Opinión

El rock no sólo se escucha, también se lee / El banquete de los pordioseros

Esta semana que está por terminar, creo que fue el pasado lunes, tuve la oportunidad de charlar brevemente en un programa de radio que se llama Espacios y que se transmite los lunes, miércoles y viernes a las 11:00 de la mañana por 92.7 Tu Estación de radio y Televisión de Aguascalientes con Juan Manuel Muñoz, buen amigo y colega de los medios de comunicación, tiene muchos años en esto de la radio cultural y fue uno de mis modelos a seguir junto con David García y Pepe Reynoso, ellos tres verdaderos iconos en esto de llevar el rock a las ondas hertzianas. Actualmente coincidimos en RyTA en donde él continúa con algunos espacios dedicados al rock, al blues y otros lenguajes. Además de su afición a la buena música, también comparte conmigo el gusto por la lectura y la escritura, de hecho, tiene algunos libros publicados y sobre este asunto de los libros versó el tema que compartimos en ese programa de radio, la idea era que nos hiciera una recomendación para leer y Juan nos proponía los cuatro volúmenes del repaso a la historia del rock en español Guaraches (así con g) de ante azul de Federico Arana, comentamos algunas cosas sobre otras publicaciones que se han ocupado del rock, tanto en México como en la escena internacional, recordamos algunos escritores y tendencias literarias de nuestro país, así que motivado por esta amena charla con Juan, que por cierto, acordamos continuarla la próxima semana en ese mismo programa de radio, me propongo ahora hacer un breve repaso, tan breve como el espacio me lo permita, de aquellos libros que en diferentes momentos han sido parte de mi acervo y que indiscutiblemente me han acercado al rock desde diferentes perspectivas.

Recuerdo que cuando era yo estudiante de la UAA, allá por los lejanos años 80, se organizó un ciclo de conferencias con sede en el Museo Aguascalientes que se llamó, Latín, caldera de idiomas, no estoy seguro si la iniciativa de este ciclo fue de la UAA o del ICA, o probablemente en una coproducción, no sé, lo cierto es que una de las conferencias fue de José Agustín, escritor mexicano perteneciente a esa tendencia que identificamos con el nombre de literatura de la onda y cuyos principales representantes son Gustavo Sáinz, renegado del género pero que aunque lo quiera negar, su novela Gazapo, publicada en 1965, nos encamina con paso firme y decidido a estas vertientes de la onda, digamos que es el inicio de toda esta escuela literaria. Otro de ellos es Parménides García Saldaña, su literatura la encontramos más declarada en este contexto, sus obras son descaradamente onderas, si se me permite el término, libros como El rey criollo, Pasto verde o En la ruta de la onda, son un dignísimo ejemplo de este informal género literario. Y por supuesto, el ya citado José Agustín, el único de estos tres que caminaron por las rutas de la onda que sigue vivo. Es el más fértil de todos los militantes onderos, su primer libro, llamado La tumba es de 1964, desde esta primera publicación, se hacen evidentes sus tendencias hacia este lenguaje que ha seguido cultivando a lo largo de toda su carrera como escritor, esto incluye, además de sus novelas y cuentos, su trabajo como ensayista y columnista en varias publicaciones de cobertura nacional como la desaparecida revista La mosca, especializada en rock además de sus colaboraciones en el suplemento Confabulario publicado en El Universal y La Jornada.

Por supuesto que no únicamente en los terrenos de la onda se han abordado temas relacionados con el rock, en lo personal disfruté mucho la lectura de un libro de Juan Villoro que se llama Tiempo Transcurrido, un conjunto de relatos presentados en un estricto orden cronológico y que inician desde el movimiento estudiantil de 1968 y transcurren año con año hasta terminar 1985, con el terremoto de la Ciudad de México, bueno, el primero de los dos que han inmortalizado la fecha del 19 de septiembre. Es decir, toma como referencia de principio y fin de sus cuentos estos dos lamentables eventos.

Víctor Roura es otro de los periodistas y escritores que han hecho del rock una deliciosa crónica. La primera vez que tuve contacto con sus letras fue en una publicación llamada Las Horas Extras, fue reportero del periódico Unosmásuno y fundador de La Jornada además de sus colaboraciones como productor y guionista en Radio Educación. El primer libro en forma que leí de él, y que por cierto, me dejó marcado, es Polvos de la Urbe al que en alguna ocasión le dediqué un banquete ya hace por lo menos un par de años. Es la historia de Diego Iturrigaray, uno de tantos músicos de la Ciudad de México que no encuentra el éxito, el fracaso es la constante en su vida y finalmente, como el buen Rockdrigo, muere en el terremoto del 19 de septiembre de 1985. Este libro de Roura está ubicado en el muy delgado límite de la literatura y el periodismo y es altamente recomendable.

Y sin ánimos de que lo que estás leyendo parezca un espacio de sugerencias, no quisiera terminar este Banquete sin recomendarte la lectura de El canto de la tribu de Jorge Velasco García, periodista y músico, en algún momento bajista de Real de Catorce, y que en este libro hace una muy interesante presentación de la verdadera música popular mexicana, no confundir con populachera, y claro, con su respectivo repaso al rock.


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Rodolfo Popoca Perches

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