Opinión

Política, esa compleja esfera / Opciones y decisiones

¿Para dónde voltear, hacia dónde mirar, cuando de políticas públicas se trata? Cabe la pregunta en un entorno social cuyo espacio está invadido por el binomio omnipresente: expectativas de desarrollo-planes de gobierno, promovido por los equipos de la administración federal que viene, por el mismo Presidente Electo, Andrés Manuel López Obrador, y la caja de resonancia de los medios de comunicación masiva.

Es un tema que se impone a la opinión pública, pero a manera de un gran supuesto: todo mundo puede entender qué es y cómo se construye una política pública. A lo que tendríamos que responder, con apoyo en la realidad, que no hay tal; que no necesariamente todo ciudadano y ciudadana conocen de manera inmediata la naturaleza y la de por sí compleja forma de hacer un tal constructo mental.

Y afirmo esto, con motivo de la difusa propaganda que día con día se está haciendo de políticas públicas de no importa qué sector o de qué área de competencia se trate, suponiendo -ésta es la cuestión de fondo- que todos entendemos a la perfección el motivo, la naturaleza del problema específico, los alcances de un determinado abordaje propuesto, y su consecuente resolución adecuada y pertinente gracias a la intervención gubernamental que se presume o se anuncia. Pretender que este enorme supuesto se cumple ipso facto es un craso error.

Querámoslo o no, nosotros como ciudadanos de un Estado, tenemos que pasar por la criba de una pedagogía política, muchísimo más diligente, esmerada, puntual y atingente a nuestras necesidades de comprensión histórica y fáctica. Los hechos políticos puros no están allí, esa es una gran falsedad, no existen como un ente cualquiera (una cosa) ante el que nos confrontamos e intuitivamente lo identificamos y lo comprendemos, eso no es cierto; eso no opera así. Ojalá que la política fuera como un laboratorio donde todo se trata, se analiza y se define en un estado químicamente puro, de hecho el análisis físico-químico dice relación directa a su potencialidad para ser aislado, diferenciado, tratado en un ambiente químicamente puro. En cambio, el mundo real de las relaciones políticas está de por sí, químicamente -por decirlo así- alterado. Es decir, en donde cada elemento no está suelto o vaga como un gas inerte, independiente de cualquier otra substancia que lo rodee.

Por el contrario, en política, todos y cada uno de los elementos están profundamente interconectados, unos dependen de otros, unos influyen sobre los otros, unos suponen a otros, para decirlo pretenciosamente unos están sobredeterminados por los otros. Ejemplo de esta condición sumamente compleja e interdependiente la puso Karl Marx en el desarrollo de su obra El Capital. Inicia con el concepto de valor, le sigue el valor de cambio, que presupone la gelatina en que se instala y cosifica el trabajo vivo del obrero como mercancía que ya lleva –a manera de hurto- la plusvalía del trabajo impago al trabajador; ésta se convierte en portadora del valor mercantil, misma que va al mercado para intercambiarse por otras, pero no lo hace sola pues es llevada por su Träger/portador, quien en el mercado pierde su personalidad como tal y es suplantado por la mercancía-valor que se compara con el valor de otras que no son ni de su misma especie ni su misma clase; se pueden intercambiar biblias por sacos de trigo, pues lo que importa es su valor relativo de cambio. Luego le sigue la gran metamorfosis, la mercancía valor se transmuta en dinero, el dinero se convierte en representante universal de las mercancías y, por ello, de manera endemoniada se intercambia por todas, no importa qué valor tengan, así surge el Capital, una masa dineraria colosal a la que todos los bienes y valores de cambio se supeditan; y una de cuyas fases es el capital productivo, luego se convierte en el capital mercantil, que luego va a los bancos y allí se convierte en capital financiero.

El dinero a su vez tiene (tenía) que tener un metavalor consistente de referencia y éste es encontrado en los metales preciosos: oro y plata. El oro y la plata son ahora los representantes universales de la riqueza y forman el Tesoro de un estado-nación; el tesoro nacional no tiene sentido aislado, tiene que confrontarse con los otros tesoros de las naciones, y por ello tienen qué compararse, pero esto no se hace sin el recurso al mercado internacional, que ya no tan sólo es de mercancías, commodities o utilities sino de mercados dinerarios –Divisas-, éstas sí se contrastan unas con otras y adquieren un valor de referencia que, al final, eclosiona en el Tipo de Cambio, prototípico de toda una economía nacional. Y así se va de regreso a los inicios, a los ciclos de acumulación del Capital, en donde ya ni siquiera hace falta la moneda, pues se expiden Derechos Especiales de Giro, Bonos del Tesoro, Bonos de la Deuda, etc., para luego seguir en su eterno retorno, a la más humilde de las formas, la mercantil, que sigue absorbiendo en su gelatina mágica el único productor de valor que es el trabajo vivo del trabajador, que allí deja su porción de trabajo impago, la plusvalía, misma que los contadores de las empresas atesoran con avidez y avaricia, y suman al Capital. Por eso a los multimillonarios del mundo se les llama “racoon”/mapache.

