Opinión

Sí, todos los hombres / Memoria de espejos rotos

Every man ought to be a macho macho man,

to live a life of freedom, machos make a stand,

have their own life style and ideals,

possess the strength and confidence, life’s a steal,

you can best believe that he’s a macho man,

he’s a special person in anybody’s land….

Macho Man – The Village People

 

Dedico esta emisión de Memoria de espejos rotos a todos los hombres. Sí, a todos los hombres.

Hacia 2006, cuando todavía se utilizaba la plataforma MySpace como una red social, la activista Tarana Burke utilizó la afirmación Me Too (Yo también) dentro de una campaña comunitaria de sororidad entre mujeres negras víctimas de abuso sexual, en zonas marginales de Estados Unidos. Once años después, esta afirmación se convirtió en la insignia de otra campaña más amplia y viral (pero con el mismo objetivo) que se propagó, desde octubre de 2017, en diversos círculos -no sólo de Norteamérica, sino del mundo occidental- luego de que salieran a la luz las acusaciones de abuso contra el victimario Harvey Weinstein, y se destapara la red de abusos de carácter sexual cometidos por hombres en los círculos de la farándula estadounidense. La campaña fue tan amplia, que impulsó a muchas mujeres del mundo a hablar y a empatizar sobre el acoso y el abuso al que hombres de toda clase y condición les han sometido históricamente.

Luego de varios años de denuncias femeninas contra el abuso masculino, una respuesta por parte de “algunos hombres buenos” fue la popularización del hashtag #NotAllMen, etiqueta que comenzó a circular en Twitter hacia 2013 gracias a un chiste de la activista feminista Shafiqah Hudson, que decía más o menos así:

–Shafiqah Hudson: Los hombres y los niños reciben instrucciones sociales de no escucharnos. (A los hombres) Se les enseña a interrumpirnos cuando…

–Hombre: Perdone, No todos los hombres.

A partir de ahí, el #NotAllMen se utilizó tanto por parte de las mujeres feministas para caricaturizar el deslinde arbitrario de los hombres ante las denuncias de abuso, como por parte de “algunos hombres buenos”, que -de manera facilona- se deslindaban del hecho de la violencia de género. Evidentemente, a mayor resonancia de las campañas de denuncia y los esfuerzos de sororidad empática entre las redes de mujeres denunciantes, el No Todos los Hombres ha sido una respuesta tan sistemática como hueca por parte de las personas con pene que pueden estar en el ojo del huracán por sus conductas abusivas, conscientes o inconscientes, explícitas o sutilmente interiorizadas.

Louis C.K. es un guionista y comediante norteamericano que ha utilizado inteligentemente el humor para burlarse no de las víctimas, sino de los victimarios. En sus espectáculos de comedia ha ridiculizado con agudeza y acidez tanto a racistas, como a pederastas, a misóginos, y a explotadores; todos abusadores de cualquier índole. Hace un año fue denunciado por acoso contra amigas y colaboradoras cercanas. Louis no se defendió, aceptó con vergüenza las acusaciones y guardó silencio diciendo que ahora a él le tocaba escuchar. Meses después -en plena campaña presidencial en México- Andrés Manuel López Obrador de gira por Tijuana, evadió una pregunta que le hiciera Lorena García, reportera del diario El Mexicano, y en lugar de contestarle, la besó sin su consentimiento y se retiró sin siquiera excusarse. Recién murió el productor y creador de cómics Stan Lee, y lo pomposo de sus homenajes fúnebres opacaron las denuncias por acoso y hostigamiento sexual que varias mujeres pusieron en su contra, y que fueron matizadas por millonarios acuerdos económicos con las víctimas. Hace apenas unos días, el astrofísico y divulgador de la ciencia Neil deGrasse Tyson ha sido tema público luego de que salieran a la luz dos acusaciones de acoso (una de 2009 y otra de 2018) en las que se señala que el científico había tenido “conductas inapropiadas” contra una admiradora y una colaboradora. Neil de Grasse publicó un comunicado disculpándose, con el argumento de que no sabía que su conducta había sido invasiva para las denunciantes.

Pongo estos cuatro ejemplos emblemáticos para hacer una afirmación temeraria, pero clara: Sí, todos los hombres. Sí, todos los hombres hemos cometido conductas abusivas -en distintos grados y en diferentes momentos de la vida- contra mujeres, sólo por el hecho de que somos hombres en un modelo relacional de evidente inequidad de género. Hemos normalizado tanto el privilegio masculino que nos es difícil asumir el hecho de que -en realidad- hemos vulnerado, invadido, actuado sin consentimiento, humillado, opacado, nulificado, maltratado, mentido, chantajeado, culpado, cosificado a las mujeres sólo por el hecho de que son mujeres. Cuando afirmo Todos los Hombres, prioritariamente me refiero a los hombres cisgénero heterosexuales: los principales beneficiarios de una cultura patriarcal inequitativa que -desde toda la vida- hemos visto como normal. Mención aparte merecen las personas con pene que no son cisgénero, o que gozan algún grado de orientación homosexual; con estas personas es más complejo, porque además de ser también víctimas del patriarcado heteronormado, a causa del andamiaje cultural que padecemos (por mímesis) pueden llegar a replicar conductas típicas del machismo.

