Opinión

Camino a la justicia / Disenso

Hace más de un año Ciro Gómez Leyva entrevistó a Andrés Manuel López Obrador -en su calidad de eterno candidato-. En aquel momento Gómez Leyva lo increpaba acerca de la decisión (defendida por aquellos tiempos) de regresar al Ejército a los cuarteles: “¿qué vas a hacer el 2 de diciembre del 2018 si ganas, con la gente que se roba los ductos de Pemex?” fue la pregunta sin espacio para la ambigüedad: “Primero que nada el presidente y los funcionarios de Pemex ya tampoco van a robar, entonces voy a tener autoridad…”, el entrevistador revira: “¿Qué vas a hacer con las personas que se roban los ductos?”; “¿Sabes cuánto roban?” (con tono de que no era tanto como se pensaba), desvió AMLO, “ya sabemos – interrumpió Ciro, anticipando lo que será efectivamente la respuesta de AMLO- roban más los de cuello blanco”; “Vamos a convocar a un acuerdo por la honestidad. Desde el inicio. No van a robar porque no va a haber necesidad”.

Que ser candidato y ser presidente de la República sean dos cosas absolutamente distintas es una verdad de Perogrullo que no merece atención, sin embargo, sí es harto interesante el fenómeno del hombre, respaldado por una incuestionable, decepcionada-esperanzada mayoría deba ahora volver sobre sus propias palabras y comience a gobernar el país con un programa muy distinto al que él mismo planteó en su proverbialmente ambigua campaña. El candidato AMLO fue sumamente hábil para decir muchas cosas que incluso se contraponían, defenderlas, llegar a públicos completamente diversos, repartir tranquilidad a los conservadores y esperanza a los liberales; lo mismo planteaba proyectos que parecían añejos por su intervencionismo económico que prodigaba tranquilidad a los empresarios con propuestas que, en boca de otros, él llamaría “neoliberales”. Su propio círculo llegaba a tener encontronazos de opiniones. Esto último no es necesariamente malo: a pesar de la avasalladora personalidad de López, permitió y sigue permitiendo -qué bueno- cierta pluralidad en quienes lo acompañan.

El asunto que, a poco más de un mes de su toma de poder, se ha anunciado que será el Ejército quien tomará el control frente a los Huachicoleros, que la operación de robo de combustible efectivamente era masiva, que se contratacará sin tregua. No bastó el ejemplo. No bastó tener un presidente honesto, sin propiedades, humilde, prácticamente pobre, para que los ladrones dejaran de hurtar. Evidentemente: porque la criminalidad no se puede -ni se debe- combatir moralmente. La idea de un gobierno “edificante” moralmente parece quedar cada día más lejos, los ejércitos seguirán en las calles (tema peliagudo para otro momento), los castigos deberán darse de manera contundente, los impuestos progresivos tendrán que seguirse dando, los subsidios no alcanzarán, los incentivos para la tributación deberán aumentar.

Una cosa que hay que reconocer sin menoscabos al presidente es su pragmatismo: si como candidato encontró multiplicidad de voces para hablar con diferentes (y casi contrapuestos públicos) como presidente parece decidir desoyendo a los ansiosos críticos y poco preocupado por las maromas que tengan que hacer sus talmudistas. El crédito que aparentemente tiene por ahora el presidente López Obrador le dará para hacer lo que necesite hacer, no importando si se desdice o contradice, y eso puede ser una ventaja para el país. Como sea, hay que celebrar que en la praxis esté desdibujándose la idea de un presidente-santo-abuelo-chamán que guía con su inmaculado temple al país y que esté dispuesto a ponerse en mangas de camisa tanto como sea necesario (aunque el Ejército, como digo, es una terrible decisión, un ejército siempre debe ser tu última carta de defensa, jamás la primera). Yo espero que su pragmatismo se extienda a regiones que me parecen aún más torales para una verdadera transformación del país: si su plan es realmente disminuir sustantivamente la pobreza, ojalá que entienda -por analogía- que las buenas intenciones no sirven de nada y que habrá que cobrar impuestos agresivamente progresivos. El camino no debe ser el bien moral, sino la justicia.

 

/Aguascalientesplural | @alexvzuniga

 

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Alejandro Vázquez Zuñiga

Alejandro Vázquez Zuñiga

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