Opinión

Amiga, date cuenta / Favela chic

Ayer por la mañana empecé a leer en Kindle #Amiga, date cuenta, un manual de Tamara de Anda (alias “Plaqueta”), ilustrado por Andonella. Fue publicado este año por Planeta y está dirigido a las mujeres en la edad de la punzada. Aunque yo pasé por la adolescencia hace un buen rato, lo leí de corridito. Una de dos: a mis treinta y tantos sufro el Síndrome de Peter Pan o de verdad el libro está buenísimo. Sin descartar del todo la primera hipótesis, apuesto más bien por la segunda.

 

El idioma de las millennials

Para empezar, tiene un diseño muy llamativo en colores pastel. Parece un cupcake de aparador y se antoja de sólo verlo. Sin duda, un montón de chavas alérgicas a la lectura se sentirán atraídas por él, como Hänsel y Gretel por la casita de pan y dulce donde vivía una malvada bruja. Tamara de Anda, una bloguera y periodista muy polémica, ha sido llamada bruja de una y mil maneras, pero la favorita de sus haters de Twitter es “feminazi”. ¿La razón? No tiene pelos en la lengua ni se hace de la vista gorda: cuestiona la mentalidad machista y denuncia a grito pelón los abusos de poder. Pecados mortales en México, un país de herencia colonial, donde mujeres y hombres han aprendido a responder con fórmulas de sumisión como “mande”, a respetar sin peros las jerarquías ya establecidas y a guardar silencio para no meterse en problemas.

Esta guía, por el contrario, busca despertar la conciencia crítica de las lectoras antes de que se conviertan en “otro ladrillo en la pared”. Su título mismo, #Amiga, date cuenta, es un llamado de atención, un modo de arrancarnos la venda de los ojos: “La vida es cruel”, nos advierte en el prólogo. Pero no emplea un tono trágico ni pesimista, sino humorístico. Desde el principio incita a la risa y rompe el hielo. Incluso cuando aborda temas serios, echa mano de la ironía, el sarcasmo y los chistes. Una de sus mayores virtudes consiste en hablar el idioma de las “millennials”, pues abundan los juegos de palabras (“kermosa”), el spanglish (“Santoclós”), los neologismos (friendzone, mansplaining), los plurales incluyentes (“todes”, “homofóbicxs”) y algunas palabras altisonantes (“pinche”). Pero a la vez mantiene un discurso claro y crea una atmósfera íntima, propia de las amigas y confidentes.

 

La fusión de medios

Pese a la modernidad de sus temas, nunca me sentí excluida de la conversación, porque emplea recursos pedagógicos tradicionales: subrayados, tintas de colores, instructivos, definiciones, líneas del tiempo, cápsulas históricas y opiniones de expertos. Pero también se sirve de las Tecnologías de la Información y de la Comunicación (TIC’s). Relaciona los contenidos con el uso de los smartphones o teléfonos inteligentes, el internet, las redes sociales y las apps o aplicaciones, donde aprendemos e interactuamos las lectoras modernas. En esta fusión de medios radica, en parte, la gran popularidad de Tamara: inserta hashtags, “memes”, “GIFT’s”, capturas de pantalla, hipervínculos y videos de YouTube en sus artículos periodísticos. No se pelea con los avances tecnológicos ni con los otros medios de comunicación: los explota al máximo para enriquecer su análisis.

En #Amiga, date cuenta, los monitos de Antonella logran un efecto análogo. Captan muy bien el humor de Tamara y desempeñan una función paródica. Pero también ayudan a retener datos, ideas y conceptos sin la barrera de la solemnidad. Por un prejuicio esnob, los dibujos suelen ser consideradas signos de “chafez”. Pero, como saben por experiencia los lectores de comics, historietas y novelas gráficas, estimulan el pensamiento crítico y nutren la imaginación con una gran eficacia. La editorial argentina Era Naciente ha publicado una colección de libros ilustrados que se esfuerzan por romper las barreras academicistas entre los autores canónicos y los “hijos de vecino”. Entre mis favoritos se encuentra Kafka para principiantes, de Robert Crumb y David Zane Mairowitz, una visión panorámica del escritor checo, valiosa tanto para legos como para especialistas, que a veces pueden perder la brújula. #Amiga, date cuenta es un digno ejemplo de este género híbrido: la palabra escrita dialoga con las ilustraciones para transmitir conocimientos sin intimidar a los lectores.

