Opinión

La renegociación del TLCAN: la perspectiva canadiense / Taktika

La Oficina Oval, Washington, D.C. 27 de agosto de 2018. Mirando al público en derredor suyo, el cual está compuesto por la prensa y funcionarios estadounidenses y mexicanos, el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, comenta: “Hola a todos. Es un gran día para el comercio, un gran día para el país”. El díscolo neoyorquino prosigue: “Esto tiene que ver -solían llamarlo TLCAN. Lo vamos a llamar el Acuerdo de Libre Comercio Estados Unidos-México”.

Trump dice: “Y yo creo que el presidente está al teléfono. ¿Enrique?”. Tras el intercambio de saludos y congratulaciones por el acuerdo alcanzado, el mandatario Enrique Peña Nieto agrega: “Es nuestro deseo, señor presidente, que ahora Canadá también será capaz de incorporarse a todo esto”.

La escena arriba mencionada sirve de prólogo al siguiente artículo, el cual pretende explicar la génesis del diferendo entre Canadá y los Estados Unidos y cuál es la perspectiva canadiense con respecto al acuerdo alcanzado entre la Unión Americana y México.

La relación entre el primer ministro del Canadá, Justin Trudeau, y el presidente de la Unión Americana, Donald Trump, es mala. ¿Por qué? Ideológicamente, ambos se encuentran en las antípodas: Trudeau es un liberal feminista y pro-abortista; Trump es un misógino, homófobo y racista. Asimismo, Trudeau desarrolló una buena química con el antecesor del neoyorquino: Barack Obama.

Asimismo, el mensaje nacionalista, nativista y populista del entonces candidato Donald Trump fueron arpones orales para los canadienses, quienes se han beneficiado tanto del Tratado de Libre Comercio Canadá-EUA, como del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN).

Tras el triunfo electoral de Donald Trump, los canadienses se vieron forzados “a tragar camote”. Es decir: aceptar la renegociación del TLCAN. En agosto de 2017, al comenzar la renegociación, la ministra de Asuntos Exteriores, Chrystia Freeland, fue muy clara: “Canadá no ve los superávits o los déficits comerciales como la medida prioritaria de si una relación comercial funciona”.

Freeland fue clara frente al representante comercial estadounidense, Robert Lighthizer: “Los sólidos fundamentos económicos son un argumento convincente para reforzar lo que funciona y mejorar lo que se puede mejorar”. La funcionaria canadiense, corta de estatura, pero larga de miras, fue lapidaria: “No concebimos el comercio como un juego de suma cero”.

Canadá se integró a las negociaciones, pero marcó cuál era su puja: fortalecer las normas de origen; actualizar el dispositivo para permitir la intervención gubernamental por cuestiones laborales o medioambientales; y, en coincidencia con los sectores progresistas de México, mantener la soberanía sobre el gas y petróleo canadienses.

El jueves 31 de mayo de 2018, el secretario de Comercio, Wilbur Ross, anunció que, a partir del 1 de junio, los Estados Unidos aplicarían un arancel del 25 por ciento a las importaciones de acero y un gravamen del 10 por ciento a las importaciones de aluminio provenientes de Canadá, México y la Unión Europea.

De esta manera, Trump emponzoñó la relación con Trudeau. La 44 Cumbre del Grupo de los 7 inició con los dardos verbales de Trump, pues llamó “deshonesto” a Trudeau, quien respondió con más aranceles a los productos estadounidenses. Ante este desafío, Trump soltó a sus canes mediáticos: el asesor económico, Larry Kudlow, dijo que Trudeau los había “apuñalado por la espalda. Fue una traición”. Luego, el consejero comercial, Peter Navarro, comentó que: “Existe un lugar en el infierno para aquellos líderes internacionales que intenten practicar diplomacia de mala fe con el dirigente estadounidense”.

La crisis diplomática entre EUA y Canadá motivó que, tras conocerse el resultado de la elección presidencial en México, Trudeau envió, el 26 de julio de 2018, a Freeland a México con el siguiente mensaje: Canadá y México deben negociar con los Estados Unidos de manera trilateral, pues hacerlo por la vía bilateral, tal y como propone Trump, sería suicida.

Sin embargo, Peña Nieto, asesorado pésimamente por el secretario de Relaciones Exteriores, Luis Videgaray Caso -cuyo verdadero jefe es el yerno de Trump, Jared Kushner- decidió negociar por la vía bilateral con los estadounidenses. Respecto a Canadá, la nación de la hoja de arce aceptaría o rechazaría lo acordado por Washington y Ciudad de México.

Esto nos lleva a preguntar: ¿por qué Trump y Peña organizaron una charada? Primero, Trump necesita mostrar a su base republicana que su discurso anti-TLCAN es cierto. Segundo, Peña quiere firmar el acuerdo antes del 30 de noviembre de 2018.

Por ello, Canadá sabe que EUA y México no pueden firmar un acuerdo bilateral, como lo mencionó el secretario de Economía, Ildefonso Guajardo. Esto es falso. El Congreso, a través de la Trade Promotion Authority, le permite negociar al presidente de los EUA sin la interferencia del Congreso. Los congresistas puedan votar sí o no, pero no pueden modificar el contenido del tratado.

Trump envió en julio de 2017 una declaración de objetivos, la cual incluía renegociar el TLCAN. Por ello, El Congreso de los EUA jamás ratificaría un acuerdo bilateral. De acuerdo, al Artículo I, Sección 8 de la Constitución estadounidense, sólo el Congreso tiene la facultad de “regular el comercio con naciones extranjeras”.

Lo cual nos lleva a preguntar: Qué hará Canadá: Ottawa tiene que evaluar si el acuerdo bilateral le conviene. Asimismo, Canadá tiene que defender a su sector agropecuario. En particular a su industria láctea. Finalmente, el escribano concluye: la pelota está en la cancha de Canadá y los canadienses tienen en sus manos el futuro del TLCAN, lo cual implica afectar los cálculos políticos en Washington y Ciudad de México.

Aide-Mémoire.- Ante la amenaza estadounidense de atacar nuevamente a Siria, Rusia ha desplegado a una cantidad considerable de buques de guerra en las aguas del Mediterráneo Oriental.

 

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Soren de Velasco Galván

Soren de Velasco Galván

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