Opinión

Los costos de la vivienda social en la periferia / Agenda urbana

En las últimas décadas en América Latina y quizás en mayor medida en México, la política de vivienda de interés social ha acelerado la construcción millones de unidades en localizaciones periféricas distantes de los centros de empleo y servicios que generalmente se encuentran en zonas más céntricas. Es cierto que este modelo ha facilitado el acceso a una vivienda para gran parte de la población de menores ingresos, pero lo ha hecho a costa de elevados costos sociales. Un estudio reciente del Banco Interamericano de Desarrollo (2017) analiza la carga que implica para los hogares la ubicación de su vivienda; específicamente examina cómo la localización periférica de distintos conjuntos habitacionales de interés social en Goiâna, Barranquilla y Puebla, en Brasil, Colombia y México, respectivamente, afecta a los hogares de menores ingresos que viven ahí. Veamos.

El estudio analiza el impacto de la localización en el valor de la vivienda, en los gastos de transporte y en las interacciones sociales, a través de encuestas realizadas a 150 hogares seleccionados de manera aleatoria en las tres ciudades. El total de los encuestados viven en unidades de vivienda con características similares; sin embargo, el 50 por ciento habita en un radio de cinco kilómetros del centro de la ciudad, mientras la otra mitad se encuentra entre 10 y 15 kilómetros del mismo. ¿Qué dicen los resultados de este estudio? En primer lugar, demuestra que las viviendas en la periferia presentan valores de compra casi 40 por ciento menores que aquellas viviendas más céntricas y valores de renta 50 por ciento más bajos. Incluso sugiere que mientras las viviendas céntricamente ubicadas registraron alguna subida de precio durante un periodo de 12 meses, el precio de las unidades en la periferia permaneció igual o disminuyó, pues la ubicación es uno de los principales factores que influyen en los mercados de vivienda de interés social, de manera que entre mayor sea la distancia a los empleos y a los servicios el valor de la unidad tiende a disminuir.

En segundo lugar, el estudio indica que los hogares que habitan en la periferia gastan casi el doble de dinero y casi tres veces más tiempo en sus traslados diarios a su lugar de trabajo en comparación con hogares más céntricos. Una persona en la periferia destina en promedio entre 50 y 70 minutos para acceder a su lugar de empleo, con lo cual, considerando traslados de ida y vuelta, puede destinar entre dos y tres horas diarias en trasladarse. Similarmente, según el estudio las personas que viven en la periferia destinan entre dos y tres veces más tiempo para acceder a una tienda o un comercio que las personas que viven en zonas más céntricas, pues éstas últimas generalmente cuentan con una mayor oferta de comercios al interior de la ciudad.

Más aún, el gasto en transporte suele ser mayor para los hogares que viven en la periferia, no sólo por mayores distancias sino también porque la ausencia de sistemas de transporte público integrados, confiables y eficientes obliga a los usuarios a transferir de ruta o autobús en múltiples ocasiones, lo que implica pagar tarifas adicionales. Por ejemplo, el estudio sugiere que en Puebla el gasto mensual en transporte de un hogar ubicado en la periferia representa 34 por ciento del total de su gasto mensual, mientras que un hogar en una zona más céntrica suele destinar alrededor de 16 por ciento de su gasto total. En este sentido, la movilidad y la accesibilidad limitadas de quienes viven en una vivienda de interés social localizada en la periferia suele ser uno de los principales costos sociales de ese modelo de desarrollo habitacional.

En tercer lugar, el debilitamiento de los lazos familiares es un costo adicional que resulta de la localización periférica de las viviendas de interés social. El estudio indica que el número de hogares que que viven en una vivienda en la periferia que mantenían contacto frecuente con familiares era mucho menor al de los hogares en zonas más céntricas: casi 75 por ciento de los hogares que residen más cerca al centro visitan a sus familiares más de una vez al mes, mientras sólo alrededor de un tercio de los hogares de la periferia lo hace con la misma frecuencia. Quienes participaron en la encuesta señalaron que mayores distancias a sus familias y la ineficiencia del transporte público fueron los principales motivos por los cuales su interacción familiar se redujo, lo cual además, como claramente explica una persona encuestada, puede elevar los gastos de un hogar: “Nosotros solíamos vivir con mi mamá, y a una cuadra de mi madrina. Ellas me ayudaban a cuidar a mi bebé cuando él nació, y también después cuando regresé a trabajar. Ahora tenemos nuestra propia casa. Eso es bueno, pero tengo que pagarle a una vecina para que cuide a mi hijo, y visitar a mi mamá es mucho más complicado”.

En conclusión: la política de vivienda de interés social en México y América Latina debería transitar de la idea de la vivienda como objeto arquitectónico o fin material a una visión más amplia e integral, en la que más allá de esa noción, la vivienda se entienda como un medio para acceder a una mejor calidad de vida.

 

[email protected]  | @fgranadosfranco

 

Referencias:

Libertun de Duren, Nora (2018). La carga de la vivienda social: comparación entre hogares de la periferia y del centro en ciudades de Brasil, Colombia y México. Banco Interamericano de Desarrollo.

 


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Fernando Granados

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