Opinión

Miranda Mendoza. Goya, goya… / Un cuarto propio

Al inicio de los primeros seis meses casi no entendía nada, las profesoras y profesores nos iban orientando, ponían títulos en el pizarrón, daban datos bibliográficos y hacían muchas pero muchas preguntas, leíamos y leíamos y respondíamos lo que nos cuestionaban, las clases en general se iban muy rápido, pero la mayor parte del tiempo había que ir a la biblioteca o buscar libros con otras personas que ya habían cursado esas materias, era una forma distinta de ir aprendiendo, lo cierto es que terminando el primer año con toda certeza sabía buscar entre toda la información y los libros los temas exactos que necesitaba conocer, así que nos habíamos familiarizado sólo de vernos, aunque no fuéramos en el mismo salón ni nada de eso nos unía la eterna fila de copias en la que pasábamos horas quizá hasta sin pensarlo, comentando los libros que teníamos pendientes de leer.   

El salón estaba repleto de mujeres y hombres jóvenes, platicando jugábamos con casi todos los temas, quién iría a tal o cual reunión, quiénes al partido de americano o de baloncesto, para un lunes de principio escolar, pero ya con dos semestres cursados, nos conocíamos la mayoría al menos una vez habíamos coincidido en los pasillos que llevaban a los salones, en la cafetería o en los jardines del CCH Vallejo. Cada materia era un grupo distinto de tal forma que realmente interactuabas con quienes este nuevo semestre compartía aula.

Ella hizo aparición en el aula, vestía tenis negros, jeans azul y camisa blanca, su morral lleno de libros y otros más que llevaba entre los brazos. Su presentación fue muy sencilla, Gabriela, y era la maestra de Literatura Contemporánea. Nos habló de la importancia de la literatura en la vida de un país, abrió su morral y por equipos que habíamos formado distribuyó los libros, cada quién debía leer una parte y después cada equipo diría qué entendió de la lectura, de qué imagina qué se trata ese libro, qué personajes, cómo es la historia, cuál sería el fin de esa historia, cuál la trama principal, todo eso sólo con quince minutos de lectura que habíamos podido hacer por equipo. Al final de esa clase nos explicó que es fundamental abrir la mente a la imaginación para acercarnos a la literatura, que ese breve ejercicio era la forma en que podíamos iniciar a escribir, inventando y articulando una secuencia narrativa. El grupo permanecía en silencio mientras ella hablaba y caminaba entre las mesas con sus libros en las manos. 30 años después recuerdo cuando Gabriela, la maestra de literatura, nos dijo que no podíamos darnos el lujo de desperdiciar el tiempo sin leer, que al país le urgía que la gente leyera más, que todo el tiempo que usábamos viajando en el metro era tiempo de capítulos que podíamos avanzar, si ya sabíamos leer no había pretexto para no hacerlo, de otra forma terminaríamos trabajando en el PRI fregando a este país. Al final de la clase nos pidió que para la siguiente vez, es decir para el miércoles, sólo dos días después, tendríamos que entregar nuestro primer trabajo una defensa de Héctor Belascoarán, personaje principal de “Días de combate” explicar el abandono de lo que era hasta entonces su vida, su esposa y su empleo en General Electric para volverse investigador privado en una academia a distancia y atrapar a la asesina o asesino serial de mujeres así como la relevancia de las seis notas firmadas por cerevro y su evidente falta de ortografía. Además de conocer a Paco Ignacio Taibo II en su libro, con Gabriela me acerque a un sinfín de libros y exploré las profundidades de la literatura latinoamericana contemporánea.

Después de CCH no supe más de Gabriela ni de otra excelente profesora de ciencias políticas, tampoco de mi maestro de física, ni del de biología o el de estadística, tampoco del de filosofía. Pero dejaron un enorme aprendizaje en mi quehacer cotidiano como activista y escritora, por eso hoy al hablar del certero ataque contra el CCH por grupos porriles, policías y delincuentes pagados, entiendo muy bien qué es lo que quieren romper.

Hace unos días lamentablemente nos enteramos de un feminicidio nuevamente perpetuado contra una joven estudiante, Miranda Mendoza Flores, estudiante del Colegio de Ciencias y Humanidades plantel oriente de la UNAM.

Los CCH en la Ciudad de México han sido desde hace muchos años y creo que principalmente a finales de los 80, espacios muy políticos, el modelo de enseñanza desde entonces genera estudiantes muy evocados a la autonomía del conocimiento, a la propia investigación y bajo sus propios medios buscar y encontrar todo aquello que en otros modelos como la preparatoria se realiza de forma aún más apegada a las profesoras y profesores. Si algo tienen estos colegios de ciencias y humanidades es un pensar crítico y político que después nutre a la UNAM participando con esa visión única que por décadas la sostiene como una institución fundamental para el desarrollo del país.

Lo ocurrido estos días, el feminicidio de Miranda, la agresión a estudiantes, el amedrentamiento de la comunidad universitaria es por un lado la dinámica que por muchos años ha tolerado la rectoría en la incursión de grupos porriles del PRI porque al igual que en la UAA (Universidad Autónoma de Aguascalientes) estos partidos políticos sacan una enorme ventaja de la manga ancha que les dan las autoridades que permiten el disfraz partidista en las supuestas organizaciones estudiantiles que terminan contaminando y enviciando todos los procesos que legitiman su hegemonía en la vida política y crítica de las universidades.

Pero también es resultado de un conflicto que ha dañado a todo México, el control que mantiene el crimen organizado y la disputa de territorios de operación para sus actividades ilícitas, el cambio de los distintos gobiernos hace que estos actores encubiertos como estudiantes o grupos de seguridad y cubiertos por las autoridades con su permiso para operar ahora ante el cambio comiencen a disputarse plazas como ha pasado por todo el territorio mexicano.

Que el rector de la UNAM Enrique Graue, salga a declarar que no son intereses oscuros de grupos que quedaron marginados y que hay 18 estudiantes expulsados es una medida que hace lo que una aspirina al cáncer, sobre todo porque esas mismas autoridades han permitido que este problema tome esta dimensión, porque sus ojos están más puestos en los asuntos políticos partidistas que en las necesidades de la UNAM, una alarma que se prende igual que ocurre en todas las universidades públicas del país y que es necesario repensar ¿qué es lo que se quiere detener verdaderamente con estas acciones de terror feminicida y de persecución al pensamiento crítico y de transformación política del país?

@Chuy Tinoco


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