Opinión

Sólo el tiempo lo dirá / Mareas lejanas

El alza de la izquierda en México, la llegada de Trump al poder, las nuevas tácticas oscuras de los rusos, la victoria de la ultraderecha en Brasil, la momentánea reaproximación entre las Coreas y la salida del Reino Unido de la Unión Europea son todas cosas de las que he escrito en esta columna, por su cualidad de escenarios vivos del presente. En la observación política, siempre hay que cuidar no confundir la transición con la época. Es lo que le pasó a quien dijo que la historia había terminado. Sin embargo, uno nunca sabe si tenía razón hasta que el tiempo lo dice.

Tal vez estas sacudidas son lo que resulta de la acumulación del pasado que consideramos significativo. En esos términos, ¿Qué será esto? ¿Se trata de una nueva época de fascismo y poderes enfrentados que nos llevará irremediablemente a una guerra mundial en la década de 2030? ¿Se trata un momento de polarización que antecede el advenimiento del mundo pacifico del proyecto de los Derechos Humanos? Ni una ni la otra, o, mejor dicho, las dos y más. Los cortes claros y la separación negro/blanco no son buenas imágenes para entender el pasar de la historia. No es el camino marcado de un proyecto coherente, sino una montaña de acontecimientos en la que hacemos narrativas que nos resultan relevantes e ignoramos todo lo demás.

El incansable paso del caminar del presente nos mantiene aquí, pero el presente en sí nunca está aquí, siempre fue. En cambio, el futuro nunca es. Cuando llega, es presente. Lo único que identificamos con certeza es el pasado. El sábado fue la toma de protesta de Andrés Manuel. Al momento de escribir este texto falta una hora para que sea inaugurado, momento que habrá sido consumado cuando este texto sea publicado. En este sentido, escribo desde el sexenio de Peña Nieto, que es simultáneamente de donde tiene que partir Andrés Manuel.

Y así, haciendo analogía del tiempo, la transición ha sido tal que el gobierno saliente entregó muchas funciones y oficinas al gobierno entrante desde hace algunos días. Ayer, simbólicamente, los funcionarios a las 12:00 de la noche entregaron los despachos. El futuro y el presente están en transición y ya llegó la izquierda. La residencia oficial de Los Pinos será una casa de la cultura.

La administración tiene que lidiar con el pasado: enfrentar o contener a los múltiples y violentos carteles que plagan el país, atender la crisis migratoria y humanitaria en México, Guatemala, Honduras y el Salvador, reducir la violencia feminicida y de género, aprender el arte oscuro del manejo de la confianza de “los mercados” y atacar la endémica pobreza estructural.

Por otro lado, Donald Trump luce cada vez más acorralado y agresivo. La investigación sobre su colusión con Rusia lo tiene preocupado. Su exabogado, Cohen, ha admitido mentir para encubrirlo. Su operador político, Manafort, será enviado a prisión por haber sido descubierto intimidando testigos y dándole información a Trump sobre las preguntas que le hacía la investigación.

Marcelo Ebrard probablemente estará en Washington cuando estés leyendo esto. Tal vez Ivanka y Jared estén en Teotihuacan. Muchos de los temas que la nueva administración debe atender pasan por la cooperación con Estados Unidos. Esperemos que las sacudidas y coletazos de Trump en su lucha por sobrevivir (y no ir a prisión) no afecten la relación bilateral. Sin embargo, solo el tiempo lo dirá.

 

@joseemuzquiz  [email protected]


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José Eduardo Múzquiz

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