Opinión

Concurso de Voluntades / Debate electoral

El día de ayer se dio inicio formal a las actuaciones conjuntas entre el Instituto Estatal Electoral de Aguascalientes y el INE para las actividades del Proceso Electoral Local 2018-2019, con la firma del Convenio General de Coordinación y Colaboración suscrito. En este nuevo esquema de desarrollo de las actividades de las elecciones en el que priva la actuación colaborativa de las instituciones, cada una asume sus compromisos en relación con las actividades que les son inherentes.

Desde 2014 a la fecha, coexisten los organismos electorales, nacional y locales, en la organización de las elecciones. Ello es posible gracias a dos premisas fundamentales en esta forma de trabajo: la primera, cada una hace lo que debe de hacer de acuerdo con sus facultades; la segunda, se trata de una convergencia de voluntades.

Durante mucho tiempo, una de las características que hacían posible distinguir al Instituto Estatal Electoral del INE era que mientras uno realizaba las elecciones de gobernador, ayuntamientos y diputados locales, el otro organizaba las elecciones federales de presidente de la república, diputados federales y senadores. Incluso, por las fechas de la jornada electoral también se distinguían unos de otros, mientras en Aguascalientes las elecciones mucho tiempo fueron el primer domingo de agosto, en el ámbito nacional eran el primer domingo de julio.

Ahora, en este escenario, lo que nos distingue es esa colaboración basada en las facultades que se otorgan legalmente a cada institución y el respeto irrestricto a la autonomía institucional. Y no se piense que tal conjunción en realidad es novedosa. El INE, anteriormente en su faceta de IFE, fue el depositario legal del Registro Federal de Electores, por lo que en elecciones locales se utilizaron, desde siempre, los instrumentos que brindaron certeza tras las reformas impulsadas luego de las elecciones de 1988: la Credencial para Votar con Fotografía y la Lista Nominal de Electores.

Igualmente al ser el encargado de la cartografía electoral, la división territorial en secciones electorales, base del agrupamiento distrital, la determinación de cabeceras seccionales, creación o fusión de secciones, correspondió y sigue correspondiendo al INE, derivado de ello, un acuerdo tácito entre ambos organizadores, fue el instalar las casillas receptoras de votos en los lugares que históricamente reconocía la ciudadanía. No era casualidad que la escuela de la comunidad, la casa con la cochera más grande de la sección electoral, o el lugar público más conocido, en elecciones locales o federales fuera la sede de la casilla.

Tras la reciente reforma en materia político electoral, las atribuciones del INE se fueron ampliando. Podemos, para ejemplificar, hablar de la ubicación e integración de casillas o la fiscalización de los recursos de los partidos políticos. Ahora el INE, sin importar si la elección es local, federal o concurrente, se encarga de la importante labor de ubicar las casillas, es decir, determinar el mejor lugar para que todas las personas del derredor acudan a votar a un espacio que cumpla con las características que la ley impone. No sólo eso, sino garantizar que los elementos físicos necesarios para el importante ejercicio se encuentren en perfecto estado de uso (llámense desde urnas y mamparas, hasta bolígrafos, actas y boletas) y en cantidad suficiente para todos los potenciales electores.

La obligación mencionada se extiende no solamente a la parte material, sino a la parte humana. La actividad del INE también radica en el sorteo de los ciudadanos para formar parte de la recepción y conteo de votos, su identificación, visita, notificación, capacitación, convencimiento y asistencia durante la jornada para garantizar un trabajo imparcial y eficiente en cada casilla electoral.

La autoridad local no es ajena al procedimiento. La colaboración comienza desde que, de manera conjunta, se trabaja en una estrategia para la realización de las actividades, un acompañamiento permanente y la obligación de proporcionar recursos (humanos, técnicos, de gestión y, sobre todo, financieros) para que el día de la jornada electoral exista una casilla debidamente integrada y conformada en cada uno de los rincones del Estado. Situación que también sucede con la fiscalización en donde se sigue una directriz trazada a nivel nacional en la que, desde lo local, se brinda apoyo puntual en la medida de las posibilidades del destino de los recursos.

Este será el tercer proceso electoral en que el esquema de trabajo conjunto se verá plasmado en la realidad. En los anteriores, y estoy seguro de que en el presente no será la excepción, las premisas sobre las que fue construido el andamiaje en que se fundamenta el ejercicio electivo y por ende democrático, fueron respetadas a cabalidad. No existió una duplicidad de funciones, ni tampoco fue una imposición de una institución sobre otra. Por el contrario, la experiencia que se ha acumulado en el trabajo de mujeres y hombres que forman parte de ambos institutos electorales ha sido mejor aprovechada.

Mentiría si dijera que los procesos han sido fáciles en todos los aspectos. Cada proceso electoral es complejo en su individualidad y ninguno es igual a otro. Sin embargo, de manera paulatina, hemos sabido reconocer, entre ambos, las fortalezas que nos unen y las diferencias, ninguna irreconciliable, pero existentes y que al final fortalecen la individualidad institucional y ambas, convergencias y divergencias, permiten ese trabajo que nos ha llevado a transitar hacia el fin esperado, que resulta en la transmisión pacífica y periódica del poder público mediante el irrestricto respeto a la voluntad de los votantes.

Por eso, el evento del día de ayer marca un inicio formal, de una estrecha y continua relación que se va construyendo día a día entre el IEE y el INE, orientada hacia los mismos fines y que está fundada en el trabajo colaborativo, respeto mutuo y el necesario concurso de voluntades.

 

/LanderosIEE | @LanderosIEE


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Luis Fernando Landeros

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