 

Contra la moral conservadora

El Manual de Carreño, publicado en 1853 por un autor del mismo nombre, concibe a la sociedad como un teatro donde, para recibir el aplauso del público, debemos interpretar al pie de la letra, según el lugar y la circunstancia, un guion de “urbanidad y buenas maneras”, acorde a los papeles establecidos por la tradición. En contraste, #Amiga, date cuenta, se pronuncia contra los estereotipos y nos alienta a romper los grilletes del qué dirán, usando como herramienta la información libre de prejuicios religiosos y morales. Cuestionar el concepto de normalidad, diferenciar entre lo natural y lo cultural, reivindicar el derecho a elegir, a experimentar de modo responsable y a sentir placer son sus hilos conductores.

En los primeros dos capítulos (“Tu cuerpo”, “Sexo y relaciones”) se propone colmar ciertas lagunas educativas y aborda temas tabú como la diversidad sexual. El año pasado, la organización Profamilia emprendió una campaña para censurar el tema de la homosexualidad en los libros de secundaria, con el argumento de que los chavos se volverían unos libertinos incorregibles de ponerlos sobre aviso [Padres, siento atentar contra su pensamiento mágico, pero desde la adolescencia he leído varias novelas de prostitutas (Juliette, Naná, La Dama de las Camelias, Santa) y hasta la fecha no me he convertido en una]. Contra esa moral conservadora, #Amiga, date cuenta muestra un abanico de preferencias aún más amplio: heterosexualidad, homosexualidad, bisexualidad y asexualidad. Para mí fue muy esclarecedora la distinción entre el sexo biológico, la identidad de género, la orientación sexoafectiva y la expresión de género, que pueden coincidir o discrepar en el mismo individuo.

Cito el ejemplo de Rotterdam (2015), una obra del dramaturgo Joan Brittain, protagonizada por una pareja de lesbianas. Alice y Fiona tienen genitales femeninos (sexo biológico) y se sienten atraídas por mujeres (orientación sexoafectiva). Pero mientras que Alice se asume como mujer (identidad de género) y viste atuendos femeninos (expresión de género), Fiona tiene alma de hombre: viste atuendos masculinos, se hace llamar Adrián y se somete a un tratamiento hormonal. La diversidad sexual de estos personajes, inspirados en gente de carne y hueso, no es sinónimo de abyección ni de trastorno psicológico. Reconocerla y respetarla es una de las enseñanzas clave de #Amiga, date cuenta.

 

Cuerpo y mente

Pero las mujeres adultas, no sólo las chavas, también deberían leer este manual. Tal vez fueron educadas “a la antigüita” y todavía sigan creyendo en ciertos mitos perjudiciales sobre el sexo, el amor y las relaciones. Tal vez tengan hijas y estén repitiendo los viejos esquemas represivos sin percatarse. Tal vez necesiten recordar sus ideales, si han dado su brazo a torcer por la enorme presión social. Inscrito en un discurso feminista, #Amiga, date cuenta, nos orienta para protegernos física y mentalmente, como lo hizo con las lectoras estadunidenses la guía Our Bodies, Ourselves [Nuestros cuerpos, Nosotras mismas] en la década de los sesenta.

Sin importar nuestra edad, las mujeres somos el blanco favorito de la violencia y la manipulación en el ámbito público y en el privado. Como nos recuerda el tercer y último capítulo de #Amiga, date cuenta (“Tú vs El Mundo”), siempre hay adultos autoritarios a nuestro alrededor intentando controlar cómo vestimos, hablamos, pensamos, escribimos… en suma, cómo vivimos. Pero estas relaciones de poder no terminan con la adolescencia: se perpetúan si nos quedamos de brazos cruzados. Restringir nuestro albedrío y mellar nuestra autoestima son sus principales objetivos. Pero Tamara y Andonella nos demuestran que es posible sobreponernos al desaliento y lo celebran en la dedicatoria: “A toda la gente que no creyó en nosotras y que en algún momento de nuestras vidas nos dijo que no llegaríamos a ningún lado dibujando y escribiendo ‘así’: ¡ja!”.

 


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Gabriela Lira Rosiles

Gabriela Lira Rosiles

1 Comment

  1. Marría
    22/10/2018 at 10:08 — Responder

    Wow! ya quiero comprarlo.

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