Opinión

El próximo gobierno / Cátedra

Reflexión histórica. Cuando concreté la idea de plantear mis consideraciones acerca de lo que podría esperarse del próximo gobierno, pensé en desarrollar el trabajo en tres entregas. Sin embargo, al concluir el borrador de la primera me di cuenta de que era necesario presentar una síntesis de las notas más sobresalientes de los gobiernos neoliberales del siglo XXI que sirvieran de base comparativa; así se publicaron los cinco números concluidos la semana pasada.

Pero ahora me encuentro con la necesidad de hacer un análisis histórico de mayor profundidad a fin de apreciar con claridad la carga tan grande que tiene ese próximo gobierno para satisfacer las expectativas del pueblo que lo eligió con la votación más aplastante de los últimos tiempos, que significó una reprobación total a los manejos de la clase neoliberal en el poder -1982-2018-, tan lejanos de ese ideal llamado justicia social.

Espacio. Para ello es preciso ubicarnos -como nación- en el contexto geográfico mundial, porque no somos un ente aislado; la humanidad es una y la capacidad de comunicación de sus individuos nos convierte en sujetos mutuamente dependientes, obligándonos a mantenernos en armónica hermandad por lejanos que estemos unos de otros. Solo así podremos restablecer las condiciones habitables de este mundo que es nuestro hogar.

Tiempo. Y también es preciso ubicarnos en el tiempo porque no podremos disfrutar plenamente nuestro presente si no aprovechamos las experiencias de nuestro pasado, elementos sin los cuales es imposible construir un futuro digno de ser vivido por las generaciones venideras.

Trataré de ajustarme a este criterio para hacer una descripción lo más sintética posible de los antecedentes más relevantes de nuestra historia, que nos ayuden a entender por qué nuestro presente es como es y con base en ello luchar por las metas que deberíamos pugnar por alcanzar -o visualizar al menos qué es lo que podemos esperar- en nuestro futuro inmediato, a fin de empezar a proyectar sistemáticamente etapas posteriores.

 

“…La universidad europea

ha de ceder a la universidad americana.

La historia de América, de los incas acá,

ha de enseñarse al dedillo,

aunque no se enseñe la de los arcontes de Grecia…”

José Martí.

 

Nuestro continente. A diferencia de los otros, que están intercomunicados, lo que conocemos actualmente como Continente Americano fue el último en ser poblado en la fase más tardía y madura de la evolución humana, básicamente por la especie sapiens, última del género homo. (Caso parecido es Australia, que más que un pequeño continente es una gran isla).

Al quedar aislado por mar de las otras grandes masas continentales (la más cercana es África) nuestro continente solo ha estado unido a Asia en breves períodos por la pequeña y difícil conexión de Beringia -cuyo último “puente” desapareció hace unos 10 mil años cuando el mar aumentó de nivel al derretirse buena parte de los hielos polares por el incremento de la temperatura experimentado al final de la última glaciación- los escasos habitantes que habían llegado penosamente por lo menos en el transcurso de unos 5 mil años antes quedaron igualmente aislados, pero a la vez protegidos por ser desconocidos para el resto del mundo.

Desde entonces se dispersaron a lo largo de este gran territorio que es el segundo continente del mundo por su extensión, a cuyas costas del Océano Pacífico también llegaron navegantes polinesios en forma aislada y esporádica.  Diez mil años después, en el siglo XV d.C., nuestra población ya era superior a la del continente europeo: más de un centenar de culturas sumaban alrededor de 70 millones de habitantes(Ibid) en diversas etapas de desarrollo: desde las cazadoras, recolectoras y pescadoras de Alaska en el círculo Ártico y las de la Tierra del Fuego en el Antártico, hasta las grandes culturas de los climas templados de los hemisferios norte y sur que perfeccionaron tanto su organización social, económica y política como su cultivo del arte, la ciencia, la tecnología y la especulación filosófica.

Sus relaciones políticas y comerciales les proporcionaron un amplio conocimiento de su ámbito geográfico, histórico y cultural -como lo sugieren hallazgos de sus productos artesanales del sur en el norte y viceversa- en el que destacaron por su lustre y poderío dos grandes imperios:

El de la cultura Quechua bajo el dominio del linaje Inca, que desde su capital en Cuzco, Perú, llegó a gobernar a 15 millones de habitantes de una forma altamente organizada y pacífica;(Id) se extendía hasta las actuales Colombia en el norte y Argentina en el sur en un territorio de 3 millones de km2 conocido como el Tahuantinsuyo, con una red de caminos de más de 30,000 km. en una de las zonas montañosas más abruptas del mundo: la cordillera de los Andes, lo cual demuestra -entre otras cosas- un formidable dominio de la ingeniería.

