Javier Marín da pasos ligeros por las salas del museo,  camina, observa, escucha, describe brevemente la técnica, pero guarda silencio para que la obra hable a aquellos que lo acompañan. Como en casa, Javier se despliega en el museo. Va entre los suyos, esos gigantes que nacen de lo divino y lo mundano. Va entre sus 56 recuerdos: fragmentos de los cuerpos que fuimos (o somos y él fue) en la cotidianidad, en la lucha y el enfrentamiento a diario con los otros.

 

Javier Marín es un poeta de la escultura, el lenguaje y la tangibilidad. A partir de lo divino y lo terreno, modela directo y dibuja a través del volumen para que el trazo de la línea sea una extensión de sus pensamientos y su intuición. En La condición humana, la filósofa Hannah Arendt escribe que “la poesía, cuyo material es el lenguaje, quizás es la más humana y menos mundana de las artes, en la que el producto final queda muy próximo al pensamiento que lo inspiró. El carácter duradero de un poema se produce mediante la condensación, como si el lenguaje hablando en su máxima densidad y concentración fuera poético en sí mismo”*. Así es la obra de Marín, no hay bocetos intermedios entre el pensamiento y la obra. Los materiales son palabras, un lenguaje que se despliega  y adquiere forma a través de una sintaxis de imágenes que nacen cuando él decide qué materiales utilizar:

 

Es una decisión pensada. Yo tengo mucho trabajo elaborado en mi cabeza alrededor de los materiales, y  un material me plantea el uso de otro. La resina por su calidad física de material limpio, perfecto y de uso industrial me obligaba, me necesitaba. Sin embargo, a mí me faltaba la parte accidental, la parte sucia -por decirlo de una manera- y eso me llevó a mezclarla con materiales orgánicos, para provocar accidentes e incluir eso inesperado en el trabajo estructurado y tomara un lugar importante en él y se notara.

 

Irlanda Godina (IG): ¿Cómo despliegas tu lenguaje en los diferentes medios, en la pintura, en la escultura?, ¿cómo se transforma Javier Marín cuando decide qué técnica o medio trabajar?

 

Javier Marín (JM): Sabes que soy muy físico para trabajar, a mí me encanta y, es obvio, me dedico en gran parte a la escultura por esto. Me gusta la parte sensorial, táctil, la del trabajo físico. Eso tiene que ver con que de repente me mueva en diferentes técnicas, en diferentes medios, me gusta porque experimento muchísimo al conocer los diferentes procesos. Gran parte de mi trabajo tiene que ver con esto. Primero que haya un trabajo tan claro de experimentación de materiales y, después, incluir en mi trabajo la parte humana del proceso. Me gusta. Soy muy físico y me gusta muchísimo.

 

Javier Marín no trabaja sus esculturas desde algún dibujo previo, él va directo al material, al moldeado con sus manos: no hay puentes, parte de la sensibilidad a la materialidad. Todo es una decisión pensada que entra en acción desde el primer contacto con la materia, donde nace la obra de arte. Ya Arendt lo había dicho: “la fuente inmediata de la obra de arte es la capacidad humana de pensar”.*

 

Sin embargo, en las obras de Javier Marín no se percibe sólo un intelecto o  un proceso mental en estado puro, en su trabajo “el pensamiento está relacionado con el sentimiento y transforma su mudo e inarticulado desaliento, como el cambio transforma la desnuda avidez del deseo y el uso cambia el desesperado anhelo de cosas necesarias, hasta que todos ellos son aptos para entrar en el mundo y transformarse en cosas”*.

 

IG: Tus obras son muy vivas y creo que reflejan siempre una historia detrás de una pieza desde el proceso técnico y la expresividad. En ese sentido, tu trabajo, cuando llega al otro, al espectador, ¿piensas en que transmita algo o consideras que, a partir de la pieza que ve, algo le mueva?

 

JM: Yo creo que sí, totalmente. Es un diálogo, una forma de comunicación. Hay una reflexión que me encanta: “el trabajo del arte no es responder preguntas sino hacer preguntas”. Yo creo que eso es muy justo. Toda forma de arte cuestiona y, en el momento que lo hace, te obliga a buscar una respuesta, entonces estás generando un diálogo. Ninguna forma de arte está completa si no hay quien la vea. El trabajo del artista es lanzar la bola, pero tiene haber alguien que la reciba; generar preguntas y, responderlas o no, ya es decisión de cada quien. La pregunta está hecha: la duda, sembrada.

 

IG: Tu obra es una obra muy contemporánea…

 

JM: Espero que sí.

 

IG: Y sigues trabajando diferentes materiales a diferencia de otros artistas o incluso el arte conceptual, por ejemplo.

