Opinión

Factfulness / A lomo de palabra

Man, at least when educated, is a pessimist.

He believes it safer not to reflect on his achievements.

John Kenneth Galbraith, The Age of Uncertainty

 

Hace poco más de veinte años escribí el slogan de la campaña que el Inegi llevó a cabo con el propósito de difundir los resultados del Conteo de Población y Vivienda 1995: Ni absolutos ni relativos, personas. Recordé ésto leyendo Factfulness: Ten Reasons We’re Wrong about the World-And Why Things Are Better Than You Think, de Hans Rosling (Sceptre, 2018); al referirse a la evolución de la tasa de mortalidad infantil en diferentes países del mundo, el sueco escribió: “No son los números los que resultan interesantes, sino lo que los números nos dicen acerca de las vidas que hay atrás de ellos”.

Cuenta el doctor Rosling (1948-2017) que en octubre de 1995, justo después de terminar de impartir una clase, habría de iniciar la que llamó “mi lucha de por vida contra las ideas globales equivocadas” -y en efecto, el cáncer de páncreas lo agarraría dando esa pelea-… Durante aquella sesión se refirió a la tasa de mortalidad infantil -número de muertes de infantes menores de cinco años en un año dado por cada mil nacidos vivos ese mismo año, TMI en adelante- que aquel año reportaban Tanzania (171), Brasil (55), Arabia Saudita (35) y Malasia (14). Luego explicó que su obsesión con la TMI no se debía sólo a la preocupación por la niñez, sino que obedecía a que entendía dicho coeficiente como una especie de gran termómetro: “esta tasa toma la temperatura de toda una sociedad. Dado que los bebés son muy frágiles, muchas cosas pueden acabar con su vida. Si en Malasia sólo 14 de cada mil niños mueren, esto significa que los otros 986 sobreviven. Sus padres y su sociedad han logrado protegerlos de todos los peligros que podrían haberlos matado: gérmenes, hambre, violencia, etcétera. Entonces, este número 14 nos dice que la mayoría de las familias en Malasia tienen suficiente comida, que sus sistemas de alcantarillado no se filtran en el agua potable, que tienen un buen acceso a servicios primarios de salud, y que las madres saben leer y escribir”. Es decir, la tasa de mortalidad infantil no sólo se refiere a la salud de los pequeños, sino que “mide la calidad de toda la sociedad”. Desde esta perspectiva, el galeno siguió mostrando a sus alumnos las drásticas mejoras que en muy poco tiempo han alcanzado varias naciones: por ejemplo, en tan sólo 33 años Arabia Saudita había conseguido abatir la TMI de 242 a 35, mientras que Malasia había logrado pasar de 93 en 1960 a 14 en 1995. No menciona el caso de nuestro país, pero el avance aquí también ha sido sorprendente: en 1960 de cada millar de niños nacidos vivos, fallecían 151 antes de cumplir cinco años; en 1995 la TMI era ya de 35.5, y para 2016 pudimos disminuirla a 14.5. Hans Rosling narra que después de abordar datos en mano varios ejemplos, los estudiantes se pusieron a revisar todas las columnas, tratando de averiguar si su profesor había escogido países con comportamientos excepcionalmente buenos, tratando así de engañarlos. “No podían creer la imagen que los datos mostraban. Aquello se no parecía en lo absoluto a la imagen del mundo que tenían en la cabeza. ‘Para que lo sepan’, dije, ‘no encontrarán ningún país en el que haya aumentado la mortalidad infantil’. Porque el mundo en general está mejorando”.

La obra póstumo de Hans Rosling lleva por título un vocablo que resulta intraducible, Factfulness; sin embargo, el subtítulo explicita con toda claridad el empeño que impulsa al autor: Diez razones por las que estamos equivocados sobre el mundo y por qué las cosas están mejor de lo que se piensa. Al igual que hace Steven Pinker en su más reciente libro, Enlightenment Now (2018), el planteamiento de Factfulness es simple y contundente: las cosas están de maravilla y nos tocó vivir una época extraordinariamente buena, de tal forma que quienes no lo perciban así, pese a conformar la mayoría, están equivocados.

¿Qué nos viene a la mente cuando pensamos en el mundo? “Guerra, violencia, desastres naturales, desastres provocados por el hombre, corrupción. Las cosas están mal, y parece que están empeorando, ¿verdad? Los ricos se hacen más ricos y los pobres cada vez son más pobres… Pronto nos quedaremos sin recursos naturales a menos que hagamos algo drástico. Al menos esa es la imagen que la mayoría de los occidentales vemos en los medios y llevamos en la cabeza. Yo la llamo la visión del mundo sobre-dramatizada, algo que resulta estresante y engañoso”. Como buen médico, Rosling no sólo diagnostica, también prescribe el remedio: información. “Datos como nunca antes usted los había entendido: datos como terapia. La comprensión como fuente de tranquilidad mental, porque el mundo no está tan mal como parece”.

Pinker y Rosling tienen razón, indiscutiblemente. Hay coeficientes, indicadores, tasas, promedios…, datos y datos de sobra para arrasar a cualquiera que niegue que, en general, la vida es mucho mejor que antes.  Ambos libros son certeros y están bien documentados. Con todo, conviene señalar un riesgo. Los dos ensayos contienen información y afirmaciones que, empleadas de mala manera, pueden emplearse para atajar cualquier pensamiento crítico e incluso cualquier postura progresista…

–La dinámica del sistema no puede seguir siendo la misma, cuando el 1% de la población más rica del mundo concentra ya más riqueza que el 99% restante. ¡Algo tiene que pasar, caray!

–¿Sabes qué? No te quejes, que en la Edad Media ya estarías muerto.

 

@gcastroibarra

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Germán Castro

Germán Castro

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