Opinión

Segundo Informe Municipal / Agenda urbana

En días recientes, la alcaldesa de Aguascalientes, María Teresa Jiménez Esquivel, en un costoso espectáculo dio a conocer los “resultados” del segundo año de su administración. Es evidente que más que informar debidamente a los ciudadanos de su gestión, el evento tuvo como intención marcar el inicio formal de su campaña a la reelección, para lo cual desde hace tiempo ha destinado una gran cantidad de dinero público en publicidad, a pesar de que con frecuencia los anuncios contradicen la realidad. Así sucedió hace un par de semanas cuando el ayuntamiento colocó una valla publicitaria del programa “Banqueta Segura” al margen de una avenida que carecía precisamente de cualquier tipo banqueta (la valla fue retirada durante la noche al hacerse pública semejante contradicción).

En este contexto, en el evento la alcaldesa aseguró que el suyo es “…un gobierno que piensa primero en la gente, un gobierno que piensa primero en cuánto estamos beneficiando a la gente, en lugar de cuántos metros cuadrados de pavimento estamos poniendo”.  Sin embargo, a los pocos segundos se contradijo a través del video que presentó: “…en los primeros dos años de la administración de la alcaldesa Tere Jiménez, en materia de obra pública, la presidencia municipal de Aguascalientes… ha logrado una inversión de 150 millones de pesos, cubriendo más de 120 mil metros cuadrados de concreto hidráulico en diferentes vialidades. Hemos rehabilitado 260 mil metros cuadrados de carpeta asfáltica por un total de más de 150 millones de pesos. Se construyeron y rehabilitaron a la fecha más de 42 mil metros cuadrados de banqueta segura gracias al Programa Banqueta Segura, en distintos lugares de la ciudad. A través del Programa de Rehabilitación y Mantenimiento de Vialidades, se han restaurado más de 399 mil metros cuadrados en avenidas y calles… se han atendido más de 399 mil metros cuadrados en avenidas y calles con una inversión superior de 49 millones de pesos…”

Sin explicar cuáles serían los beneficios de esas obras, las cifras siguieron: “Se ha realizado la rehabilitación de espacios deportivos en varias colonias de la ciudad invirtiendo más de 2 millones de pesos, en conjunto con la rehabilitación de fachadas en viviendas en distintas zonas de la ciudad… Se han llevado a cabo 113 obras de agua potable y alcantarillado, con un monto ejercido de más de 185 millones de pesos… A la fecha, la actual administración ha invertido más de 116 millones de pesos en materia de seguridad pública… Se destinaron 4 millones de pesos en la rehabilitación y mantenimiento de canchas multiusos y parques en diferentes zonas de la ciudad…”

Más que un informe de resultados, la alcaldesa presentó el desglose del gasto público, lo que impidió conocer el impacto real de esas acciones en beneficios tangibles para la población. ¿Qué se pretende lograr con esas obras? ¿Cuáles son los objetivos? Por ejemplo: ¿disminuir los accidentes viales? ¿Reducir el gasto en mantenimiento de vialidades? ¿Acortar los tiempos de traslado? ¿Bajar el número de atropellos? ¿Mejorar la eficiencia en la provisión de agua potable?  ¿Mitigar las pérdidas por inundaciones? ¿Disminuir la incidencia delictiva? ¿Ampliar el acceso de la población a parques dentro de una distancia caminable razonable? ¿Aumentar las horas de actividad física en el espacio público? El informe simplemente olvidó -u omitió- los resultados de las acciones que se supone se han implementado en esta administración. En ese sentido, más allá de la cantidad producida o el dinero gastado se debería informar cómo esas acciones realmente han mejorado la calidad de vida de las personas.

El uso del tipo de “indicadores” que se presentaron en el informe se ha distorsionado de manera que se cree que gastar más o producir más de algo es siempre mejor; no necesariamente es así. Ese enfoque crea incentivos para concentrarse en cuestiones en ocasiones superficiales con la finalidad de presentar cantidades que se perciban altas, mientras se pierde de vista que el propósito no es palomear acciones de una lista o gastar más, sino gastar e invertir mejor para atender de manera eficiente y efectiva las prioridades de la ciudad. Hacia adelante, esperemos la alcaldesa explique la eficiencia municipal en términos del grado en que se cumplen los objetivos de un plan, programa, proyecto o acción en relación con el costo o inversión, y de la eficacia de su gobierno en términos del grado en que se alcanzan los objetivos propuestos: reducir la delincuencia, disminuir los accidentes viales, acortar los tiempos de traslado u otros. El peor escenario sería que además de un gasto público elevado -incluyendo espectáculos, propaganda y publicidad- sean pocos los beneficios reales para la gente.

¿Cuáles han sido entonces los resultados de esta administración municipal?

[email protected] | @fgranadosfranco


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Fernando Granados

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