Opinión

Los tropiezos antes de empezar / De imágenes y textos

El martes de la semana pasada una de mis sobrinas me pidió apoyo para llevar a cabo una diligencia un tanto arriesgada, ponía en peligro dos vidas, incluyendo la de ella, no la mía, pero sí la de alguien más. Segura de sí misma, desde los diez años es así, me trataba de convencer que la idea era buena, la mejor opción, sin embargo, no se percataba del riego y del tropiezo que iba a dar antes de empezar algo nuevo. El sábado viajé a la Ciudad de México y eso se convertía en la coartada perfecta para mi sobrina, en casa difícilmente pondrían objeción; la decisión de parar todo con tal de evitar el primer gran tropiezo en la vida de los seres queridos es una regla básica que se debe acatar al pie de la letra y así fue, el pasado viernes me senté con la mamá de mi sobrina y hablamos de la vida, de los momentos importantes, esos que nos marcan y definen el rumbo para siempre; cómo alinear las metas para que las nuevas generaciones tengan bases sólidas que les permitan salir adelante ante cualquier situación por difícil que les parezca. No hubo coartada para el viaje clandestino como clandestina iba a ser la idea que mi sobrina traía en mente, ese viernes por la noche después del levantamiento de imagen para un video me di cuenta que hice algo que nunca antes había hecho, salvé dos vidas, me sentí satisfecho, supongo que los médicos, bomberos, rescatistas, entre otros deben percibir esa sensación, así que el viaje del sábado estaba lleno de luz y buena vibra, con mi sobrina en su casa, con sus papás y hermanos al pendiente de ella, mientras nosotros disfrutábamos de un verdadero reencuentro con entrañables amigas y amigos de los tiempos del rock en tu idioma, la reunión de los hijos del rock & roll.

Bueno y usted dirá, estimado lector, a mí qué; simplemente es hacer conciencia que la vida está llena de oportunidades y que los amigos son tan necesarios como la familia o el primer círculo nuclear de esta. Mientras yo andaba en esas, alguien más daba su primer gran tropiezo antes de empezar con su administración, el viernes Andrés Manuel anunciaba que Manuel Bartlett Díaz dirigirá la Comisión Federal de Electricidad CFE, el mismo personaje a quien se le adjudica la caída del sistema del conteo en las elecciones presidenciales de 1988 cuando Carlos Salinas salió avante en una contienda por demás opaca, dejando en la lona a Cuauhtémoc Cárdenas.

Secretario de Gobernación en ese entonces, don Manuel, el ejemplo vivo del mote que los priistas se ganaron a pulso a lo largo de los años, un dinosaurio con el colmillo afilado y retorcido que se las sabe de todas en las estrategias orquestadas que hicieron crecer la corrupción es este país, prepotente, sin tacto para enfrentar a los medios y mucho menos a la ciudadanía, como irá ser con los trabajadores de esa paraestatal, cortado con el molde del político arrogante no merecedor del piso por el que camina este personaje no es capaz de fijar su postura cuando se le cuestiona sobre el fraude electoral más sonado en la historia de esta nación. Dice él que los verdaderos culpables fueron Carlos Salinas, Diego Fernández y Felipe Calderón, el génesis del PRI-AN, ¿usted le cree?, yo no; el anuncio anticipado del triunfo del entonces candidato del PRI y después la quema de boletas para eliminar toda evidencia del suceso ilícito no podía recaer más que en el secretario de Gobernación, en ese entonces el responsable de organizar los comicios. “en esa elección se asociaron el PAN y el PRI y desde entonces con Salinas de Gortari, el PAN y el PRI gobernaron juntos porque les convenía a los dos. El PRI cambió de ideología, se hizo neoliberal, se pusieron de acuerdo Salinas y los panistas para defender esa elección y el que anunció la quema de los paquetes electorales fue Fernández de Cevallos en el Congreso, era diputado y él en la Tribuna dijo que era necesario quemar los paquetes para beneficiar a Salinas. Por ese trío de falsarios quieren tener un chivo expiatorio”. Sí claro, este nefasto personaje de la política nacional cree que somos un pueblo ignorante, de ahí la visión que por lo menos yo me construyo de Manuel Bartlett Díaz, el clásico funcionario de la vieja guardia que demanda pleitesía; recuerda lo que hace poco le comentaba de los viejos perfiles de los políticos latinoamericanos que describe excelente y puntualmente el maestro Jorge Ibargüengoitia, algo así, este hombre de 82 años, el león de la novela, el caudillo de una revolución más mítica que verdadera, el dueño de la verdad absoluta en materia de manejos de la administración pública, del fraude y la corrupción, el que fue premiado con la Secretaría de Educación Pública durante cuatro años después del trabajito que se aventó; es más que obvio que la sociedad en general estemos más que sorprendidos y desilusionados con la decisión del presidente electo de convidarle a Manuel de las responsabilidades de la nueva administración. Mire que no soy simpatizante de los integrantes del Ejército Zapatista de Liberación Nacional pero bien dijeron el 6 de julio, “con López Obrador no habrá un cambio, pero sí desilusión”, le llaman “capataz futuro” y no confían en él, “al menos la ilusión actual alivia esa historia de fracasos…a la que luego se le sumará la desilusión prevista”.

Gael García Bernal, a quien por cierto el León confundió gracias a un comentarista con Diego Luna y dijo no identificar “será Diego en la Luna”, los criticó por manifestar su desacuerdo con la decisión de Andrés Manuel al nombrarlo director de la CFE, “soy el que más experiencia tiene para esto”, hasta la misma Tatiana Clouthier afirmó que había mejores opciones para el puesto.

Una persona involucrada en un hecho como aquel del 88 en los niveles que sean, la cabeza o la cola, el autor intelectual o el operador, cualquiera de ellos, no merece ostentar nuevamente un cargo con una responsabilidad tan grande y mucho menos con el grado de cinismos que tiene el flamante director de la Comisión Federal de Electricidad.

 

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Eric Azócar

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