Opinión

Después de la elección / Debate electoral

El tema es, y seguirá siendo, el proceso electoral que está a punto de concluir, pues tal como se anticipaba, nos enfrentamos en su momento al evento político electoral más grande en la historia del país, tanto por el número de cargos que elegimos, como por el número de personas que acudieron a emitir su voto. Su grandeza también se pudo medir en la extensión territorial donde hubo procesos locales concurrentes con la elección federal, que para el caso fue en treinta entidades (es decir, todo el país, excepto Nayarit y Baja California).

No obstante, las expectativas que generó la elección siguen dando de qué hablar en las noticias, en las columnas de opinión, las sobremesas en familia y las nuevas charlas de café en que se han convertido las redes sociales. La trascendencia de la elección es tal, que ahora la efervescencia se traslada a los órganos electos: ya lo vimos en la calificación de la elección presidencial, como lo estamos viendo en la integración de las cámaras del Congreso.

Cabe hacer un par de anotaciones en torno al tema. En una primera instancia no nos estamos saliendo del Debate Electoral. No es que se estire y alargue el tema en la agenda pública hasta el fastidio, ni tampoco, como muchos han contestado en redes sociales, es que ahora el ojo acucioso de la ciudadanía crítica (círculo rojo incluido) haya estado dormido durante toda la historia de la vida política nacional.

Siempre ha existido oposición, tal como siempre ha existido poder y quien lo represente. Liberales y conservadores, derechas e izquierdas, en las democracias siempre existe el contrapeso que equilibra la omnipotencia y la anarquía. Así como la participación se encuentra en el justo medio entre la apatía y el egoísmo, es decir entre la absoluta falta de interés y el no permitir que otros participen, así la oposición es importante tanto para provocar la participación en la esfera pública, como para atemperar el poder absoluto.

Precisamente la reflexión toma sentido en la etapa del proceso electoral que nos ha tocado vivir justo en la semana que termina y que es la que se trata de la integración de las Cámaras de Diputados y Senadores.

Desde la reforma política de finales de los años 70, la idea de la representación proporcional surgió como una medida para contrarrestar el poder que ejercía el partido hegemónico. Tras periodos electorales en donde el que ganaba, ganaba todo, se hizo necesaria la diversidad de opiniones, sobre todo en instituciones que trabajan de manera colegiada. Nada atenta a la democracia, tanto como un congreso, compuesto por personas que deben ponerse de acuerdo para tomar decisiones, como que todas votaran en el mismo sentido.

No es fácil trabajar en un órgano colegiado, me refiero a la toma de decisiones en conjunto. Sobre todo porque podemos estar de acuerdo en el resultado, pero llegar a él por distintos caminos. Por eso ha de privilegiarse el diálogo, la tolerancia y el respeto. Es decir, nada de malo tiene que las cámaras hayan votado de forma abrumadoramente mayoritaria (casi unánime) por su mesa directiva justo en el primer día de trabajo legislativo, previo a la hora de su instalación. Lo que no se entendería, sería un órgano legislativo, ya diputados, ya senadores, que votaran como autómatas sin que hubiera espacio para la reflexión, la discusión, el disenso, la negociación en buena lid y el consenso.

Resulta interesante la propuesta de eliminar a los diputados plurinominales, tanto como la propuesta de mantenerlos o la de reducir su número. Estoy convencido que la conformación de los órganos de gobierno que son electos deben responder a dos cosas: la realidad en la que vivimos y la decisión soberana de los ciudadanos que el día de la jornada electoral asumen su voto pensante y otorgan la representatividad al ciudadano que elijan. De cuarenta años a la fecha el país se ha transformado, y lo sigue haciendo día con día. Bienvenidos seamos a una nueva realidad política, digna de estudio para su comprensión a cabalidad. Reflexionemos cuidadosamente que en la jornada electoral no termina el quehacer político del ciudadano, sino que, en una de esas, la construcción de la ciudadanía por la que tanto luchamos apenas comienza después de la elección.

 

/LanderosIEE | @LanderosIEE


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Luis Fernando Landeros

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