Opinión

Fernando del Paso / Café Fausto

Desperté con la voz de mi papá que me avisaba que me llamaban por teléfono, era un sábado temprano a finales de julio en 1994, unos momentos antes dormía a pierna suelta en una visita de fin de semana de descanso en casa de mis padres en Aguascalientes.

De un brinco me levanté y respondí la llamada, al otro lado de la línea estaba mi amiga Margarita Guillé que me pedía si podía estar en media hora en el Hotel Quinta Real para entrevistar para su programa de televisión al escritor Fernando del Paso, yo había leído hace no más de seis meses su novela Noticias del imperio y de inmediato acepté.

En uno de los jardines del hotel me encontré con un hombre serio de trato más bien seco, pero amable, con anteojos oscuros y vestido con un traje impecable, era Fernando del Paso. Mi amiga, siempre llena de energía nos presentó e iniciamos la conversación con una cámara frente a nosotros. No recuerdo lo que pregunté, pienso que no fui muy genial, más bien algo torpe por lo poco que conocía al autor, aunque su novela sobre la trágica historia del efímero imperio de Maximiliano y Carlota en México me había impresionado y seguramente sobre eso giró la entrevista. Lo ideal es que uno siempre se encuentre a la altura del entrevistado.

Luego de la entrevista, nos despedimos con algo de prisa innecesaria, me firmó un ejemplar de Noticias del imperio con una dedicatoria impersonal y no nos volvimos a encontrar hasta después de muchos años, los suficientes para leer y releer varios de sus libros y valorarlo en su impecable calidad, su depurado oficio y el increíble manejo de los acontecimientos históricos desde la ficción.

Esa anécdota fue lo primero que recordé cuando en la mañana del pasado miércoles me enteré de su fallecimiento, su partida es indudablemente una gran pérdida para las letras de nuestro país.

Al llegar a vivir a Guadalajara trece años después de haberlo visto personalmente por primera vez, quienes lo trataban con mayor cercanía en el medio literario de esa ciudad me comentaron de su sencillez y nobleza en el trato. No tuve la oportunidad de acercarme demasiado, fue en 2008 cuando volvimos a conversar brevemente cuando escribía mi columna “Estantería” en La Jornada Jalisco y le dediqué una colaboración sobre la reedición de su libro La cocina mexicana escrito por Del Paso y su esposa Socorro Gordillo en el que recuperan varias recetas de platillos típicos y en el que el escritor reflexiona sobre el aporte real de nuestra gastronomía al mundo dando detalles del origen de algunos ingredientes. Un libro peculiar que demuestra la genialidad del autor.

Apenas un año atrás Del Paso había recibido el Premio de Literatura de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara en una ceremonia que yo no recuerdo haber asistido.

Nacido en la Ciudad de México en el año de 1935, con sus novelas José Trigo (1966), Palinuro de México (1977) y Noticias del Imperio (1987), Del Paso se convirtió en uno de los principales exponentes de la narrativa mexicana del siglo XX. Se desempeñó desde 1992 como director de la Biblioteca Iberoamericana Octavio Paz de la Universidad de Guadalajara ubicada en el centro de la capital tapatía.

Con una amplia obra literaria que incluye novela, cuento y ensayo, entre otros géneros, a lo largo de su trayectoria creativa recibió los premios Xavier Villaurrutia en 1966 por José Trigo, el Premio México de Novela en 1975, el Rómulo Gallegos en 1982 por Palinuro de México, el Mazatlán de Literatura en 1988, por Noticias del Imperio. También se le otorgó el Premio Nacional de Ciencias y Artes de México en 1991, ingresó como miembro del Colegio Nacional en 1996 y en la Academia Mexicana de la Lengua en 2006. Como lo comenté el 2007 recibió el Premio FIL de Literatura, y el Doctorado honoris causa por la Universidad de Guadalajara en 2013.

Recientemente se le otorgó el Premio Internacional Alfonso Reyes en 2014, el Premio Cervantes en 2015 y la Medalla Sor Juana Inés de la Cruz en 2018.

Mi buen amigo, el narrador Gabriel Martín tuvo el privilegio de trabajar con Del Paso durante cuatro años corrigiendo citas para su serie de libros Bajo la sombra de la Historia: Ensayos sobre el Islam y el Judaísmo, siempre se expresó satisfecho y orgulloso de la experiencia.

“Era un gran conversador, con una memoria prodigiosa, Fernando del Paso fue un gran ser humano”, me comentó Gabriel Martín en una breve conversación telefónica.

A Fernando del Paso lo recuerdo en varios eventos literarios en Guadalajara, especialmente en una visita que realizó a la sede de la Cátedra Hugo Gutiérrez Vega acompañado precisamente del poeta entonces director del suplemento La Jornada Semanal. Fue una noche en la que se veía de un excelente sentido del humor, posaba incansable para las fotos. Del Paso junto con Juan Gelman apoyaron en su momento para hacer realidad el Festival anual de Poesía Letras en la Mar que organiza esa cátedra en Puerto Vallarta.

Desde hace menos de un año mi amiga, la poeta Carmen Villoro  tuvo la mayor cercanía con Fernando del Paso al ser la responsable de la Cátedra que lleva su nombre en la Universidad de Guadalajara.

Al mediodía del miércoles pasado, me encontré con el poeta Jorge Souza quien me había invitado a participar en un conversatorio sobre periodismo en el Centro Universitario de Arte, Arquitectura y Diseño de la Universidad de Guadalajara como parte de las actividades de la Cátedra Hugo Gutiérrez Vega que dirige recientemente. Apenas tres horas antes había fallecido Del Paso y estábamos en la puerta del auditorio en el que se desarrollaría la actividad, nos saludamos y ya dentro de manera acertada Souza dedicó el evento a la memoria del novelista fallecido.

Horas después la funeraria estaba llena de familiares, amigos del novelista y funcionarios universitarios. Al día siguiente se realizó un homenaje en el Paraninfo de la Universidad de Guadalajara. Queda para mi memoria una noche en que nos saludamos brevemente en el Instituto Cultural Cabañas en el marco de un evento que ya no recuerdo cuál era, pero en el que el maestro se veía feliz, sonriendo con una mirada intensa detrás de sus infaltables anteojos oscuros.


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Fabián Muñoz

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