a los medios de comunicación. Lo que comercializan los medios son espacios publicitarios en sus tirajes cuyo costo debería estar determinado por la audiencia a la que impactan. Es decir, cuanto mejor es el contenido de un medio, más audiencia obtiene y mayor es el valor de sus espacios publicitarios.

Por ejemplo, Radio Universal cuenta con una línea editorial propia y un producto informativo que le permite comercializar espacios publicitarios para que sus anunciantes puedan dirigirse a su audiencia. Lo mismo ocurre con Radiogrupo, el Heraldo, La Jornada, Televisa y el resto de medios convencionales que se dedican a informar o entretener al público. También sucede lo mismo con los medios digitales que llevan tiempo innovando y generando nuevos canales de comunicación.

Existe una diferencia enorme entre un medio digital y una página de noticias en redes sociales, pero en el mundo de la “postverdad” y “las fake news” las páginas de noticias en Facebook se han disparado en los últimos años convirtiéndose en espacios con los que lucrar a los que se suman reporteros en su tiempo libre, directores de comunicación social y hasta candidatos en campaña electoral.

De hecho, en la actualidad uno puede encontrar viejas glorias informativas de Televisa Regional con su propia página de noticias en Facebook en todos los estados de la República. Todos cuentan con convenios publicitarios con gobierno y dependen del dinero público. Sin embargo, ninguno de ellos cuenta con espacios publicitarios propios, puesto que Facebook comercializa directamente y sin intermediarios sus espacios publicitarios. Si los convenios publicitarios regulan la contratación de publicidad entre gobierno y medios y si las páginas de noticias en Facebook no pueden comercializar espacios publicitarios que no tienen ¿Qué le venden las páginas de noticias en redes a los gobiernos?

Que cada quién saque sus propias conclusiones, yo tengo la mía: cuando la inversión publicitaria se vuelve chayote el periodismo se convierte en propaganda. Por suerte, aún hoy existe una gran diferencia entre ser periodista y ser youtuber.

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Víctor Serrano

Víctor Serrano

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