Opinión

El próximo gobierno / Cátedra

Se me hace la observación en el sentido de que el presidente Peña Nieto sí ha promovido la producción de energía limpia; eso es verdad, pero no era mi intención en ese momento referirme a lo hecho, sino a lo que falta por hacer para cumplir los compromisos contraídos por nuestro país en las diferentes reuniones de la Convención Marco de la Organización de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático creada en 1992 y especialmente a partir del documento conocido como Protocolo Kioto, Japón, en 1997, hasta la del año pasado en Bonn, Alemania, sino al hecho de que México no ha conseguido avanzar ni a la mitad de las metas asignadas, en parte porque los presidentes Fox y Calderón hicieron prácticamente nada al respecto, fuera de que el último autorizó una partida presupuestal de 34 mil 500 millones de pesos, que no se comprobaron porque seguramente desaparecieron en el hoyo negro de su absurda, costosa e interminable guerra contra las drogas, que tanto dolor y miseria le han costado al pueblo mexicano.

De hecho, el primer presidente que se ha esforzado por avanzar en estos compromisos ha sido Enrique Peña Nieto; gracias a eso México no está entre los más rezagados, pero aun así tenemos el nada decoroso primer lugar de muertes por contaminación en América Latina.

La cruda realidad, en todo caso, es que no hemos cumplido ni siquiera con la mitad de las metas establecidas y el escaso avance que llevamos está prácticamente nulificado por la contradictoria política neoliberal que a partir de 1982 ha ido entregando progresivamente nuestros recursos al imperialismo financiero gracias a las destructivas reformas estructurales que se han hecho a nuestra Constitución, principalmente durante su sexenio, como es el caso de nuestros todavía ricos yacimientos petrolíferos, antes nuestros y ahora, de hecho, en poder de las más poderosas y rapaces empresas multinacionales del ramo.

Y digo contradictoria política presidencial porque si bien por una parte se han tomado algunas medidas para reducir la contaminación produciendo, por ejemplo, energía limpia para nuestro uso interno, por la otra seguimos amenazando el futuro de la humanidad al continuar fomentando la contaminación del planeta con los combustibles, lubricantes y demás derivados de nuestro petróleo con el que, además, se siguen enriqueciendo los depredadores monopolios multinacionales. Esto no me cansaré de repetirlo porque es uno de los problemas que más degradan la integridad de la Nación.

Enrique Peña Nieto. Evaluar los resultados sexenales no es tarea fácil, sobre todo cuando la observación y el análisis críticos llegan a convertir nuestros archivos en algo difícil de manejar, particularmente en la labor de síntesis. Por eso y porque como no se trata de hacer una exégesis de toda la obra sino de poner el acento en lo esencial, voy a enfocar mi planteamiento en el terreno de la ética política, que es lo que al final de cuentas califica al funcionario público junto con la efectividad de sus medidas.

Cuando en la campaña como candidato del Partido Revolucionario Institucional a la presidencia de la República se manejó de una manera insistente el ascendiente familiar de Enrique Peña Nieto como heredero del prestigio de su tatarabuelo Isidro Fabela, quien fue uno de los ideólogos insignes de la Revolución Mexicana y fundador del Grupo Atlacomulco, que llegó a ser uno de los bastiones más fuertes del PRI, quienes teníamos alguna idea de la trayectoria de aquel gran maestro de Derecho Internacional de la UNAM, político (entre otros cargos ocupó el de gobernador del Estado de México), historiador, escritor eminente y diplomático (no solo como embajador acreditado en diversos países sino como Secretario de Relaciones Exteriores del gobierno revolucionario y sobre todo como juez de la Corte Internacional de Justicia en la que dejó muy en alto el nombre de México como defensor de los países oprimidos por las potencias) consideramos que, por fin, el PRI iba a recuperar su ideología nacionalista y, como consecuencia de su seguro triunfo electoral, retomaríamos el camino de consolidación de nuestra maltrecha soberanía.

Para dejar constancia del pensamiento de Fabela, reproduzco solo un pequeño párrafo:

“Nuestro ideal es el Hispanoamericanismo en contraposición al panamericanismo, pues lo declaramos francamente, la política panamericanista nada práctico ha realizado en nuestro beneficio y sí en cambio, con sus reclamos nutridos y ampulosos de mutua y cariñosa estima, ha hecho creer a muchos que la unión panamericana de Washington y los Congresos panamericanos son la expresión genuina de una fraternidad continental que no existe”.

