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Idilio

Tal vez fue en los ojos donde empezó el idilio. Me enamoré de este lugar a primera, segunda y tercera vista. “Guardagujas” era el suplemento cultural de La Jornada Aguascalientes. Breve, fino, novedoso y puntual, por mucho tiempo conservé sus números como reliquia. Venía incrustado en el periódico, que también ojeaba y hojeaba. Hasta que un día quedé prendida de ambos.

El amor comienza muchas veces por los ojos. Descubres la novedad con euforia y energía, observas las oportunidades que te ofrece, te anclas a lo bueno, tienes esperanza en que rinda frutos. Y después vienen los días de tedio, todos iguales, los ves aburridos unos, pesados otros. Largos, a la espera de ver caminos diferentes a lo lejos. Silenciosos. Según los teóricos del amor, el periodo de enamoramiento primero es de entre tres y cuatro años, el tiempo necesario para seguir con los descubrimientos antes de que se agoten, reproducirse o ya de plano cambiar de aires. O bien, la chispa regresa y ves con ojos nuevos lo que siempre ha estado frente a ti. Un baño natural de anfetaminas que inunda los centros emocionales de tu cerebro e inaugura la segunda etapa del amor, el apego, con todo y la sensación de seguridad y paz. Aquí estoy yo después de cinco años de romance. La Jornada Aguascalientes se convirtió en mi segunda casa, un amor que ha circundado entre la desesperación y el gozo, entre los días llenos de expectativas, emociones y asombros, y las noches enteras de leer, desmenuzar, descubrir. Un enamorarse de su gente y de lo que a diario ocurre aquí.

Si bien he tenido separaciones breves, ganas de no volverlo a ver, de sacarle los ojos o arrancarme los míos, de irrumpir a media oficina y gritarle que me tiene harta, el periódico (úsese como la mejor metonimia para todo lo que abarca) ha sabido ser paciente y entender. Invariablemente he regresado ante la autoprivación del narcótico natural que me da: la endorfina, añorando una nueva dosis y la dinámica de sus días.

Hoy festejo sus primeros diez años. Diez años. Ha crecido y yo con él. Lo veo con nuevos ojos. Cada plana, cada portada, cada línea, lleva la emoción y la delicadeza con la que se atiende al amado. Un periodismo inteligente como su mejor presentación (qué pueden decir mis ojos de amor), al que a las pruebas me remito. Aunque las prisas, los desvelos y la falta de café hacen que los errores se cuenten por cientos, la certeza de su querer me ayuda a no desistir de las faenas.

Propio del amor es el separarse. Nada dura para siempre. El exceso de seguridad, el cansancio en mis ojos, o mis receptores de endorfinas bien pudieran perder la sensibilidad, desvaneciendo el apego y la emoción. Todo puede pasar. Qué más desea una que romper en los mejores términos, pues compartir mi vida con estas personas por cinco años, en este lugar, ha hecho que no sea nunca más la misma. Aquí estoy.

Me enamoré de este lugar a primera vista con su suplemento, luego a segunda como lectora del periódico mismo y después desde adentro de él, desde donde sucede la magia, la noticia, nuestra manera de ver la vida, el forjar patria, la incansable labor de esta, mi casa. Y no es que yo sea una romántica empedernida, es que él ha sabido ser un buen amor.

 

@negramagallanes


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Tania Magallanes

Tania Magallanes

Jefa de Redacción de LJA. Arma su columna Tres guineas. Fervorosa de lo mundano. Feminista.

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