Opinión

El petróleo: dignidad y soberanía / Taktika

Palacio Nacional, Ciudad de México. 18 de marzo de 1938. Ante la negativa de las compañías petroleras, principalmente británicas y estadounidenses, de acatar el laudo de la Junta de Conciliación y Arbitraje y la sentencia de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, el cual les incitaba a mejorar las prestaciones a los trabajadores petroleros, el presidente de la República, Lázaro Cárdenas del Río, anuncia la expropiación de la industria petrolera.

El michoacano registraría así la jornada histórica: “A las 22:00 horas di a conocer por radio a toda la nación el paso dado por el Gobierno en defensa de su soberanía, reintegrando a su dominio la riqueza petrolera que el capital imperialista ha venido aprovechando para mantener al país dentro de una situación humillante”1.

Las escenas arriba mencionadas son el preámbulo del presente artículo, el cual pretende explicar la lucha épica que, por la propiedad del petróleo, México ha librado a lo largo de los siglos.

Desde antes de la llegada de los españoles a América, se sabía que existían vastos veneros de petróleo y chapopote en la región del Golfo de México. Sin embargo, se desconocía la calidad y bifurcación de los mismos. Fue hasta la lucha que libraba el gobierno de Benito Juárez contra la Francia de Napoleón III y el II Imperio de Maximiliano de Habsburgo que el petróleo hizo su aparición en el discurso estratégico mexicano.

El representante en Washington, Matías Romero, escribió una carta al ministro de Relaciones, Sebastián Lerdo de Tejada, con respecto al oro negro: “Esta nueva fuente de inmensa riqueza descubierta en el país, ha hecho pensar a los especuladores de mayor espíritu de empresa que en México debe haber veneros más ricos que los de Pensilvania, cuya teoría parece sostenerse por la configuración geológica de la República”2.

Tras la restauración de la República y la primera parte del Porfiriato, el petróleo no era una prioridad para el gobierno mexicano. Sin embargo, Porfirio Díaz emprendió, en su intento por atraer el capital extranjero, una serie de acciones legislativas: el Código de Minería de 1884 y la Ley de Minería de 1891, las cuales relegaban las limitaciones de origen colonial a la explotación de yacimientos petroleros y conferían a los inversionistas extranjeros los derechos especiales de propiedad y explotación.

Uno de los empresarios extranjeros que mostró más interés por invertir en la naciente industria fue el británico Weetman Pearson, cuyas empresas habían construido el Gran Canal de Desagüe de la Ciudad de México, el puerto de Salina Cruz y el Ferrocarril del Istmo de Tehuantepec y modernizado los puertos de Coatzacoalcos y Veracruz.

Díaz y su ministro de Hacienda, José Ives Limantour, favorecían a Pearson, pues lo veían como un contrapeso a la influencia estadounidense. Por su parte, Pearson se dejaba querer y presumía: “Poseemos aproximadamente 243 mil hectáreas de tierra en regiones petrolíferas de los estados de Veracruz, Tabasco y Campeche”3.

El 31 de agosto de 1908, Pearson fundó la Compañía de Petróleo El Águila y un año más tarde la “mexicanizó” cuando integró a la élite porfiriana: Guillermo de Landa y Escandón, Enrique Creel, Pablo Macedo, Fernando Pimentel y Fagagoa y, por último, pero no menos importante, a Porfirio Díaz, “Porfirito”. Finalmente, en 1910, El Águila controlaba la mayor parte del mercado mexicano y hacía de México la segunda cuenca petrolera más importante del mundo.

El inicio de la Revolución Mexicana y la expulsión de Díaz, sin embargo, marcarían el principio del fin para el imperio de Weetman Pearson en México. Tras la elección de Francisco I. Madero como presidente, Pearson se entrevistó con don Panchito Madero. A Pearson le desagradó el plan de Madero de gravar las ganancias derivadas de la venta de petróleo, pues los extranjeros habían gozado de un trato privilegiado con Díaz.

Alentados por el embajador estadounidense en México, Henry Lane Wilson, Bernardo Reyes y Félix Díaz se sublevaron contra Madero. Comenzando así la Decena Trágica. Madero y su vicepresidente José María Pino Suárez fueron ejecutados por el traidor Victoriano Huerta, quien usurpó el poder. El primer gobierno extranjero en reconocer a Huerta fue el británico.

Venustiano Carranza se alzó en armas contra Huerta y pronto chocó con los británicos, quienes enviaron una escuadra al Golfo de México y reforzaron sus efectivos militares en Belice. Luego de la victoria sobre Huerta, Carranza decidió enfrentar el tema del petróleo: “las Adiciones al Plan de Guadalupe”, la Comisión Técnica de la Nacionalización del Petróleo y el Departamento del Petróleo fueron los primeros pasos por “restituir a la nación lo que es suyo, la riqueza del subsuelo, el carbón de piedra y el petróleo”.

Al triunfo del Constitucionalismo se convocó a un Congreso Constituyente en la ciudad de Querétaro. Uno de los últimos artículos en ser debatido fue el 27, el que trataba el tema de la posesión de la tierra. El presidente de la Comisión de Puntos Constitucionales, Francisco J. Mújica, y el veracruzano Heriberto Jara transpiraban nacionalismo. Su único contrapeso era el pomposo Félix Fulgencio Palavicini. Por último, el artículo 27 fue votado el 30 de enero de 1917 y aprobado por unanimidad con 150 votos.

Para que el artículo 27 Constitucional se aplicara hubieron de transcurrir dos décadas y se hubo de soportar la presión proveniente de los Estados Unidos -los Tratados de Bucareli y el acuerdo Calles-Morrow. Sin embargo, la decisión tomada por Lázaro Cárdenas del Río afirmaría el nacionalismo económico mexicano al restituir a la nación lo que por derecho es suyo.

Finalmente, las acciones emprendidas por el actual Gobierno Federal contra el robo de combustible -coloquialmente conocido como “huachicoleo”- deben ser vistas como parte de la lucha épica que México ha librado por la posesión del recurso que, según el rapsoda jerezano Ramón López Velarde, nos certificó el maligno.

Aide-Mémoire. El Parlamento británico decidirá hoy, con su voto, varias cosas: el futuro de Theresa May, el devenir del Brexit y la estabilidad de la libra esterlina.

 

1.- Diario de Lázaro Cárdenas del Río, México, 18/mar/1938. Cuauhtémoc Cárdenas, Cárdenas por Cárdenas, México, Debate, 2016, p. 450

2.- Carta de Matías Romero, Washington, 5/abr/1865. En Jorge L. Tamayo (ed.), Benito Juárez: documentos, discursos y correspondencia, v. IX, México, Secretaría de Patrimonio Nacional, 1964-1970, p. 719

3.- Memorándum Compañía Pearson, México, 1/mar/1906. Paul L. Garner, Leones británicos y águilas mexicanas, Fondo de Cultura Económica, 2013, p. 226

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Soren de Velasco Galván

Soren de Velasco Galván

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