Lamentablemente pronto nos daríamos cuenta, con tristeza, que nuestras expectativas se habían dejado llevar por un entusiasmo mal entendido; solo se trataba de propaganda oportunista porque lo que le brillaba a aquel candidato era solo el oropel de la mercadotecnia; la labor periodística dejó en evidencia pública que sus títulos habían sido adquiridos mediante el plagio; que su aversión a la lectura le negó la posibilidad de enterarse de la trayectoria del hombre en quien se estaba fundando su prestigio electoral; y que su ideología -que de revolucionaria no tiene nada- estaba basada en la formación escolar adquirida en escuelas particulares, como lo confirma su egreso de la Universidad Panamericana, que es decir Opus Dei, de acuerdo con lo especifica la página con el nombre de esa institución que se puede consultar en Wikipedia.

Si partimos de aquí se podrá entender claramente nuestra preocupación en el sentido de que el futuro presidente Peña Nieto, a pesar de su cacareada ascendencia, continuara con la entrega del país como un miembro más del equipo de neoliberales que desde 1982 están al servicio del imperio.

Sin embargo, a manera de reconocimiento de que, entre las actuaciones positivas que también tuvo -por ejemplo en lo que se refiere a obra pública- hay algunas recomendaciones que los mexicanos todos deberíamos asimilar y adoptar como norma de conducta, como es la que expresó en la Ceremonia de entrega de menciones honoríficas y reconocimientos a unidades y personal del Ejército, Armada y Fuerza Aérea en las operaciones para reducir la violencia realizada en el campo militar número 1 el día 26 de Julio del año pasado, misma que transcribo a continuación:

‘‘Ningún integrante de las fuerzas armadas está obligado a seguir órdenes cuando impliquen un delito, una violación a derechos humanos o una infracción a la disciplina militar’’.

Estoy seguro de que esta frase, coincidente con el pensamiento de grandes humanistas como Thoreau o Mahatma Gandhi, hubiera sido suscrita gustosamente por su tatarabuelo, quien seguramente apoyaría la idea de que se le diera una gran difusión para que la conociera e hiciera suya toda la población, hasta en los más remotos lugares.

Pero en este punto yo me pregunto si el presidente Peña Nieto estaría dispuesto a aceptar el mismo contenido de su recomendación a las fuerzas armadas, ajustado a sus propias decisiones que, como gobernante, adopta en nombre de la Nación, redactada en los siguientes términos:

‘‘Ningún ciudadano está obligado a apoyar las decisiones del presidente de la República cuando impliquen un desacato al mandato constitucional’’.

Me explico: en el manejo de las relaciones internacionales de México, hemos observado una proclividad de nuestro presidente a imitar o apoyar los intereses del imperio estadounidense en contra del gobierno de Venezuela.

Pero entre las facultades y obligaciones del presidente de la República establecidas en la fracción X del artículo 89 de nuestra Constitución Política, señala las siguientes:

En la conducción de la política exterior, “…el titular del Poder Ejecutivo observará los siguientes principios normativos: la autodeterminación de los pueblos; la no intervención; la solución pacífica de controversias; la proscripción de la amenaza o el uso de la fuerza en las relaciones internacionales…”

(Lo más probable es que quien más contribuyó en esta redacción haya sido precisamente Isidro Fabela, dentro del texto que el presidente Venustiano Carranza dio a conocer en 1918 como Política Internacional de la Revolución Mexicana, cuando agradeció las innumerables muestras de solidaridad de nuestros hermanos países latinoamericanos en contra de las intervenciones abusivas de los Estados Unidos en nuestro territorio, al aprovechar en forma oportunista nuestra debilidad derivada del conflicto interno.)

Con estos antecedentes, no se necesita ser especialista en nada para darse cuenta de que el presidente Peña Nieto está incurriendo en clara violación de este ordenamiento probablemente redactado por su propio tatarabuelo, al intervenir en los asuntos internos de Venezuela para que su gobierno actúe de acuerdo con la voluntad del presidente de los Estados Unidos y, además, falte incluso a las formas más elementales de la diplomacia al escamotear la solidaridad de México con Venezuela por el reciente atentado contra la vida del presidente venezolano solo unos meses después de que el presidente de Estados Unidos le planteó a su cúpula estratégica la conveniencia de ordenar una invasión militar contra nuestro país hermano. Esa actitud no solo es vergonzosa sino francamente necia y los mexicanos no podemos tolerarla.

Por tanto, con base en el propio razonamiento del presidente de México, tenemos todo el derecho de desautorizar su conducta y estamos seguros de que en esto Isidro Fabela está con nosotros; así pues, su tataranieto todavía tiene la oportunidad de reconsiderar su indebido proceder. (Continuará)

 

“Por la unidad en la diversidad”

Aguascalientes, México, América Latina

[email protected]

 

The Author

Netzahualcóyotl Aguilera R. E.

Netzahualcóyotl Aguilera R. E.

No Comment

¡Participa!