Perdón por esta gruesa, desmesurada caricatura del Capital. Pero me parece ilustrativa de lo que pretendo señalar, la complejidad de la naturaleza y formas que adopta toda Política de Estado, que por ser tal es por definición “política”, eso de políticas “públicas” es un escrúpulo de la IP para indicar que la clase empresarial o los privados son también capaces de definir “políticas”, aunque sean de naturaleza privada. Hablando de políticas de Estado es una redundancia. Pero, en fin, que cada quien se quede feliz con lo que así entienda.

¿Hacia dónde voltear, hacia dónde mirar? Por lo pronto, me atrevo a incursionar en este gran tema de la vida pública nacional, proponiendo un esquema simple de esos constructos intelectuales, para entender la hechura y naturaleza de las políticas públicas, apreciarlas en su justa dimensión y así, justipreciarlas.

Un primer esbozo del esquema que propongo, se daría como sigue: Imagine que visualiza el planeta Tierra. Un gran círculo del que abstraemos continentes y océanos. Nos quedamos con su silueta, el Norte, el Sur, el Occidente y el Oriente. Arriba y al centro, en el Polo Norte, ubicamos un gran círculo que llamaremos Economía Política, dentro de él y como un círculo concéntrico pintamos otro círculo más pequeño que señalamos como Política Fiscal (y la ubicamos como la gran Madre de todas las Políticas), otro concéntrico un poco más ampliado designaremos como Políticas Económicas. La última zona concéntrica está formada por las Relaciones Políticas propiamente dichas, es decir las Relaciones de Poder Estatal.

Un poco más abajo del centro del gran círculo del polo, dibujamos otro gran círculo interceptándolo, al que designaremos como Relaciones Económicas Sociales, esta gran esfera comprende tanto la estructura como la dinámica de la vida económica de la sociedad. Esta esfera ya intersecta el ecuador del planeta. A su interior, se ubican a manera de 3 anillos interconectados, los sectores económicos: el primario –producción de materias primas-, el secundario o de la transformación y el terciario o de los servicios, anillos que están ligados con otro que los interconecta a todos y es el Mercado o mercados según su especie y tipo de intercambio: el propiamente mercantil, el dinerario, el financiero. Esta área ya abarca la zona Sur del planeta.

Vamos a trazar en ese gran campo planetario, al Occidente, pero conectado con el círculo central, otra gran esfera que es la de Relaciones de Cultura de la Sociedad, esta enorme esfera está habitada por la gran diversidad de expresiones simbólicas de la nación: la lengua, la raza, el arte en su multiforme diversidad, los mitos de origen, los tipos de agregación familiar, las creencias religiosas, las tradiciones gastronómicas, del vestido, de la recreación, del hábitat, de interacción con el medio ambiente, es el mundo del Folklore. Aquí se ubican las llamadas Políticas de Desarrollo, y que se conviene en llamar Micro-Políticas, para diferenciarlas del centro Hegemónico que define todo lo que es Macro-Social, tanto a nivel de poder político propiamente dicho como económico. En fin estamos en el mundo simbólico como un gran continente, como manifestación de las relaciones sociales de paz y de la guerra. Esta gran esfera es co-dependiente de las relaciones de la Economía Política y se intersecta fuertemente con ella. Depende de los modos dominantes de producción, reproducción, circulación y consumo de la sociedad total, por un lado; por otro lado depende de la asignación soberana del Estado, para efectos de cuotas, magnitudes y flujos de recursos, para cada ámbito.

La otra gran esfera, que situaremos al Oriente del planeta imaginario ligada siempre a la central dominante es la relativa a la Ley, el Derecho, lo Judicial, que necesariamente se concretiza y cosifica en la distribución territorial del Estado-Nación. Los estados, los municipios, las ciudades, las comunidades, el campo, los bienes y derechos naturales. Es el espacio de la identidad local, del gobierno, de la autoridad puesta ahí para garantizar el orden y respeto en la esfera comunitaria y de la individualidad. Aquí se concretiza y encarna la seguridad, como el bien superior al que se obliga el Estado. Es la esfera el orden civil y del respeto a la norma. En donde la seguridad de los particulares, sus familias y su hacienda es el imperativo superior de poder central estatal. Todo bajo la Ley, nada fuera de la Ley. Al Derecho Positivo le sigue el Penal.  

Ya, ahora podemos imaginar, en dónde se ubica -así sea figurativamente- cada espacio y cada ámbito del ser, quehacer y existir humano en un planeta así; sí, pero también colectivo; qué precede -aunque sea por ahora en primera instancia- a cada una de las esferas; qué las condiciona; qué las determina: de qué depende su propio desarrollo. Por consiguiente, cuando hablamos de “políticas públicas”, hablamos de un universo complejo y entrelazado. Nada está separado, desconectado, inconexo. Todo está entreverado. Por ello es crucial atrevernos a adentrar en esta estructura y dinámica planetaria del Estado. Para poder opinar y juzgar con pertinencia y eficacia. De aquí, naturalmente, se derivarán nuestras expectativas. Continuaremos.

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Francisco Javier Chávez Santillán

Francisco Javier Chávez Santillán

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