Opinión

Frank Zappa / El banquete de los pordioseros

 

Somos sátiros, y estamos aquí para satirizarlo todo

Frank Zappa

 

Entiendo que lo lógico sería escribir en esta ocasión sobre John Lennon, sobre todo porque la publicación de este Banquete está muy cerca con la fecha de su aniversario luctuoso 28 que recordaremos mañana 8 de diciembre, pero el 4 de diciembre de 1993 murió Frank Zappa, y aunque definitivamente no necesitamos pretextos para recordarlo y dar una revisada a su monumental discografía, 25 años marcan una pauta y vale la pena hacer un alto y revalorar su legado musical.

Frank Zappa es de otro código postal, no es de las mayorías, no le interesaban las ventas millonarias de sus discos ni los primeros lugares en las listas de popularidad, eso no era para él, tampoco estaba interesado en lucir sonriente en las entrevistas ni manejar argumentos complacientes con la ridícula pretensión de quedar bien con todos –por cierto, cómo detesto eso-, al contrario, sus punzantes y radicales críticas molestaban a más de uno, su sarcasmo iba dirigido principalmente al nice american boy y al american way of life, a toda la sociedad de consumo de su país pero que puede permear sin problemas a todo el mundo. Ese es el contenido de su música, o diríamos mejor que la música es el vehículo justo para difundir su manera de pensar, así como con Jim Morrison la música fue el medio de externar su poesía, en el caso de Zappa la música es el marco ideal para exhibir su inconformidad y su punto de vista crítico, siempre puntual y rebosante de un inteligente y muy bien logrado sarcasmo.

Pero independientemente del complejo contenido crítico de su obra, la música es también una genialidad, es más, me atrevo asegurar que en más de una ocasión sus portentosas obras musicales llegaron a distraernos de las letras que se escondían en tan fascinante discurso musical. No debemos olvidar, me parece un injusticia si esto sucediera, que Frank Zappa era un guitarrista de primer nivel, un compositor de proporciones inconmensurables, pero un crítico de la sociedad que le tocó vivir, quizás sólo comparable con la punzante pluma del irlandés Oscar Wilde.

Frank Zappa era sobre todo uno de esos casos, muy contados por cierto, a los que podemos llamar con toda justicia genios, verdaderos genios que están más allá del bien y del mal, sobrepasa por mucho lo común, lo que es vendible, no obstante sí logró, con todo y su lenguaje musical tan demandante y poco convencional, figurar con algunos de sus discos con cifras de ventas importantes, aunque insisto, ese estaba muy lejos de ser su objetivo.

Zappa tenía la mirada puesta en otros objetivos, incluso en sus influencias musicales en donde el blues me parece un elemento indispensable para poder entender bien su propuesta, se nutría de otras fuentes quizás no muy comunes en el rock, solía escuchar a compositores tan poco probables en un joven de 15 años como lo es Edgar Varèse, esto como consecuencia de que por alguna razón cayera en sus manos un disco llamado The complete Works of Edgar Varèse, volumen 1, y si a esto le añadimos un artículo que cayó en sus manos sobre el trabajo de percusión que hacía Varèse en una de sus obras más emblemáticas como es el caso de Insolation, cautivó al pequeño Frank quien manifestó un profundo interés por la percusión, aunque realmente él era un consumado guitarrista y pero también manifestó un gran interés por la orquestación.

Edgar Varêse debió ser, sin duda, el acceso al inagotable horizonte de la música contemporánea, Frank Zappa encontró en esta música posibilidades infinitas de experimentación y creación musical, de ahí al conocimiento de otros emblemas de la música del siglo XX fue un pequeño paso, Igor Stravinsky y la música serial, especialmente la obra de Anton Webern significaron para el joven Zappa un mundo de posibilidades que más tarde traduciría en su propia música contemporánea.

Además de algunos discos indispensables en la más exigente fonoteca de rock, discos como el primero de 1966 Freak out, Lumpy Gravy de 1967, We’re only on it for the Money de hace 50 años en cuya portada hace una parodia del Sgt. Peppers de The Beatles. Posteriormente, ya en los 70 sorprende con Chunga’s revenge, Over-nite sensation Joe’s Garage y Apostrophe. Apareció su ciclo de conciertos agrupados bajo el nombre de You can’t do that on stage anymore, en el ‘84 aparece el maravilloso Does humor belong in music? En fin, comprenderás que la lista es muy extensa, pero ya en los 80 experimenta con otros lenguajes musicales, aborda una asignatura que tenía por ahí pendiente, la música de concierto con los dos volúmenes de la London Symphony Orchestra y después se sumerge en las profundidades de la música contemporánea con discos como Boulez conducts Zappa: The perfect stranger, lógicamente con una de las batutas más autorizadas para el lenguaje contemporáneo y que se convirtió en un especialista de la obra de Zappa, y más tarde, en 1992, ya con la enfermedad muy avanzada, logra sacar una verdadera joyita The Yellow Shark que se publicó el mismo año de su muerte, 1993. Tanto en el Perfect Stranger como en el Yellow Shark participa el Ensamble Intercontemporáneo, una de las mejores entidades en este tipo de lenguaje musical.

Hace 50 años murió Frank Zappa, un verdadero genio, compositor con una fuerza creativa inagotable y un guitarrista consumado, odiaba los lugares comunes y evitaba toda actitud complaciente, imposible entenderlo al margen de su implacable discurso crítico Hoy lo recordamos en el Banquete de los pordioseros.


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Rodolfo Popoca Perches

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