Opinión

¿Tránsito, movilidad o accesibilidad? / Agenda urbana

El transporte urbano, entendido como el conjunto de modos de transporte que existe en una ciudad, generalmente puede analizarse a través de tres perspectivas que resultan en una lectura distinta de los retos en esta materia. La primera perspectiva consiste en medir el volumen del tráfico y la velocidad de los vehículos que transitan en una ciudad, a partir de lo cual se asume que la solución a los problemas de tránsito consiste en ampliar la capacidad de la infraestructura vial para aumentar la velocidad vehicular. Esta perspectiva considera a los automovilistas los principales usuarios de las vías, mientras peatones y ciclistas son vistos con menor prioridad al desplazarse con una velocidad relativamente menor. En otras palabras, esta manera de analizar el transporte urbano se orienta principalmente a acelerar los traslados en vehículo privado.

Por ello suele priorizar la construcción y ampliación de vialidades y pasos a desnivel, la eliminación de retornos y semáforos e incluso la construcción de estacionamientos. Asimismo, suele evaluar el transporte urbano mediante la cantidad de kilómetros de vialidades o los niveles de servicio y por el número de obras viales, de manera que se piensa que la velocidad promedio vehicular o el tiempo de espera en un cruce o intersección son las principales cuestiones que atender. Además, asume que la mejor manera de mejorar los traslados de la población es facilitando el acceso a un automóvil. Esta es, por ejemplo, la idea que predomina en la Secretaría de Obras Públicas del Gobierno del Estado de Aguascalientes, en donde el transporte urbano se entiende estrechamente como un asunto de infraestructura vehicular.

La segunda perspectiva consiste en analizar la libertad y la capacidad de movilidad de las personas; y considera no sólo a los automovilistas como usuarios de las vías, sino también a quienes realizan sus desplazamientos en transporte público y modos no motorizados como la bicicleta. En este sentido se suelen evaluar los problemas o los retos de transporte urbano en términos de las restricciones al movimiento físico, mediante lo cual se promueven soluciones orientadas a aumentar la capacidad de las personas de desplazarse a través de la combinación de distintos modos de transporte. Sin embargo, esta perspectiva en ocasiones suele asumir que la movilidad es por sí misma un fin, por lo cual suele poner mayor atención en aspectos como la velocidad y la eficiencia de un sistema de transporte para incidir positivamente en la capacidad de las personas de trasladarse en la ciudad.

Por último, la tercera perspectiva busca analizar el transporte urbano desde un punto de vista de accesibilidad, es decir, la capacidad de las personas de alcanzar destinos u oportunidades que permiten satisfacer necesidades diarias como asistir a la escuela, el trabajo o un supermercado. Esta noción reconoce entonces que la gran mayoría de los desplazamientos que realizamos, no los realizamos por afán sino para acceder a esos destinos. En otras palabras, el principal propósito del transporte urbano desde esta perspectiva no necesariamente es movernos sino proveer un mayor grado de acceso a las oportunidades. Al mismo tiempo considera que mejor movilidad desde luego puede ampliar el grado de accesibilidad al reducir los tiempos traslado, pero sobre todo considera la planificación de los usos del suelo, es decir, la ubicación de las actividades en el territorio, como un proceso fundamental para reducir las distancia entre nuestros destinos.

Esta manera de analizar el transporte urbano considera además que todos los modos de transporte que provean un mayor acceso son igual de importantes, pues la accesibilidad no necesariamente favorece traslados más largos o modos más rápidos si traslados más cortos o modos más lentos pueden proporcionar un acceso adecuado a diversos destinos. Por ejemplo, si una persona puede acceder a un gran número de destinos a una distancia caminable y, con ello, satisfacer un gran número de sus necesidades, esa persona tendría un nivel elevado de accesibilidad sin necesariamente requerir mayor movilidad ni infraestructura vehicular.

En conclusión, la movilidad puede considerarse un medio para lograr un mayor grado de acceso a las oportunidades o destinos que deseamos o necesitamos, por lo cual la accesibilidad puede entenderse como el principal objetivo del transporte urbano. Algo es claro: pensar en el transporte urbano exclusivamente por la cantidad de infraestructura vehicular expresada en la cantidad de vialidades o pasos a desnivel, como sucede actualmente en Aguascalientes, pone en evidencia una perspectiva limitada del transporte urbano e ignora que más obras vehiculares no necesariamente resultarán en mejor movilidad para todos ni en un mayor acceso a las oportunidades que ofrece la ciudad.

[email protected] / @fgranadosfranco


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Fernando Granados

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