Opinión

La casa de las flores / Cinefilia con derecho

Guiado por los memes y la euforia de las redes, decidí ver La casa de la Flores, después de chutarme casi al hilo sus capítulos, hay que reconocer que es un producto divertido, comparto seis impresiones personales.

  1. La caja idiota no era tan idiota: durante años la gran enemiga fue la televisión, decenas de años se achacó a Televisa (y después a TV Azteca) que su función era exclusivamente  idiotizar al pueblo (diría Gil Gamés, muletilla pagada por los chairos). Lo cierto es que las series exitosas que comenzaron por los canales de paga y que ahora se reproducen y producen en las plataformas de streaming como Netflix (Luis Miguel la serie, v. gr.) han demostrado que la diversión audiovisual, no es exclusiva de la gran masa inculta (sic) en realidad se trata de la nueva forma de divertimento masivo que trasciende a todas las clases sociales.
  2. Los mexicanos amamos las telenovelas: nos encantan, a todos, aunque digan lo contrario, esta serie de Manolo Caro lo es, su sarcasmo o humor negro tiende a recordar a los culebrones televisivos mexicanos, varias escenas son claramente producidas siguiendo las pautas de la telenovela, algunas frases, ciertas poses, hacen un homenaje a clásicos del siglo pasado, Cuna de Lobos, Rosa Salvaje o la trilogía mariana interpretada por Thalía, incluso me atrevería a decir (no recuerdo bien en que parte) se hace una recreación de la escena de la maldita lisiada. Algo debería de aprender Televisa del éxito de las series mexicanas en Netflix: básicamente usa los mismos elementos de la televisora, con una diferencia: los guionistas, un conjunto de jóvenes y modernos escritores, Monika Revilla, Mara Vargas, Gabriel Nuncio y Manolo Caro.
  3. Nos encanta el drama de las familias ricas: la familia protagonista es un ejemplo de la moral, hasta que descubrimos sus oscuros secretos, gozamos con sus desgracias, porque la vemos pudiente y existe ese mito tan nacional de que los ricos sufren, cual canción popular mexicana: podrás tener todo el dinero, pero nunca la felicidad, porque el pobre es más honesto y honrado, luego, feliz sin lo material.
  4. Nuestra doble moral: hay  una crítica a todo lo conservador, por eso predomina el tema LGBT, hijos nacidos fuera de matrimonio, relaciones abiertas o la dama ejemplo de la decencia, que termina enredada con un buenísimo estríper. No obstante, en el fondo la sociedad mexicana asume esa máscara hipócrita de lo correcto, basta ver cómo las buenas conciencias rechazan en redes el aborto, porque si andan de “calenturientas” o “abriendo las piernas” tienen que asumir sus consecuencias.  
  5. La mariguana en México: descubrimos lo que ya sabemos, esta droga ha sido parte de lo mexicano históricamente, ya para remedio (el de reumas es clásico) ya de relajación (Verónica Castro con una cajita muy elegante llena de esta yerba) o para el cansancio (la cucaracha necesita una fumadita para seguir en la refriega de la revolución) ¿Y todavía seguimos pensándolo para legalizarla?
  6. El derecho: las leyes forman parte de la trama, cuando vi las diversas escenas pensé que retratarían los juicios siguiendo el patrón norteamericano, sin embargo, la realidad es que hay un cuidadoso uso del lenguaje jurídico que respeta las formas y vocabulario del nuevo sistema jurídico penal, es interesante y sorprende el alegato de María José sobre las medidas cautelares que se le impusieron a Ernesto de la Mora, defendiendo que un hombre de familia, con hijos, no amerita estar en la cárcel pues es poco probable que se evada a la justicia. Esta escena que pudiera ser hilarante, es solemnizada con un juez que escucha respetuosamente al abogado travesti (Paco León es maravilloso, desde su hilarante personaje de Luisma, el idiota yonki de Aída, me ha parecido que es un brillante actor).

En suma, estamos frente a un producto que reúne elementos que permiten hacerlo plenamente disfrutable: una actriz de larga carrera y en vías de retiro (Verónica Castro) jóvenes exitosos del momento como Aislinn Derbez (a quien se agradece limite sus tradicionales ademanes) o Cecilia Suárez y una serie de enredos que nos mantendrán atrapados durante sus 13 capítulos.

 

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Rubén Díaz López

Rubén Díaz López

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