Opinión

Un rockstar en Belgrado / Taktika

Belgrado, Serbia. 17 de enero de 2019. Los miles de serbios congregados ante la Iglesia de San Sava el mayor templo ortodoxo en los Balcanes, se abren -como las aguas del mar Rojo ante Moisés- al paso del presidente de Rusia, Vladimir Putin, quien marcha como pistolero -balancear el brazo izquierdo, pero mantener rígido el brazo derecho. La multitud, delirante, grita en serbo-croata: ¡Zivio Putin! (Viva Putin”) y ¡Sloboda Srpski Narodu! (“Libertad para el pueblo serbio”).

Putin, visiblemente emocionado, responde con un improvisado discurso en donde habla de los lazos culturales que unen a las dos naciones eslavas y de religión ortodoxa. Después procede a completar el mosaico de un Cristo, en hierático esplendor, y se da tiempo de gastar bromas a los fotógrafos que captan el momento para la posteridad.

Las escenas arriba mencionadas son el preámbulo del presente artículo, el cual pretende explicar por qué el mandatario ruso, Vladimir Putin, fue tratado como un rockstar durante su reciente visita a la capital de Serbia: Belgrado, la “Ciudad Blanca”, en serbo-croata.

Serbia, país ubicado en la región denominada los Balcanes, que en turco significa “montañas”, y Rusia comparten una herencia cultural, bizantina y ortodoxa, lo que las hace aliados naturales: Rusia apoyó las aspiraciones independentistas de Serbia frente a Turquía y luego entró a la Primera Guerra Mundial debido a la declaración de guerra por parte de Austria-Hungría contra Serbia. Al término de la Gran Guerra, se formó un país llamado Yugoslavia, el cual incluía a varias naciones, entre ellas Serbia.

Durante la Segunda Guerra Mundial, el líder de los partisanos, guerrilleros comunistas, Josip Broz, Tito -sobrenombre adquirido durante la Guerra Civil en España- obtuvo apoyo, diplomático y militar, de dos grandes líderes: Winston Churchill y Iósif Stalin. Aunque fueron los rusos quienes, junto con los partisanos, liberaron, en octubre de 1944, Belgrado. Un testigo ocular de los hechos, el oficial británico Fitzroy MacLean dejó el siguiente testimonio:

Las tropas rusas, “mezcla de nórdicos de cabellos rubios y de asiáticos de pómulos altos y ojos rasgados…daban la impresión de ser tropas inmensamente experimentadas, autosuficientes y curtidas…pues habían combatido desde Stalingrado y las fronteras de Asia”1.

Tras finalizar la guerra, Tito decidió crear una economía independiente de la Unión Soviética. Su iniciativa molestó a Stalin y condujo al primer cisma dentro del mundo comunista, pues los países miembros del Cominform expulsaron a Yugoslavia por “sus políticas nacionalistas”.

Durante los años 60 y 70 del siglo pasado, Yugoslavia llevó a cabo una política que, para los estándares del bloque comunista, era liberal, pues permitía la salida de sus ciudadanos al mundo capitalista. Un ejemplo de ello es Velibor “Bora” Milutinovic, un hombre nacido en Serbia, quien es reverenciado por los aficionados de los Pumas de la UNAM y cuyo nombre está grabado en la memoria de los aficionados de la selección mexicana, la cual dirigió en el Mundial de México 1986.

Tito murió en 1980 y once años después, en 1991, Yugoslavia se desintegró en un medio de una orgía de destrucción y muerte. Slobodan Milosevic, “el único líder comunista de la Europa oriental que consiguió salvarse a sí mismo”2, dirigió la lucha por mantener el sueño de una Gran Serbia.



El sueño de una Gran Serbia fue sometido a una ordalía en Eslovenia, Croacia, Bosnia-Herzegovina y Kosovo. Fue en ésta última, cuna espiritual del pueblo serbio, que Serbia sufrió una derrota cuando, merced a una campaña aérea dirigida por la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), la provincia fue ocupada por tropas estadounidenses y europeas.

El único país que apoyó a Serbia fue Rusia. Sin embargo, la Rusia de entonces era un país débil y desmoralizado. La situación comenzó a cambiar con la llegada al poder, en marzo de 2000, de Vladimir Putin, quien decidió recobrar la antigua preponderancia rusa en los Balcanes y utilizó a Serbia como plataforma.

¿Cómo? Primero, rehusar, en 2008 el reconocimiento como nación independiente a Kosovo; segundo, otorgar apoyo diplomático para que, en 2015, se desechara la moción presentada por el Reino Unido para declarar al pueblo serbio como “perpetrador de un genocidio”; tercero, suministrar subsidios y entrenamiento militar a los serbios que viven en Bosnia-Herzegovina para crear problemas a la OTAN.

Asimismo, la posición estratégica de Serbia, la cual es atravesada por el río Danubio y zona de paso obligada para ir desde las soleadas costas del mar Egeo hasta las nevadas cumbres de los Alpes austríacos, es importante para los rusos, quienes desean extender el proyecto Turk Stream, un gasoducto que, atravesando el mar Negro, llevará gas natural desde Rusia a Turquía el que ofrece pingües ganancias a ambos países.

Por todo lo anterior, el liderazgo serbio decidió dar el tratamiento de rockstar a Putin: salva de veintiún cañonazos; las campanas de todas las iglesias de Belgrado repicando sin cesar; una marcha de más de 120 mil serbios apoyando la presencia del líder ruso; la venta de camisas, etiquetas y pendones con la efigie del mandatario ruso; saludo al cineasta Emir Kosturica; y, finalmente, la entrega de un regalo especial: Pasha, un cachorro de perro pastor.

Finalmente, mientras Donald Trump y los demócratas luchan, como perros y gatos, por el financiamiento del muro fronterizo, Putin demuestra, una vez más, con su visita a Belgrado que ha socavado “la suposición global en la Europa de la post Guerra Fría de que Rusia estaba contenida”3.

Aide-Mémoire. Theresa May, cuya silueta simula un espantapájaros, lucha por lograr el mejor trato para el Reino Unido y la estabilidad de la libra esterlina. Todo ello en el marco del Brexit.

 

1.- MacLean, Fitzroy. Eastern Approaches. Penguin Books, London, 2009, p. 504

2.- Kaplan, Robert D. Fantasmas balcánicos. Ediciones B, Barcelona, 1998, p. 83

3. – Kaplan, Robert D. In Europe’s Shadow: Two Cold Wars and a Thirty-Year Journey Through Romania and Beyond. Random House, New York, 2016, p. 148

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Soren de Velasco Galván

Soren de Velasco Galván

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