Opinión

El combate a la corrupción, el huachicol y las causas perdidas

  • Dedicado a todos los involucrados en el Sistema Estatal Anticorrupción del Estado de Aguascalientes, desde la Comisión de Selección, Comité Coordinador, Comité de Participación Ciudadana, Comité Rector del Sistema Estatal de Fiscalización, y Organismos ciudadanos anticorrupción de todo tipo

 

Dicen que hay batallas que merecen ser libradas. Otras tantas, aún sabiendo que están perdidas, merecen el doble de empeño. Monsiváis explica que una causa perdida es aquella en la que “la noción de ‘cumplir con el deber’ [es] recompensa suficiente. Causa perdida es aquella de la que no se aguardan las ventajas”.

Y es que el combate al régimen que nos tiene inmersos no se puede enfrentar sin exigir pleitos. Así es el combate a la corrupción. Para controlar la corrupción se necesita entrar en conflicto, así de sencillo y así de complejo a la vez. Lo demás, todo lo que se diga sin considerar eso, suena a demagogia o simulación. Quien tome en cuenta la agenda al combate a la corrupción no podrá seguir más con prédicas u homilías, que por cierto, con la del caudillo presidencial es suficiente.

El reto es encumbrar una sociedad de reglas, unas nuevas, adaptadas al siglo que vivimos. Y es que no es secreto decir que las TICs (Tecnologías de Información y Comunicación) están condicionando nuestra forma de vivir, de organizarnos, de comer, de ser y hacer, de trabajar, de consumir y de relacionarnos, por decir pocos y algunos verbos.

Sin voluntad de correr riesgos, no hay acción política, escribe Silva-Herzog. Es de reconocerse la puesta en marcha del Sistema Estatal Anticorrupción y los esfuerzos que se han hecho hasta ahora, sin embargo, el ímpetu no se puede quedar en pasillos u oficinas, ni en comisiones o comités que desde el escritorio determinan con señas cómo erradicar este mal endémico. No podemos dejar que la Política Anticorrupción se quede en eventitis, foros, consultas y habrá que decirlo: pose para la foto.

No hay sustituto para la determinación, dicen, y en la coyuntura sobre el combate al huachicol, es claro que no se exagera cuando se denuncia ese crimen, que en muchas ocasiones incluso ayuda a financiar muchos otros. Sin osadía no se podría combatir la corrupción a todos niveles, es cierto, esa osadía incluye forzosamente asumir los costos políticos necesarios, pero el primer camino para el combate es conocer la verdad, ser transparentes, aspirar a ser un gobierno abierto, que hable y comunique, que explique y actúe.

La crisis de comunicación del actual Gobierno Federal se pinta de cinismo. Y es que, ¿por qué no mostrar evidencias sobre la disminución del robo de combustible, como ayer se dijo?, ¿por qué no mostrar evidencias sobre el flujo de las importaciones de combustible, evidencias sobre el combate a la red de robo de combustibles y cómo está siendo mermada o evidencias sobre las investigaciones a los implicados?

Y así, ¿por qué no enseñar todo?, ¿por qué no hacer pública toda información y decisión de gobierno?, ¿no debería ser el ideal?, ¿de quién podría ser la ventaja, imaginemos, de un medio único que podía “filtrar” información en beneficio “propio”, sino en realidad es en beneficio de toda la sociedad que se sepan detalles y evidencias sobre actos en contra de los bienes de todos?, ¿a quién le beneficia siempre que las cosas no se hagan públicas?

¿Fue la “guerra contra el huachicol” una coartada política ante el desabasto de combustibles (falta de pericia del nuevo director de Pemex incluida), así cómo fue la “guerra contra el narcotráfico” una coartada de legitimación política de Calderón en el pasado?

Aguascalientes enfrenta una encrucijada invisible: el fortalecimiento al Sistema Anticorrupción. Digo invisible, porque parece una de esas causas que están ahí y nadie quiere tocar, que todo mundo habla, pero nadie quiere mover, el gran elefante sobre la mesa, y la pregunta sería, ¿es el nuevo nombramiento del CPC y el fortalecimiento del sistema estatal anticorrupción una coartada para seguir legitimando el régimen y el status quo, o estamos todos dispuestos a abrir un debate, evitando argumentos ad hominem, y pensar en el futuro de nuestro estado; o seremos esos cínicos que desde las instancias federales, nos enseñan el camino, que el nuevo jefe es como el viejo jefe?

Discutamos públicamente, aunque creamos como dice Monsiváis, que todo está perdido salvo seguir dando la cara e insistir y persistir. ¿Cuántas investigaciones por corrupción están siendo investigadas en Aguascalientes?, ¿por qué no se le asigna más presupuesto al sistema para incluir y capacitar a más personas en su combate y mitigación?, ¿por qué no denunciamos los delitos, cuál es el porqué del porqué?, ¿por qué no se puede incentivar el periodismo de investigación en nuestro estado?, ¿dejaremos que la corrupción siga acabando con nosotros?, ¿qué tiene que pasar para que nos tomemos en serio ésta lucha cultural/comunicacional?, ¿cómo rompemos el ciclo de tolerar la corrupción?, ¿lo mismo que le pedimos al Gobierno Federal, cuándo lo exigimos aquí?

Claro que lo que se propone es un cambio de largo aliento, pero cómo empezar si no es haciendo del dominio público los hechos, las evidencias, las formas, el cómo no para encontrar el cómo sí. Cabe recordar que las grandes revelaciones en contra de la corrupción en el pasado sexenio fueron a raíz de simbiosis organizacionales e investigaciones periodísticas, que ayudaron a visibilizar el problema, otorgando contexto, señalando a las víctimas y denunciando (Casa Blanca y Estafa Maestra, por ejemplo). También, desde las empresas, estableciendo políticas anticorrupción o códigos de ética se puede dar la batalla.

Explican en el Colegio de México, en el curso sobre Corrupción, que es necesaria la socialización primaria y secundaria, en niveles, estacional, a través de normas conductivas y descriptivas, sólo así, dice la evidencia científica, con un sistema coherente que favorezca la racionalización y la socialización (ésta se entiende por comunicar y abrir a totalidad la información) se disminuye la probabilidad de cometer actos de corrupción.

La agenda anticorrupción es como la agenda de movilidad, se necesita disrupción. Es una agenda que va a contrasentido. Toma tiempo. Vamos tarde. No podemos interrumpir ciclos de políticas públicas, estos deben mejorar. Hay esperanza. Hay experiencias de buenas prácticas, aunque no todo es imitable. Se necesita actuar con base en evidencias. Comunicar y convencer. Persuadir y decir la verdad. Insistir y persistir, aunque parezca causa perdida. Así estamos y estaremos. Y para que no parezca causa perdida, debemos estar convencidos que el interés de todos es el mayor de los intereses: la lucha contra la corrupción.

 

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Francisco Aguirre

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