Y el de la cultura Náhuatl bajo el dominio del linaje Azteca en Mesoamérica, más autoritario, con 7 millones de habitantes en un territorio con 200 mil km2 de extensión, con capital en México-Tenochtitlan.

Con este nivel de desarrollo se preocuparon a tal grado por la educación que la investigación científica llegó a alcanzar, en algunos aspectos, niveles superiores a los del viejo mundo. Por ejemplo, gracias a su dominio de la astronomía y la matemática crearon un calendario más exacto que el que manejamos actualmente -mismo que fue establecido por el papa Gregorio XIII en 1582- y difundían sus conocimientos por medio de bellísimos códices en papel amate cuidadosamente conservados en sus amoxcalli (bibliotecas), planchas de madera, glifos o estelas pétreas fechadas, que solo parecen obras de ornato pero que son, además, conocimientos científicos al servicio del pueblo como la “rueda de Tízoc” en la que predijeron fechas de eclipses, o el “calendario azteca” en el que la cultura náhuatl, con su pensamiento práctico y sintético, concretó magistralmente el calendario maya en una sola obra de belleza inigualable. (Más información sobre el Calendario Mesoamericano se puede encontrar en la serie publicada por este autor en El Sol del Centro para recibir al nuevo milenio, en las fechas que se indican del año 2000).

Esta magnitud de desarrollo del pensamiento mereció el reconocimiento de uno de los más grandes pensadores de Europa: el filósofo alemán Oswald Spengler -que revoluciona el estudio de la historia no a base de fechas, nombres y hechos, sino por el valor total de las culturas-, colocó a la “cultura mejicana” entre las más destacadas de la historia universal, con “un sentido histórico extraordinariamente desarrollado” afirmando, además:

 

“Todos aquellos Estados, entre los cuales había una gran potencia y varias ligas políticas, cuya grandeza y recursos superaban con mucho los de los Estados grecorromanos de la época de Aníbal; aquellos pueblos con su política elevada, su hacienda en buen orden y su legislación altamente progresiva, con ideas administrativas y hábitos económicos que los ministros de Carlos V no hubieran comprendido jamás, con ricas Literaturas en varios idiomas, con una sociedad perespiritualizada y distinguida en las grandes ciudades, tal que el Occidente de entonces no hubiera podido igualar…

“La época primitiva de los Estados maya-“helénicos”- está testimoniada por los pilares en relieve, fechados, de las viejas ciudades de Copan…, Tikal… Chichen Itza… que… con sus edificios es durante siglos el modelo preferido… el florecimiento suntuoso de Palenque y Piedras Negras… Esto correspondería al gótico posterior y al Renacimiento (450-600), o en la cultura occidental 1250-1400.” “Hacia 960 es fundada Uxmal, que pronto llega a ser una urbe mundial de primer orden, como Alejandría y Bagdad… Hallamos además una serie de brillantes ciudades como Labna, Mayapan, Chacmultun… que señalan la cúspide de una grandiosa arquitectura…”

“En 1325 fundan Tenochtitlan…”, “La ciudad imperial… crece y se hace gigantesca, con una población internacional entre la cual no faltaba ninguno de los idiomas hablados en el Imperio…”

“La cultura occidental se encontraba entonces aproximadamente en el mismo periodo que los Maya habían ya franqueado en el año 700. Hasta la época de Federico el Grande [siglo XVIII] no se hubiera podido comprender en Europa la política de la Liga de Mayapan. La organización de los aztecas en 1500 es, para nosotros todavía un futuro remoto.”

 

Este panorama idílico de progreso admirable tanto en el aspecto material como en el intelectual y el espiritual en que se había desenvuelto nuestro conteniente durante quince mil años, al margen de los demás continentes que no tenían la menor idea de su existencia, estaba por llegar a su fin.

La semana próxima veremos cómo y a qué grado.

 

“Por la unidad en la diversidad”

Aguascalientes, México, América Latina

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Netzahualcóyotl Aguilera R. E.

Netzahualcóyotl Aguilera R. E.

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