Opinión

La tragedia y la oportunidad / Disenso

“Nadie merece sentir su carne arder o sus ojos derretirse” escribió en su muro de Facebook Carlos Olvera, un destacado reportero de este mismo medio, La Jornada Aguascalientes. Es la mejor frase que leí al respecto de toda la tragedia. Nadie merece eso. Quien piensa que “lo merecían” “porque lo buscaron”, confunde lo legal con lo moral y la justicia con la venganza. Nadie merece morir así. Nadie merece morir sufriendo por haber hecho algo ilegal.

Por años he repetido (y retumba en mi cabeza) un dato que el enorme periodista Héctor de Mauleón ha manejado sobre los sicarios: en tierra caliente tienen una ganancia de ocho mil pesos mensuales y una vida promedio de tres años. ¿Cómo tienen que ser las condiciones de vida de alguien para arriesgar su vida de esa manera por ese salario? Juzgarlos desde lo moral es soberbio y miope: olvidamos nuestros propios privilegios y no vamos a la razón primigenia del problema. Pensar que un delito merece un castigo físico es un fetiche de confesiones primitivas. Ninguna de las personas que estaban ahí, nadie, merecía morir de esa manera. Su muerte no es un acto de “justicia” ni equilibra nada: la única forma de hacerlo será transparentando absolutamente todo y castigando a quien resulte responsable por esas tomas clandestinas.

No creo de ninguna manera que el “Estado” sea un agente causal de la tragedia, como tampoco lo creí de Peña y Ayotzinapa. Pero espero que se exijan explicaciones de la misma manera. Porque lo que sí es cierto es que puede haber estrategias bienintencionadas y aún así tremendamente erróneas, como lo vivimos con Calderón. Sería bueno saber cuál es el plan maestro detrás del cierre de los ductos. ¿Cuántos detenidos de los meros-meros, de las ratas gordas hay? ¿Por qué si los ductos se están cerrando no se cerró ese a tiempo y cuando se reporta que se cerró la fuerza de la fuga más bien pareció aumentar? ¿De qué magnitud fueron las otras dos explosiones de las que se habló?

A mí me sorprende enormemente la diferencia de criterio que se muestra y se exige entre los presidentes: con Ayotzinapa si no culpabas a Peña eras un alienado; acá ellos solitos se pusieron y lo buscaron porque el presidente hace bien: sólo combate el huachicoleo. Por cierto, sin que esto sea malo (mis anteriores dos columnas dan cuenta de ello) ¿Por qué se volvió una prioridad ese combate? ¿Realmente es mejor un país donde un sector importante está batallando para conseguir gasolina, donde los ciudadanos tienen que “cooperar” para solucionar la ineficiencia y la corrupción del aparato estatal? La lucha frontal (con una estrategia que me sigue pareciendo escura) contra el robo, la rapiña, la corrupción, nos recuerda que la buena voluntad y el ejemplo que arrastra del que hablaba el AMLO candidato eran evidentemente una fantasía. La moral, el ejemplo, la buena voluntad, los discursos llegadores no harán ningún cambio. La gente robará mientras tenga necesidad de robar o mientras no haya castigos para quien lo haga.

Como sea, el presidente tiene la maravillosa condición de ser respaldado aún en una estrategia poco clara y por la que son las y los ciudadanos quienes con su tiempo tienen que pagar. Tiene el apoyo -parece aún mayoritario- aunque haya contradicciones enormes en su discurso ¿qué pasaría en este momento si Pemex siguiera teniendo el monopolio completo del combustible? (a que el neoliberalismo ya no parece tan malo) Tiene la confianza de un buen sector a pesar de que lo que pide es algo tan abstracto como la paciencia. Esta anomalía debe representar una oportunidad sin parangón para transformar el país. Si ni esta tragedia, ni esta confianza logran sacudir de lleno la podrida estructura -al menos de Pemex, por lo pronto- quién sabe qué podría hacerlo.

 

/Aguascalientesplural | @alexvzuniga

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Alejandro Vázquez Zuñiga

Alejandro Vázquez Zuñiga

1 Comment

  1. Jimmy
    21/01/2019 at 10:07 — Responder

    Mmm…. Todo cae por su propio peso, pero sobre todo, aquí, cada quien obtiene lo que se merece

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