 

JM: Contemporáneo es todo. Yo creo que parte de la contemporaneidad es este espectro gigantesco de manifestaciones artísticas, donde cabe el discurso puramente conceptual, la obra formal e incluso la académica. Cabe todo. Tú te encuentras artistas muy exitosos que hacen escultura hecha y derecha fundida en bronce, hacen escultura monumental o hacen escultura hiperreal con todas las de la ley, con un estudio de academia, pero también ves artistas que se van al extremo y tienen sólo ligado el objeto artístico y acuden más a un discurso conceptual. Todo se vale. Yo creo que es un ingrediente de la contemporaneidad.

 

IG: Pensando en las corrientes artísticas, el arte conceptual, tú… ¿prefieres que esté ese discurso propiamente en la obra?

 

JM: No me lo planteo de una manera o de otra, simplemente está ahí mi trabajo y me encanta que además de la parte formal, exista detrás una teoría, un concepto, una idea. Me gusta muchísimo. Pienso que no es exclusivo de mi trabajo, quizá lo dejo ver, pero creo que todo trabajo artístico tiene un concepto detrás. También la idea de arte conceptual. Finalmente todo el arte es conceptual, uno más formal que otro, a lo mejor, o más físico que otro, pero conceptual siempre.

 

Contrario a la vida romántica del artista que sufre, o que tiene que llegar a extremos y excesos para poder crear, Javier Marín no vive en la bohemia sino en el trabajo. Esta característica es lo que le  da los trazos:  sube, baja, carga y trabaja con las manos. Tiene una disciplina diaria y su constancia le permite seguir creando. Su trabajo escultórico requiere mayores esfuerzos, de una conciencia de su cuerpo, desde donde despliega la fuerza y el instinto para dejar a un lado el intelecto.

 

La escultura implica mucho más trabajo, más trabajo físico, de logística, de todo. Montar una exposición de escultura es muy complicado y llevar una exposición de escultura a otro país es además costoso porque se necesita un equipo especializado. Hay cosas pesadas, son contenedores completos, no es lo mismo que los cuadros que son planos para poner en muros, la obra bidimensional es mucho más fácil de manipular y por eso no hay muchos escultores. Muchas veces me he preguntado, a veces cuando estoy en medio del agobio, por qué no me dedico más a hacer obra bidimensional, o conceptual, me llevo mi rollito o lo mando por correo electrónico y pongo mi discurso ahí. La escultura es más compleja.

 

Javier Marín es además un alquimista del pensamiento que “mediante el primordial instrumento de las manos humanas, construye las otras cosas duraderas del artificio humano” *, es un homo faber en toda su capacidad, diría Hannah Arendt. Para ella “el animal laborans necesita la ayuda de homo faber para facilitar su labor y aliviar su esfuerzo, y si los mortales necesitan su ayuda para erigir un hogar en la Tierra, los hombres que actúan y hablan necesitan ayuda del homo faber” *. Marín nos revela, a través de la tangibilidad de la materia, aquello que olvidamos. Va recordándonos eso que no vemos y nos clarifica lo más duradero de todas las cosas y aquello que verdaderamente nutre la existencia.

 

IG: En ti pesa más lo emotivo. Desde mi percepción tu obra es muy emotiva…

 

JM: Yo creo que la emotiva eres tú, yo sólo lo pongo ahí, detono algo, pero realmente la parte emotiva la pones tú. Habrá a quien le parezca emotiva o teórica.

 

Concluimos la entrevista. Él revisa su teléfono mientras espera le informen en qué momento deberá iniciar la visita guiada a los mediadores del Museo Espacio. Durante el recorrido es amable, como lo ha sido toda la mañana. Yo voy detrás de él. Y, aun cuando sus piernas se detienen, él continúa en movimiento: sus manos aparecen como pequeños aleteos que se extienden para señalar, explicar, expandir cada frase de su cuerpo.

En diversos momentos se detiene para preguntar si alguien tiene una inquietud en particular. Concluye su intervención e invita a los guías a generar diálogos con los visitantes a partir de la obra, en donde los asistentes generen sus propias preguntas y busquen también en ellos sus respuestas.  Al final del recorrido, Marín apresura su paso para tener tiempo y poder tomarse un café. Dos entrevistas con medios impresos lo esperan. Mientras tanto su equipo y el personal del museo continúan dando los últimos detalles a la museografía.

Javier Marín es un rock star, pero él no lo sabe, o al menos parece que nunca se lo propuso y, sin embargo, en la inauguración de Claroscuro es ovacionado al mencionarse su nombre. Al final del recorrido la gente se acerca a tomarse fotografías con él. Más de dos mil quinientas personas asistieron a la inauguración. Y entonces pienso que sí es un rock star, y un clay starresin starbronze starwood star. Es la estrella de los materiales, de la materialidad y la corporalidad humana que se transforma en poesía.

 

Claroscuro de Javier Marín está en el Museo Espacio. Asista.

 

* Hannah Arendt. (2016). La condición humana. México: Paidós.

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Irlanda Godina

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