Con esto no quiero decir que ahora todos los hombres somos abusadores, pero sí que hemos callado cuando alguno de nuestros pares ha cometido abuso; no quiero decir que ahora todos acosemos, pero sí que hemos enjuiciado a la víctima y no al victimario; no quiero decir que ahora todos los hombres hayamos golpeado mujeres, pero sí que las culpamos a ellas por “habernos provocado”. No quiero decir que -hoy por hoy- todos tengamos conductas inapropiadas o francamente violentas, pero sí que en algunos capítulos de nuestra biografía todos las hemos tenido, y que una inmensa mayoría actualmente las conserva. En el fondo de todo se encuentra nuestra gran incapacidad para entendernos y entender nuestras emociones, afiladas por la forma en la que hemos construido nuestra masculinidad, y empujadas por la presunta superioridad que la virilidad posee sobre la feminidad. Sí, todos los hombres cisgénero heterosexuales hemos idealizado la feminidad desde perspectivas misóginas que cosifican las virtudes “deseables” en una mujer, y eso nos ha llevado a enlodar los procesos de diálogo y empatía, tanto para relacionarnos con nuestros pares masculinos, como -sobre todo- para establecer relaciones sanas con las mujeres.

Aun con todo esto, no faltará la persona orgullosa de su pene que se excuse con un No Todos los Hombres. A estos, con más empeño, va la invitación a que se enteren de qué va el patriarcado y cómo este sistema ha fomentado relaciones de inequidad a lo largo de la historia. Luego, cuando se vean a sí mismos como producto de una cultura que normaliza roles desiguales, no vendría mal un sincero examen de consciencia para vernos a nosotros mismos con ojos críticos y entender cómo Sí, todos los hombres, hemos contribuido a la manutención de este sistema que nos privilegia a cambio de vulnerar a las mujeres. Y no sólo a éstas, también a otras personas con pene (o sin éste) que no cumplen de manera binaria los estándares deseables de la “masculinidad” que nos han enseñado, y a quienes -en nuestra ignorancia- nos sentimos capacitados para juzgar, relegar, señalar, estigmatizar, y violentar. Pero no vamos a dar ningún paso adelante, si antes no nos damos cuenta de que esto es un problema. Amigo, date cuenta.

Una forma de empezar a contribuir para erradicar la vulneración que los roles de género heteropatriarcales han fomentado, sería que los hombres -al menos por pudor- nos pusiéramos en el centro de la discusión sobre la violencia. Finalmente, hemos sido los hombres quienes histórica y estadísticamente hemos violentado más (y sí, estadísticamente es muy seguro que tú o yo lo hayamos hecho, o lo estemos haciendo); y luego, dejar de defendernos como si fuese personal contra ti o contra mí. Que sí, es personal, pero lo personal es político, y atiende a las formas en las que personalmente (y colectivamente, por supuesto) hemos utilizado el poder de género. En este ad hominem estamos Sí, todos los hombres, porque todos nos hemos beneficiado de ese poder.

Todo es tan fácil (o tan difícil) como la poderosa y liberadora afirmación Sí, yo también; Sí, todos los hombres, y comenzar desde ahí -desde uno mismo- para asumirlo, actuar en consecuencia, y luego propagarlo a fin de normalizar la revisión autocrítica. Pero sin nada de fruslerías como que a mí me criaron mujeres y yo lavo y plancho; o idioteces del tipo de yo respeto a las mujeres que se dan a respetar; o peor aún, evidencias de cretinismo como yo respeto a las mujeres porque tengo una madre y una hermana; o insultos a la inteligencia como las feministas de ahora ya no quieren igualdad, sino supremacía; o estupideces como la mujer merece lo mejor porque es la creación más hermosa; o retóricas tan similares como imbéciles. Amigo, date cuenta; no somos parte del problema; somos el problema. Vamos, si personas valiosas, inteligentes, trabajadoras, inspiradoras, cisgénero, heterosexuales y con pene, que son grandes referentes sociales, tales como Louis C.K., Neil de Grasse Tyson, Stan Lee, o el propio Peje, han hecho -espontánea y libremente- cosas jodidas contra las mujeres ¿Qué podríamos esperar de un “hombre bueno”, promedio y común, como tú o como yo? Esto, más que un mea culpa, es -en verdad- un exhorto para revisarnos a fondo ¿Le entras o le sacas?

 

[email protected] | @_alan_santacruz | /alan.santacruz.9

 


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Alan Santacruz Farfán

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