Opinión

Led Zeppelin /El banquete de los pordioseros

Led Zeppelin es una consecuencia lógica de los Yardbirds, una agrupación británica que tiene la posibilidad de presumir de que en sus filas militaron, aunque no necesariamente convergieron, tres de los más grandes guitarristas en la siempre inconclusa historia del rock, ya sabes a quiénes me refiero, ¿cierto?, sí, en efecto, a Eric Clapton, Jeff Beck y Jimmy Page. Los tres amantes y convencidos del blues, pero aun teniendo este punto de convergencia, los tres con expresiones musicales muy diversas, Clapton quizás con un estilo más purista y ortodoxo en lo que a términos de blues se refiere, dijo en alguna ocasión que estuvo con los Yardbirds de Keith Relf porque en ese momento no tenía nada mejor que hacer, pero que de hecho nunca estuvo muy convencido con los lineamientos musicales de la agrupación.

Lo cierto es que independientemente de esta opinión -finalmente si lo dice Slow hands habrá que tomarlo en cuenta-, lo mejor que hicieron los Yardbirds, sin ánimos de menospreciar su música, fue ser el antecedente inmediato de una verdadera leyenda que conocemos con el nombre de Led Zeppelin.

Cuando Jimmy Page se quedó con los escombros de los Yardbird intentó recuperar la esencia bluesera que dio identidad a aquella legendaria agrupación británica de los años 60 y en este esfuerzo de rehacer llamó a la nueva agrupación The New Yardbirds, digamos que con este nombre solo soportó una breve etapa de transición, estamos en 1968. Finalmente decidió llamarle a aquel nuevo esfuerzo Led Zeppelin, esto sucedió hace 50 años, en 1969.

El nombre, ya sabes ¿no? Fue una broma sugerida por el baterista de The Who Keith Moon al decir que esta nueva agrupación fracasaría y caería como un Zeppelin de plomo, de ahí el nombre original que se escribía Lead Zeppelin, literalmente, zepelín de plomo, pero a sugerencia de Peter Grant, que fungía como manager, decidieron cambiarlo simplemente por Led en lugar de Lead, por aquello de las diferentes maneras de pronunciarlo en Inglaterra y en Estados Unidos, es decir, que desde aquellos inciertos inicios de lo que sería una de las más grandes entidades musicales en la historia del rock, ya tenían perfectamente claro qué es lo que querían y hasta dónde pretendían llegar, conquistar, como decía Lennon, la tierra de Elvis.

No quiero entretenerme en como Chris Dreja y Jimmy Page reclutaron a los músicos, esa historia ya la sabemos y creo que no es importante, lo que sí es importante es que Dreja decidió renunciar a la música para dedicarse de lleno a la fotografía dejando de esta manera vacante el puesto de bajista, se convocó a un joven músico de sesión que apenas era conocido de Jimmy Page llamado John Paul Jones, él fue la pieza que faltaba para completar esta impresionante fórmula en la que ya estaban el cantante Robert Plant, a decir del mismo Page, un verdadero malabarista de la voz y John Bonham ocupaba ya el banquillo de la batería. Este cuarteto de jóvenes ingleses tendrían la encomienda de llevar el concepto de blues hasta sus últimas y más radicales consecuencias.

El 12 de enero de 1969, es decir, hace exactamente, o casi cincuenta años se publicó su primera grabación.

Este disco, más que ser la primera producción de una nueva banda de blues rock, representó un muy digno ejercicio de innovación. Si nos ubicamos en el contexto histórico de la grabación nos encontramos con agrupaciones inglesas que ya estaban mezclando de manera muy convincente los elementos propios del blues con un rock energético y con sonido muy inglés, entre ellos Ten Years After y por supuesto The Cream, considerado como el primer supergrupo de rock, digámoslo así, el primer dream team del rock, ahí estaban, además del guitarrista Eric Clapton, el bajista y cantante Jack Bruce y el baterista Ginger  Baker, es decir, lo que buscaba proponer Led Zeppelin no era algo nuevo, esta misma propuesta ya estaba muy bien representada en el Reino Unido, no obstante, el sonido de Led Zeppelin no deja de ser innovador.

El discurso musical de Zeppelin no se conformaba con respetar la base rítmica de doce compases propia del blues y sobre esta solidez rítmica lucirse con algunas buenas improvisaciones de guitarra, finalmente Jimmy Page tenía, y tiene, recursos de sobra, pero no era eso, de ser así se hubieran ido por la vía fácil, por la libre sin otras pretensiones, pero teniendo un cantante super dotado como Robert Plant que eso sí, ninguno otro lo tenía, se sentían seguramente con la responsabilidad de ofrecer una propuesta distinta a lo convencional.

Estoy completamente seguro que Plant fue un artífice para hacer de Led Zeppelin algo único e irrepetible, de hecho, a riesgo de que tú, amigo melómano, me corrijas, Led Zeppelin, y quizás Queen, sean de las agrupaciones menos versionadas, justamente por las dificultades que le han sido encomendadas a la voz, y vamos, tú sabes, esto no es cualquier cosa, no cualquiera canta como Plant, no me quiero referir, por ejemplo, el caso de Freddie Mercury cuya educada y bien temperada voz exige un conocimiento erudito de la música, sino de un cantante callejero, osado, irreverente pero con ideas claras de qué es lo que quiere hacer y cómo lo quiere hacer.

Lo que surge de Led Zeppelin es muchas cosas, blues entre las más importantes, pero sobre todo nos ofrecen un discurso musical nuevo, desinhibido, quizás desvergonzado y un derroche instrumental que está, sin la menor duda, más allá del bien y del mal. Larga vida a Led Zeppelin, una de las mejores cosas que le han pasado al rock.

 

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Rodolfo Popoca Perches

Rodolfo Popoca Perches

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