Opinión

Presidente de México / Café Fausto

La mesa estaba llena, casi siempre la mesa del comedor de mi casa entre semana estaba repleta con mis hermanos mayores y otro tanto o más de estudiantes universitarios que vivían en mi hogar como huéspedes. El ambiente era festivo y animado. Es un recuerdo imborrable de mi infancia.

Ahí todos conversaban y hacían bromas, se hablaba con total libertad de las noticias del día y por supuesto de política. Uno de los huéspedes que era bastante ilustrado imitaba en tono de broma al Presidente de la República poniéndose de pie y decía un discurso. En esa broma aseguraba que nuestra casa era la Residencia Oficial de Los Pinos. Confieso que en esos años al preguntarme algún adulto qué quería ser de grande yo expresaba que deseaba ser Presidente de México.

Eran los años en que en la ciudad de mi infancia había algunos exiliados y refugiados políticos de América del Sur y centroamericanos dedicados a la academia en la Universidad o en labores operativas dentro del sector turístico, era entonces la década de los setenta.

Con los años me fui dando cuenta que quienes iban teniendo el cargo de Presidente de mi país no eran ejemplo ni de nobleza, honradez y ni siquiera tenían un honesto sentido de servicio a la patria, mi visión de lo que representaba ser Presidente se modificó al conocer esa dolorosa realidad, ya no quería ser el mandatario federal, sino que deseaba que ellos, ese tipo de personajes siniestros dejaran de serlo.

Al paso de los años y al tener contacto con diferentes lecturas desde mi adolescencia definí poco a poco el que es ahora mi perfil ideológico y mis coincidencias con diferentes teóricos que han buscado no solamente interpretar la realidad, sino sobre todo transformarla en una sociedad más justa e igualitaria.

Estoy convencido que muchos mexicanos de mi generación crecimos viviendo el anhelo de un cambio en México con la frustración de los fraudes electorales, la imposición, la represión, la inequidad y el engaño como dinámica de nuestros gobiernos. Aunque de niño aseguraba que estudiaría Derecho, ya en mi juventud decidí estudiar Medios Masivos de Comunicación, dedicarme al periodismo y a la literatura en gran medida porque veía que a través de esas actividades podía contribuir a cambiar la realidad de mi país.

Pertenezco a una generación que al tiempo que vivía su juventud vio nacer y crecer el régimen neoliberal en el poder federal y sus desafortunadas consecuencias de mayor desigualdad económica, concentración de la riqueza en pocas manos, incremento de la pobreza y la violencia.

En ese periodo vino la oportunidad de una alternancia política y apoyé e incluso participé en el proyecto porque se había propuesto que sería incluyente y plural con todas las corrientes de pensamiento político opositor, pero en las grandes decisiones no fue así. Esa etapa podría definirla con la emoción del desencanto, que en ocasiones pienso que es todavía peor que la frustración. El mayor de esos desaciertos fue la oscura trama del intento de desafuero a Andrés Manuel López Obrador y el ya comprobado juego sucio para intentar descarrilar a su proyecto político, desde entonces decidí apoyarlo al encontrar mucha coincidencia ideológica con sus propuestas.

La persistencia, la constancia, así como la creación de un movimiento propio convertido después en partido político en medio de un país marcado por el fraude electoral, la violencia y la corrupción fue lo que pudimos ver en el proyecto de López Obrador en estos últimos doce años. Posteriormente vino la tercera campaña por la Presidencia de la República que no fue fácil y el triunfo con la promesa del cambio verdadero gracias a un contundente resultado electoral.

Esta mañana tendremos un nuevo Presidente de la República del que me siento por fin representado, del que espero esté él, junto con todos los millones que lo apoyamos a través de las urnas, a la altura del importante momento histórico que nos ha tocado vivir.

Al ver llegar este día, viene a mi memoria el niño que fui que decía que quería ser Presidente, pero que luego no le gustó la idea al ver la conducta de quienes nos gobernaban. Veo que de alguna manera ese anhelo de la infancia, el de ser Presidente, se verá cumplido cuando tengamos ésta mañana al nuevo mandatario federal, porque al sentirme representado en cierto sentido pienso que de alguna manera seré junto con millones de mexicanos, el Presidente de mi país.

Puedo decir que seré y seremos presidentes de México, queda el reto de que todos participemos y lo seamos cada día en estos seis años.

Refill: El próximo sábado 8 de diciembre a las 12:00 horas se llevará a cabo la presentación del libro “Breve Historia del Zapatismo” de Felipe Ávila en el segundo patio del restaurante La Saturnina, ubicado en Venustiano Carranza 110 en el Centro de la ciudad y a las 17:00 horas Ávila dictará la conferencia “La participación ciudadana en la Cuarta Transformación” en el salón IMSS del SNTSS con domicilio en la calle Luis Adolfo 301 en la colonia Lindavista. La entrada es libre en ambos eventos, están todos invitados.

 


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Fabián Muñoz

Fabián Muñoz

1 Comment

  1. Jesús Alberto Muñoz González
    01/12/2018 at 08:47 — Responder

    Muchas felicidades hermano, cada vez me gusta más tu forma de escribir.

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