Opinión

Los idiotas, el reloj y el relojero / Disenso

Hace unos días vi un vídeo en Facebook donde un sacerdote español decía que habría que ser idiota para ser ateo. Sé que se me podrá juzgar de exagerado al tomarme en serio un contenido dirigido a los creyentes, pero lo considero importante por mi compromiso didáctico para con la otredad (compromiso que deseo sea correspondido). En pocas palabras, el sacerdote le daba vueltas a un mismo argumento, uno que por algunos años se consideró más o menos refinado, el argumento de el reloj y el relojero de William Paley, que dice, poco más o menos así: si encontrásemos un reloj (o, para el caso, cualquier aparato que desconociéramos) y lo analizáramos, a poco que nos detuviéramos a pensar, habríamos de caer en cuenta que, al ser un mecanismo complejo, debió haber sido creado por algo aún más complejo: un relojero (o un inventor). Con este argumento Paley pretendía efectivamente dar respuesta al ateísmo: si las cosas que existen en ese mundo de manera natural son muchísimo más complejas que un reloj, entonces habremos de aceptar que este mundo debió ser creado. Es decir: una fuerza superior debió encargarse de su configuración, por lo tanto, Dios existe.

Bien, el argumento no es errado en el sentido más profundo: por supuesto que un bicho cualquiera es más complejo que un reloj de muchas maneras: una mosca tiene autonomía y decenas y decenas de funciones complejas como la digestión, la reproducción y el vuelo. ¿Esto quiere decir que una fuerza superior debió diseñarla? La respuesta corta, pero poco más enrevesada de lo que parece es sí. Por supuesto, y conocemos bien el mecanismo que mejor compite para llevarse el premio a la mejor explicación disponible: la teoría de la selección natural y otros mecanismos evolutivos nos permiten entender por qué la mosca tiene todas estas funciones. La selección natural contiene mecanismos observables, que permiten hacer predicciones, correcciones y da explicaciones extensas y significativas basada en cuatro principios, todos ellos que el sentido común nos permite entender y que, aunque sus efectos son casi contraintuitivos, analizados sus mecanismos (que yo agruparé en cuatro) aparece una sensación de intuición distinta al efecto final: 1. Que todos los seres vivientes se parecen a sus padres (herencia): por supuesto que podrá decirse que conocemos a fulanito o fulanita que son de cabello rizado mientras sus padres tienen cabello lacio, pero la lista de similitudes con sus padres sigue siendo abrumadora: dos brazos, dos piernas, ojos, orejas, 206 huesos y un larguísimo etcétera. Claro que hay algunas diferencias, lo que nos lleva al punto 2) que todos los seres vivientes difieren en algo de sus padres (varianza): estas diferencias pueden ir de la sutileza a la dramática variación: altura, fuerza, mayor capacidad para el atletismo o la música y otro largo, largo etcétera. Estas ventajas, en un mundo en que los recursos siempre son menores a la demanda de estos recursos, en un mundo donde es innegable que hay 3) competencia (para un trabajo, para enamorar a la pareja de nuestros sueños, para tener esa edición limitada de un teléfono celular o el único primer lugar en un mundo de miles de atletas) esas ventajas particulares harán que haya una 4) selección, es decir, que aquellas diferencias que nos hacen mejores que otras y otros en la competencia nos permitirá distinguirnos, y en términos biológicos nos podrá en mejor posición para tener progenie y con ello hemos volver a 1) y el proceso se vuelve a repetir una e incontables veces. Por supuesto que las cosas naturales fueron creadas por un mecanismo complejo, pero eso no implica que esa creación obedezca a un quién.

El proceso anterior, repetido una y otra vez a lo largo de cientos, miles, millones de generaciones, en siglos, milenios, millones, miles de millones de años, va permitiendo que las especies adquieran un diseño que, ciertamente resulta de suyo complejo. Los seres vivos en este mundo, con toda su complejidad, ciertamente no aparecimos al azar, en la metáfora, es cierto que sería una locura pensar que cada pequeño engranaje, las manecillas, la cuerda del reloj aparecieron ahí por “casualidad”. El sacerdote del vídeo mencionado dice que si llegásemos a una isla desierta y viéramos una cabaña tendríamos que ser idiotas para pensar que el viento de casualidad juntó las maderas de tal forma que se formó el refugio. Habría que decir, para el sacerdote y cualquiera que piensa que la ciencia dice “eso” que el error fundamental es, o proporcionar una imagen intencional y perversamente desvirtuada de lo que la ciencia señala; o, por otro lado, criticar algo ignorando olímpicamente las explicaciones que hay al respecto.

Veo dos problemas en el caso (que se repite en muchas ideas locales, en sacerdotes que propagan estas “críticas”) 1. La autoridad moral que supone vestir un alzacuellos para muchas personas: resulta, por la educación en que crecieron, algo casi incuestionable, aunque, en algunos casos como en éste, haya una estrepitosa equivocación en lo que se dicen lo cual genera círculos de ignorancia. Porque supongo que queremos entender la verdad, o, al menos, para los puntillosos, la explicación que sea la mejor candidata a ser tratada como la verdad. Y 2. Que muchas veces de esta serie de creencias (aunque sea de manera indirecta) se generan preceptos morales que nos disuaden o persuaden para actuar de tal o cual manera. ¿No es raro que basemos nuestra manera de comportarnos en función de una visión que no ofrece alcances explicativos, o que, al menos, tiene muchas menos probabilidades de ser la candidata a la verdad?

Por cierto, el problema del argumento de Paley es que no soluciona absolutamente nada. Solamente mueve el “problema” de lugar: si cualquier cosa compleja necesita un creador, ¿no es un creador algo aún más complejo que, por tanto, necesita otro creador? Y, entonces, o dios también requiere de otro dios y ese dios de otro y así todo el rato, o hay cosas que no necesitan un “creador”, porque podemos explicar su mecanismo complejo prescindiendo de esa hipótesis.

Los griegos decían “idiota” para alguien que no se relacionaba con los asuntos públicos. La ciencia es un asunto público. Un asunto incluso vital. Haríamos bien en no excluirla o no excluirnos de ella.

 

/aguascalientesplural

@alexvzuniga


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Alejandro Vázquez Zuñiga

Alejandro Vázquez Zuñiga

1 Comment

  1. mario urbiola ledesma
    10/09/2018 at 12:23 — Responder

    Estoy de acuerdo en buena parte de la argumentación, sin embargo se queda sin terminar la hipótesis al plantear que el problema se queda sin una solución final, la cual puede ser en dos sentidos:

    * Existe un Ser supremo llamado Dios, que precisamente por ser Supremo es No creado y superior a todo. Si fuera creado entonces no seria dios. Para el cual las dimensiones de materia y tiempo que conocemos, son diferentes. El tiempo seria como un eterno presente e infinito, como las matemáticas lo demuestran. Un Ser supremo creador y origen de las primeras creaciones, sean cuales hayan sido estas.

    * O la segunda hipótesis, donde el universo se genero a si mismo, tal vez un Big Bang sin intervención de un ser supremo, generador de la primera materia que a través de miles de años se fue desarrollando, cambiando y perfeccionando hasta llegar al universo que conocemos, con su mundo animal, vegetal y mineral. A través de la selección natural, entre otras cosas.

    Ambas teorías pueden tomarse de manera individual o complementarse. Yo me inclino por la primera… y tambien por la segunda, después del “disparo inicial”. Complementarias.

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