Cultura

Sobre el miedo de reconocer (fotógrafas de lo incómodo)

En una dura crítica de Jean Baudrillard hacia la forma en que se nos presenta el arte como algo más bien simulado, como algo que no se convence a sí mismo de que eso sea arte,  el filósofo y crítico le da mayor importancia al objeto que al manipulador:  “Ustedes creen fotografiar alguna cosa por placer, pero de hecho es ella la que quiere ser fotografiada, no son más que la figura de su puesta en escena, secretamente, por la perversión auto publicitaria del mundo circundante”.

Esto desde luego es un golpe de varita a las manos de quienes creen ser los absolutos hacedores del arte, pero también es un reto para aquellos que hacen de su oficio artístico la práctica de capturar la esencia de las cosas. 

Muchas veces se ha repetido que el oficio del fotógrafo no es fotografiar, ni siquiera el de estar en el momento de un acontecimiento, sino el de narrar. Los fotógrafos son narradores visuales, transmiten historias que a veces parecerían ser fáciles de contar: fotografiar una aurora boreal siempre será hermoso, pero la práctica del fotógrafo no debe limitarse a captar, sino a mediar entre el objeto y el expectante.

Por ejemplo, ¿cómo acercar los ojos de las personas a algo que está lejos del ideal de belleza? ¿qué hay de todo aquello que es difícil de retratar? ¿cómo lograr la apreciación de algo feo, algo incómodo de ver? Ahí la verdadera misión del fotógrafo, suscitar a la mirada.

A mediados del siglo XX, en Nueva York, la fotógrafa austriaca Lissete Model ya había logrado curtir un estilo propio que se apartaba de las convenciones. Ávida por retratar la vejez y la miseria, logró fotografías que enfocaban “el punto más distorsionante y distorsionado de la realidad”. Se sintió atraída por personas que eran diferentes, que eran marginadas por su aspecto, que salían de la normalidad, entendida como lo tolerado.

Sin embargo, la visión de Model no habría alcanzado su punto álgido sino hasta conocer a Diane Arbus, quien sería su discípula y quien extendería su estilo.

Como profesora de fotografía, Lissete solía aconsejar que no retrataran algo que no les apasionara, y que, al encontrarlo, lo observaran hasta el desgaste: “No pulsen el disparador hasta que el sujeto que enfocan les produzca un dolor en la boca del estómago”, consejo que Diane Arbus tomaría para determinar su estilo.

Los retratos tanto de Lisset Model como de Diane Arbus son imágenes que bien pueden provocar el miedo, la curiosidad o el morbo, pero jamás la indiferencia.

La discípula de Model, visitó los lugares más relegados de los Estados Unidos de 1950-1960. Solía acercarse a las personas consideradas como “monstruos” por su aspecto: deformes, desplazados, fenómenos de circo, aquellos que los estadunidenses denominaron freaks.


Diane Arbus amplió la cosmovisión: no sólo se trata de contemplar lo que es difícil de observar, sino de lo que nos negamos a aceptar que existe, que está ahí: travestis, enanos, hispanos, homosexuales, negros; no con el objetivo de explotar el morbo, sino de integrar a una comunidad segregada.

Arbus, conocida algunas veces como la cronista de lo freak, nos enseñó que su obra aborda la condición humana, siempre real, sin el temor de reconocer al otro por completo por el miedo de ver y aceptar que hay algo incompleto en nosotros.

 

omar.rtiscareno@gmail.com | @Omar__Tiscareno

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Ángel S. Harguindey, El asombro de Diane Arbus, https://goo.gl/qBDjE

Jean Baudrillard, Ilusión, desilusión estéticas:  https://goo.gl/7rXxae

Oscar Colorado Nates, Diane Arbus, la princesa rota: https://goo.gl/2uN9AE

Tomás Eloy Martínez, Viaje a las tinieblas de Diane Arbus: https://goo.gl/tU2whp

The Author

Omar Tiscareño

Omar Tiscareño

Omar Tiscareño. Editor de La Jornada Aguascalientes. Colabora en la columna semanal Águila o Sol. Enseña español a extranjeros. Tiene fijación por la lingüística, la fotografía y la otredad. Le gusta nadar cuando llueve.

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