Opinión

Justo homenaje / Debate electoral

El derecho, la política y la historia muchas veces convergen y este espacio ha procurado dar cuenta de ello, no sólo porque la electoral es una rama de la ciencia jurídica, sino además porque la democracia, elemento común para las tres disciplinas, amén de quedar plasmada en textos jurídicos, se vive cotidianamente a través de valores. Y ese es, en muchas ocasiones, el objetivo de esta sinergia, la consolidación de las instituciones a través del estudio jurídico y su renovación a partir de los derechos y libertades que poseemos, sin desatender nuestro pasado que, como contexto, nos permite visualizar lo que generaciones anteriores vivieron, y así retomar desde la memoria la sana regulación de las relaciones interpersonales, ya entre particulares, ya desde la administración pública, que requerimos como sociedad.

Bajo esa perspectiva, debemos reconocer que en el pasado se presentaron múltiples episodios que se han recogido en obras, escritas preponderantemente, para la posteridad. Muchas de ellas no alcanzaron la consagración en los libros porque no fue suficiente el acto, por sí mismo, para trascender históricamente. Y de los que han llegado hasta nuestros días, contamos solamente con la versión de uno de los espectadores, y en poquísimos pero afortunados casos con dos o más, e incluso, con la de uno de los protagonistas.

No por ello se le debe dar más o menos valor a los episodios que ocurrieron y que nos definen, sobre todo en la historia local. Será labor de los investigadores la de ejercer su profesión para allegarse (y a la vez brindarnos) de mayor y mejor información, para seguir cotidianamente reconstruyendo nuestro destino a partir de la mejor identificación de nuestro origen y la evolución de quienes habitamos el terruño.

Al escribir en este espacio un tema de educación cívica que corresponde en parte a la historia, a la política y al derecho, no quiero caer en lugares comunes afirmando desde “todo tiempo pasado fue mejor”, pasando por el consabido “la historia la escriben los vencedores”, para llegar a concluir que “quien no conoce su historia, está condenado a repetirla”, y si bien este no es el lugar ni el momento para la divulgación de una rigurosa investigación histórica, si considero propia la oportunidad de no dejar pasar el homenaje realizado por el Congreso del Estado al inscribir en letras de oro el nombre de quien es reconocido como el primer gobernador de la entidad, Pedro García Rojas, en el recinto donde sesiona la soberanía estatal.

Apelando a lo escrito en párrafos precedentes, durante mucho tiempo, las fuentes históricas se basaron en leyendas. La que involucra a nuestro protagonista, su esposa, y el entonces presidente de la nación refiere que, tras una intervención armada al vecino estado de Zacatecas, del que el territorio del estado de Aguascalientes formaba parte, el presidente triunfante, en su regreso a la capital del país, pasó por aquí y se le hizo una fastuosa recepción.

Ya sea por estrategia, al debilitar al entonces (muy) poderoso estado de Zacatecas; por política, para corresponder a tan rimbombante fiesta; por compromiso, a petición expresa de sus anfitriones; por la fantasiosa leyenda que ha llegado hasta nuestros días; o (quién sabe) hasta por el júbilo de una bebida espirituosa, Agustín R. González en su historia señala que “Santa-Anna, omnipotente entonces, interpretó el sentimiento general, y en un brindis por él pronunciado, dijo que Aguascalientes no pertenecería ya a Zacatecas” publicando con posterioridad el decreto emancipador.

El maestro Jesús Gómez Serrano, en su magnífica obra “Aguascalientes en la historia”, relata con verdadero rigor histórico, y poniendo en debido contexto, una sucesión de hechos donde García Rojas, jefe político de la entonces ya elevada a categoría de ciudad, aparece como uno de los protagonistas del procedimiento que culminó con la independencia a la sujeción que existía de la entidad zacatecana.

Plausible es el homenaje realizado por la legislatura a quien tuvo como mérito no solamente pasar a la historia como uno de los artífices de esa emancipación, y el primer gobernador de la entidad, sino como un defensor en los primeros, y difíciles años, de los ataques que se recibieron tras la autonomía. Pedro García Rojas, como muchos de sus coetáneos, creían firmemente que esa independencia política traería beneficios a esta tierra, que ya desde entonces se perfilaba como próspera, en busca de su propia identidad.

Que el evento simbólico nos permita recordar por siempre ese nombre, y al mismo tiempo sirva como justo homenaje a todos quienes, desde entonces y hasta ahora, tratan cotidianamente con sus obras de legar un mejor lugar para vivir.

 

/LanderosIEE | @LanderosIEE


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Luis Fernando Landeros

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