Opinión

Tolerancia 0 / Alegorías Cotidianas

Sin duda alguna, dado que es más fácil salir del closet y declararse gay que vegetariano, próximamente pediré los permisos para poder hacer la caminata por el “orgullo vegetariano” pues, oiga usted, cuando una se abre y comenta que no come proteína animal un sin número de exclamaciones se escuchan inmediatamente: ¡pobre de ti!, ¡pero qué comes!, ¡no te sientes mal!, ¿por eso estás tan flaquita?, ¿entonces qué comes? Tal parece que tener espíritu de conejo no es bien visto en la sociedad.

Pero ahí no acaba la cosa, además de la serie de preguntas absurdas y prejuicios hacia nuestro estilo de vida, también tengo que explicar la diferencia entre vegetariano y vegano, aguantar a “expertos” quienes aseguran que los vegetarianos de verdad comen una vez al año carne de algún tipo, entre muchas otras elucubraciones donde, cortésmente, decido quedarme callada, pues ese es su punto de vista y no lo cambiaré ni con pruebas médicas en la mano.

Lo curioso es que cuando estamos entre amigos o conocidos y menciono “somos vegetarianos” voltean a ver a mi esposo y le preguntan “¿tú también?” como si en la frase anterior, aunque es plural, él no estuviera incluido.

Y qué decir de mi querida suegra quien casi deshereda a su hermoso hijo sólo por el hecho de ya no querer comer unos tacos de pancita o pastor; literal comentó: “mejor me hubieras dicho que eras gay y te hubiera aceptado, pero… ¿vegetariano?”

Así como lo lee, en estos últimos tiempos hemos tenido que enfrentar una serie de comentarios sarcásticos, necios, fuera de lugar y hasta desprovistos de información. La verdad ese que nos dijo que fue muchos años vegetariano y una vez al año tenía que comer tacos para llenar sus reservas de proteína animal y no carecer de vitamina B12 estoy casi segura que cada fin de semana, clandestinamente, comía tacos en el closet.

Ahora, todos salimos de ahí, de alguna u otra forma, cuando tenemos algo que confesar. Nuestra sociedad está tan llena de prejuicios que muchas cosas las polarizamos y otras las escondemos para guardar las apariencias, no nos corran de casa, continuar siendo aceptados, mantener nuestra imagen y cuidar nuestro nombre, como bien dijo un ególatra maestro hace un tiempo.

El closet guarda un sin número de cosas por defender cueste lo que cueste y lastimemos a quien lastimemos, total, con tal de defender una causa no importa si, como grupo o sociedad, tomamos la postura del contrario.

Muchos grupos se quejan de que no hay igualdad, no se hacen valer los derechos humanos, la tolerancia es nula y además no permitimos que los demás decidan sobre su actuar o su cuerpo.

Por ejemplo, existe la marcha del orgullo gay, sin embargo, si a un valiente se le ocurriera hacer la marcha del orgullo macho se le irían todos encima y en lugar de “normalizarlo” lo demandaría hasta en la Comisión Internacional de Derechos Humanos en Holanda sin que pudiera, finalmente, manifestarse.

Es cierto, en algún momento de nuestra vida todos como ciudadanos hemos sido víctimas de maltrato, violencia, inequidad, racismo y malinchismo, pero ello no nos da derecho a molestar a los demás o bien vengarnos de todos.

Pensemos en las manifestaciones contra y por el aborto. Quienes están a favor del aborto condenan a quienes están en contra y viceversa, ambas partes se agreden y faltan a los derechos humanos comunes con tal de defender su punto de vista. Mientras luchan, muchas mujeres mueren por practicarse abortos clandestinos o permitidos, pues si en Aguascalientes son señaladas y se les niega ejercer su decisión, entonces reúnen recursos para que en otro estado, donde sí es permitido, puedan cumplir su meta.

Ahora se emplea el término “aborto legal” a la promoción del uso de anticonceptivos para, según entiendo, evitar el embarazo y las mujeres accedan a sus derechos te tener coito sin embarazarse. En nuestro terruño hay muchas campañas en pro del uso de preservativos y pastillas contra la concepción y aun así hay muchos embarazos no deseados, pues la calentura les gana, olvidan la pastilla varios días, les falló la cuenta y, como en todo el mundo, jamás será suficiente la difusión mientras no se tome realmente conciencia.

Concientizar a la población sobre el uso de preservativos es difícil es como el uso del cinturón de seguridad, durante mucho tiempo intentaron que el piloto, copiloto y tripulantes del asiento trasero lo utilizaran, hicieron publicidad, multaron y hasta la fecha existen personas que siguen sin usarlo pues, no son conscientes de lo que les puede ocurrir en un percance automovilístico y como dice el dicho “nadie experimenta en cabeza ajena”.

Pasan los años y cada vez hay más cosas por las cuales hacer marchas, los derechos de los perros (que ahora son más importantes que los de los niños, por cierto), la desmesurada crianza de animales en granja, el orgullo gay, di no al aborto, sí al aborto, el aborto legal, la adopción en hogares igualitarios, la marcha por la familia y los descontentos políticos.

Todos podemos manifestarnos, lo importante es no ser juez y parte sino tolerantes.

No podemos levantar la bandera de la tolerancia para inmediatamente después satanizar y hasta agredir al que no piensa como nosotros, también debemos reconocer que en ocasiones es mejor hacer altruismo y campaña en petit comité para obtener resultados óptimos, inclusive hasta en corto plazo.

La mejor causa que podremos siempre apoyar y por la que vale la pena arriesgar la vida es la propia y el ejemplo contagiará para que el impacto positivo mueva de poco nuestro entorno social.

Si apoyará una causa, ponga bien atención, cuál será y si en verdad es congruente y va con sus convicciones si no es así, siga lo mejor posible su camino.

 

Laus Deo

@paulanajber

 


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Paula Nájera

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