Opinión

La comparecencia del secretario Altamira (2) / Agenda urbana

La semana pasada en este espacio se analizaron diversas declaraciones de José de Jesús Altamira, secretario de Obras Públicas, durante su comparecencia ante el congreso con motivo de la Glosa del Segundo Informe de Gobierno (https://bit.ly/2QaPSTS). A continuación se analizan algunas declaraciones adicionales.

Primero, al ser cuestionado por la tala de árboles en la ciudad, José de Jesús Altamira aseguró que “Llevamos más de 1,200 especies arbóreas con la solicitud de estos requerimientos de compensación. Aunado a esto llevamos más de 7,000 especies arbóreas en los diferentes puntos del estado y de la ciudad por medio de la Secretaría de Medio Ambiente, y esto viene a una compensación de 1 a 20… el procedimiento legal me indica un promedio de 1 a 5 hablando del tema de compensación… para poder cumplir con el tema de sustentabilidad y medio ambiente… No nos quedamos con la compensación de 1 a 3 o 1 a 5, hacemos también compensaciones económicas y donaciones, por ejemplo, a los viveros municipales”. Lo anterior hace evidente que el secretario desconoce la manera en que la arborización puede beneficiar a la ciudad en función de su distribución y localización. Veamos.

Los beneficios de los árboles son diversos: actúan como filtro de contaminantes; liberan oxígeno; absorben dióxido de carbono; reducen el agua de lluvia que escurre sobre el suelo, con lo cual puede disminuir la probabilidad de inundaciones; proveen sombra para mitigar el fenómeno de isla de calor, entre otros. En ese sentido, la compensación que sugiere el secretario puede ser insuficiente: no se trata de proveer esos servicios ambientales en el Parque Rodolfo Landeros o en los viveros municipales, sino donde más se necesitan, es decir, en la totalidad de la ciudad. La ubicación de los árboles si importa, pues pueden cumplir funciones específicas según donde se encuentren, como reducir la temperatura en zonas con amplias superficies de concreto o proveer sombra para facilitar la movilidad peatonal o absorber agua de lluvia en sitios donde suelen presentarse inundaciones o encharcamientos o simplemente aumentar el atractivo de un lugar. ¿De qué sirve remover los árboles de la ciudad para concentrarlos en un gran parque o en un conjunto de viveros? ¿Es ahí donde más se necesitan los servicios ambientales? Además, esos servicios dependen del tamaño y la capacidad de cada ejemplar, por lo cual reemplazar árboles de gran envergadura por unos cuantos de menores dimensiones muy probablemente no compensará lo suficiente.

Segundo, Altamira asegura que el gobierno realiza procesos oportunos, incluyentes y efectivos de participación y socialización de la obra pública, y asegura que nadie le ha manifestado estar en contra de ninguna obra: “En Colosio tuvimos acercamientos y reuniones con los presidentes de los fraccionamientos directamente y del club que ahí se encuentra, atendiendo directamente de manera previa y en el proceso de la obra a estas solicitudes que nos comentaban. En ningún momento nos manifestaron que estaban en contra de la obra, asimismo en las dos ocasiones que tuve encuentros con algunos representantes de los locatarios de Antiguo Camino a San Ignacio, en ningún momento me manifestaron que estaban en contra de la obra…”.

¿Qué le hace pensar al secretario que reunirse con el presidente de un club o un selecto y reducido grupo de vecinos equivale a invitar a la ciudadanía a conocer, participar, informarse y opinar acerca de lo que en algún sitio se pretende construir? Organizar una reunión con unos cuantos empresarios un 25 de diciembre en la mañana -como hizo Altamira en el caso del paso a desnivel de Colosio con Universidad- no es más que una ocurrencia. Además, de existir procesos reales de participación y socialización, el rechazo y la oposición a diversos proyectos de obra pública tenderían a ser menores, lo contrario a lo que ha sucedido recientemente con el Eje Vial de López Mateos y el nuevo paso a desnivel de avenida Aguascalientes y Antiguo Camino a San Ignacio.

Tercero, Altamira asegura que la obra pública es uno de los principales motores del desarrollo económico de la entidad: “…el sector de la construcción mueve más de 40 ramas del comercio, que tiene que ver de manera directa e indirecta con la obra pública; en materia de empleos una obra puede generar de 0 a mil empleos directos, de manera que esto se duplicaría de manera indirecta. Esto genera recursos que sirven a las familias en sustento económico para mejorar su calidad de vida, por ello es de suma importancia seguir con el ritmo que se tiene en materia de obra pública”.

Por supuesto, la construcción es un sector relevante de cualquier economía, pero la construcción es el resultado, no la causa del éxito de una entidad; es decir, asumir que a mayor construcción, mayor éxito puede ser equivocado. Es verdad que los gobernantes suelen utilizar la obra pública para vender una idea o imagen de éxito y desarrollo -como sucede en Aguascalientes-, pero diversas experiencias sugieren que el verdadero éxito proviene de la calidad del capital humano, la innovación y la promoción de sectores económicos de mayor valor agregado mediante mejor educación, formación, capacitación, entre otros. Es decir, no se trata de inhibir la construcción, sino de orientarla hacia proyectos que faciliten el desarrollo de sectores económicos de más valor. En ese sentido, el secretario parece padecer de lo que Edward Glaeser, economista de Harvard, denomina el “complejo de la edificación”: creer equivocadamente que la cantidad de construcción o el tamaño de las estructuras definirán al éxito de una entidad. Como dice Glaeser, las personas -no las estructuras- determinan ese éxito.

[email protected] / @fgranadosfranco

 


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Fernando Granados

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