Opinión

Antes y después del 2 de octubre / Alegorías Cotidianas

Antes del 2 de octubre de 1968 en México, otros países habían vivido grandes protestas estudiantiles. La primera, en mayo del mismo año, contagió al resto del mundo a levantar los puños por la paz, el amor, la libertad sexual, entre otras cosas.

La primera manifestación en Francia fue en contra de la Guerra de Vietnam. Algunos años después de la Segunda Guerra Mundial el país galo se había establecido económicamente y la expansión de las universidades dio lugar a nuevas convergencias ideológicas gracias a que más jóvenes tuvieron acceso al conocimiento.

Los estudiantes franceses del 68 pedían tener apertura social, eran los hijos de la posguerra apoyados por organizaciones izquierdistas.

Aunque en ese momento Francia gozaba de una economía estable una de las consecuencias de la Segunda Guerra Mundial fue que algunos de esos chicos crecieron limitados y con algunas restricciones de expresión por lo que querían ser libres.

Los jóvenes franceses solo buscaban ser escuchados y poder ejercer el libre albedrío socialmente, sin embargo, sindicatos y organizaciones entorpecieron los ideales estudiantiles y complicaron las cosas.

El mayo francés del 68 estuvo lleno de altercados, heridos. Los estudiantes tomaron la universidad de la Sorbona (la más antigua) ya al ser desalojados decidieron hacer barricadas en el Barrio Latino (llamado así gracias a la Sorbona ya que ahí, en sus inicios, las cátedras eran en latín), levantar los adoquines y defenderse con ellos. Tras varios días de lucha el gobierno decide establecer una estrategia, escuchar a los estudiantes, negociar con ello para evitar una catástrofe y un final sangriento.

Cuando los estudiantes en París bajaron la guardia y tuvieron respuesta el problema para el gobierno fue entonces, enfrentar a los sindicados, organizaciones izquierdistas, así como las huelgas en las fábricas, pero sin severos e inhumanos resultados como en México.

El movimiento del 68, en el ámbito mundial, es un movimiento humanista y no tanto socialista. La expansión de las universidades provocó que se produjera más conocimiento y por tanto el pensamiento crítico comenzó a compartirse y difundirse.

En aquella época había una exaltación con respecto a los filósofos y sociólogos, el movimiento hippie tenía un tiempo estableciéndose y se daban a la par grandes avances tecnológicos.



El mundo estaba listo para una revolución humanista donde el pensamiento y la libertad eran lo más importante por defender y por lo que valía la pena vivir.

El movimiento ocurrido en mayo en Francia animó a jóvenes de otros países a levantar la voz por los mismos fines.

México se preparaba para recibir los juegos Olímpicos de 1968, era un acontecimiento que aún no ha podido repetirse. Si las olimpiadas se dieron ese año fue porque las condiciones sociales, políticas y económicas eran favorables y mostraban a México como un país estable y prometedor.

Para ese entonces el PRI ya tenía varios sexenios ejerciendo el poder y tenía ya planes de no ceder al respecto.

Los estudiantes en México, inspirados por los deseos de paz, libertad sexual y de pensamiento se unieron a la lucha por la libertad. A diferencia de Francia, la tierra azteca aún no descentralizaba a la máxima casa de estudios de la capital por lo que el conocimiento y el pensamiento divergente se desarrollaba casi en su totalidad en la Ciudad de México.

Intelectualmente, los jóvenes manifestaban su descontento ante la autoridad y el poder. El pensamiento crítico evolucionó más rápido que los sistemas políticos y esto se convirtió en un problema, ante los Juegos Olímpicos la Nación Mexicana tenía la energía centrada en la organización y el cómo era visto México en el exterior.

Lo mismo que movía a los estudiantes mexicanos en 1968, la manipulación de la información fue lo que provocó el nerviosismo del gobierno, tenían que controlar y sin intentar negociar decidieron establecer la acción más grave e incongruente de poder, desaparecer a los estudiantes y anular su derecho a manifestarse y ser ellos mismos.

10 días después del 2 de octubre de 1968, con algunos reprimidos y resignados al silencio y otros desaparecidos, se inauguraron los Juegos Olímpicos como si nada hubiera pasado.

Hoy, en el 2018, podemos observar que sin importar el partido político los actos brutales contra los manifestantes son los mismos.

Quizá algunos políticos portan banderas blancas en una mano y con la otra ejercen el poder de la misma manera que hace 50 años, con autoritarismo y sanguinariamente.

Lo que cambió del 68 a la fecha es que en ocasiones las manifestaciones son creadas con fines políticos para manipular mediáticamente y distraer a la sociedad mexicana.

Si el 2 de octubre no se olvida es porque las prácticas políticas son las mismas, cambian de color y de nombre, pero, finalmente, incurren en las negligencias inhumanas en las que han caído todos los demás.

El mes pasado, los universitarios volvieron a levantarse, en las mismas casas de estudios, pero con diferentes resultados. A los estudiantes les queda muy claro que hay límites para manifestarse porque la historia nos recuerda que en cualquier momento puedo volver a repetirse.

Quizás México necesita una nueva revolución intelectual para despertar a su gente y levantarse como nación como nunca lo ha hecho, el problema es que estamos perdiendo a nuestros grandes pensadores y estas nuevas generaciones permanecen impávidas ante los sucesos que aquejan a la sociedad.

Laus Deo

@paulanajber

 

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Paula Nájera

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