Opinión

El fenómeno titulado Roma/ Alegorías Cotidianas

Quizá no imaginamos que una película mexicana en el 2018 causara tanto revuelo, claro está, siempre el cine comercial es el que tiene mayor número de seguidores sin importar la calidad estructural o el género.

Durante décadas el cine de arte ha sido relegado por no ser comprendido, el contemplativo no es muy gustado por ser lento y compite con la rapidez visual de lo comercial.

Después de mucha especulación, robo de equipo, denuncias en la Ciudad de México, hermetismo y sin una distribuidora potencial en salas de cine, el estreno de Roma, la última película de Alfonso Cuarón, llegó a las pantallas grandes y chicas.

Lo primero que podemos comentar es la distribución, se estrenó en Netflix el 14 de diciembre, pero antes en salas alternativas y cines no muy comerciales. Para poder verla sólo es necesario que el propietario del establecimiento tenga un proyector 4K para que sea acreedor de una copia y si a eso le sumamos que ahora Cuarón invita a la gente a exhibirla en la calle, parques y jardines de todo el país, se multiplican las posibilidades de poder vivir la experiencia Roma en otra dimensión.

Tuve la oportunidad de ver la película en una sala de cine cercanísima a la glorieta del Quijote, sin intermedios. Fue muy particular pues el 50 por ciento de los asistentes eran adultos mayores y el resto variábamos nuestro rango de edad entre los 20 y 50.

Casi estaba la sala llena. Los expectantes, ninguno sabíamos en realidad qué era lo que presenciaríamos en ese lapso que le dedicamos al cine mexicano. La película transcurrió entre nostalgia, simpatía, asombro y llanto.

Situada en 1970, Roma es una película que trae muchos recuerdos para quienes en esos años eran jóvenes o adolescentes. La película está cargada de símbolos que quienes no crecimos en esa época en la Ciudad de México podemos tener noción de ello gracias a la literatura de aquella época.

Es impresionante cómo recrea los años 70, cada detalle tan bien pulido nos recuerda las películas del Siglo de Oro del cine mexicano. En ocasiones se trata de recrear una época y no se consigue al 100 por ciento, pero no es el caso, salvo que en aquellos años el agua aún no se vendía embotellada.

Si medimos la estructura de la película con el paradigma de Siegfried donde la heroína cumple los tres actos limpiamente y llega a la transición de una manera sutil y muy romántica.



Pareciera que la narrativa de la estructura dramática fuera contada desde los recuerdos de la infancia de Cuarón pues, algunas cosas podrían ser compatibles, como la forma en la que son educados los chicos en la película o la hiperbolización de aspectos como la quema del bosque y la visión de la madre ausente.

Cleo, el personaje principal, marca la transición del México tradicional y la evolución al moderno en un espacio donde las vicisitudes hacer crecer al personaje y lo convierten en el todo, llegando así a la madurez; una concreción vanguardista de sí misma.

1970 es un año donde aún había mucha represión a la expresión y la sombra del 68 aún no desaparecía y creaba grupos de choques que conflictuaban a la ciudad y liberaban el derecho reprimido a manifestarse.

Roma es una película con metáforas visuales hechas a la antigua, con los tiros que eran o son empleados en nuestro cine sin intentar copiar los esquemas narrativos de otros países.

Es una película que bien puede servir para una clase de guionismo y no únicamente para apreciación cinematográfica, pues su estructura es digna de un Oscar, ya sabe lo que dicen: puede haber una buen guion llevado a la pantalla grande con un mal director y convertirse en un éxito, pero un mal guion nunca podrá conseguir lo contrario.

El crecimiento de Cuarón como director, productor y guionista está en su punto máximo, si bien es cierto que su primera actriz no lo era antes de filmar la película y que es muy talentosa, no hubiera podido explotar su potencial si hubiese trabajado con un director sin el conocimiento de Don Alfonso.

Roma es la prueba latente que no cualquiera hace cine y que se necesita escuela; no me refiero a pasar por las aulas y obtener un título con mención, sino el aprendizaje in situ que da el trabajar, trabajar, equivocarse, volver a la marcha sin creer que se sabe todo en la postura de seudo cineasta sobre todo en estos momentos en los que muchos creen serlo.

Si no ha visto Roma aún ¿qué está esperando? Invite a sus cuates, amigos y familiares a verla, participe de este ejercicio donde todos podemos tener acceso a la película y crear metatextos después de ella.

Si quiere ir más lejos, haga la ruta de la Guía Roji de Roma en la Ciudad de México, aprecie las fachadas de las locaciones e imagine lo que el lugar puede contar sobre la historia de esa vieja colonia, así como del rodaje.

Todos los caminos llevan a Roma, todas las pantallas y corazones también.

 

Laus Deo

@paulanajber

 

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Paula Nájera

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