Opinión

Violencia y su hija Indiferencia

Colegio de Biólogos del Estado de Aguascalientes

 

Vivo en una zona periurbana, y cuando camino por las últimas calles de la colonia encuentro bolsas de basura de todo tipo, desde las negras grandes hasta las bolsas de súper, todas tiradas entre la maleza de los terrenos aún baldíos de la colonia; además, por toda la calle, desperdigados los desechos que se habían depositado en ellas, debido a que no concluyeron con el “gran esfuerzo” de depositar la basura en el contenedor, pero sí tiraron sus desechos en áreas indebidas que terminaron en las calles que todos los colonos usamos.

Otro caso más personal. Llego 9:30 pm., entro a casa, salgo al patio, el piso está salpicado con pintura blanca y cal; me asusto y, segundos después, me molesto, ya que alzo la vista y veo como el muro de la casa vecina, que se encuentra de cara a mi patio, está parcialmente pintado de blanco. La parte que no ha sido pintada que topa con el piso se encuentra salpicada, como si alguien desde la azotea de mi vecino, usando un rodillo la hubiera pintado, o peor aun, alguien desde mi azotea pintó el muro.

Estoy realmente enojada, me siento vulnerada y violentada, dispusieron de mi casa sin mi permiso, usaron la azotea sin mi consentimiento. Después me pregunto ¿por qué mi vecino se atrevería a usar mi casa sin mi autorización? ¿Acaso no está claro en las reglas cívicas que para disponer de los bienes de otros se debe solicitar su consentimiento?

¿A qué quiero llegar con esto? A que usted, estimado lector, al igual que yo, tal vez ha vivido situaciones similares en las que se vulnera su espacio privado y sus espacios comunes. Esto es tan cotidiano que quizás ya lo pasamos por alto; pero hechos como estos nos han convertido involuntariamente en una sociedad violenta e indiferente a la vez.

Sí, somos una sociedad violenta, quizás no lo desconozca. Hagamos un listado rápido de situaciones cotidianas en las que nos vemos afectados. Por ejemplo, estaciona su vehículo en un estacionamiento de los centros comerciales de la ciudad, paga por ello y al regresar de sus compras encuentra golpes en la salpicadera de su carro, por un posible portazo del carro contiguo. Siguiendo el mismo ejemplo del estacionamiento, ¿cuántas veces ha observado carros mal estacionados invadiendo dos lugares? Otro ejemplo; sale a caminar al área verde más cercana de su colonia, ¿Cuántas heces fecales de perro puede observar?, incluso quizás pueda observar defecar al perro, en presencia de su dueño y éste no se hace responsable de recoger las heces fecales, ¿le ha pasado? Yo he tenido el atrevimiento de solicitar que las recojan y las respuestas obtenidas van desde un “ahorita regreso, es que no traigo bolsa”, “ no es tu problema” y la más común, se dan la vuelta y me ignoran.

He visto al transitar, por la última calle de la colonia donde vivo, como otros autos tiran bolsas de basura al baldío, les he pitado, para solicitarles que no lo hagan y la respuesta ha sido violenta. Una ocasión el conductor paró su auto, bajó y fue directo a mi ventanilla, recuerdo bien su dedo señalándome al mismo tiempo que decía “si tanto te molesta, vieja histérica, recógela tú”.

Al final, cada vez que observo una situación similar, procuro guardar la calma y contenerme. Ya casi no hago observaciones a nadie, la reacción siempre viene acompañada de amenazas. Al final, termino callándome y respirando profundo para evitar generar bilis. Así es como, bajo mi perspectiva, la violencia se vuelve la madre de la indiferencia. Si llamas la atención a alguien, indudablemente puedes ser violentado. Entonces me pregunto ¿es mejor dejarlo así?

¿Qué es lo que nos impide (culturalmente hablando) respetar los espacio de los demás? ¿por qué es tan poco importante el daño que ejerzo sobre los otros? ¿Por qué el vecino encuentra tan fácil disponer de una casa que no es suya? ¿Por qué no importa golpear el carro de al lado cuando abro la puerta después de estacionarme? ¿Por qué da lo mismo tirar la basura en el baldío que en el contenedor? ¿Por qué no es mal visto dejar las heces fecales de las mascotas en los espacios públicos?

Para el caso del ciudadano que tira la basura en el baldío o en la calle, no le importó el espacio común que compartimos todos en una colonia o en algún área de la ciudad, tampoco le importó el malestar que pudiera ocasionar a los vecinos, parece que no se pregunta qué pasará con los desechos. El servicio de limpieza no llega hasta acá, entonces éstos llegarán a las banquetas de los vecinos más cercanos, que, si tienen el buen hábito de barrer sus calles, los recogerán, pero la gran mayoría de los residuos continuarán en la calle, dando una imagen de suciedad y pobreza, un “aspecto marginal”.  Sí, la basura margina, la basura en la calle refleja la ausencia de valores cívicos en una sociedad, la incapacidad cultural de mantener o asegurar espacios limpios, es el espejo que refleja el desconocimiento que como sociedad tenemos de lo que es pulcro: de la limpieza.

¿Cuál es el rumbo que debemos tomar? Hace poco en un foro sobre el nuevo reglamento de protección al medio ambiente municipal, uno de los exponentes proponía apegarnos a la “regla de oro”, no hagas a otros lo que no quieres que te hagan a ti. Y sabe, creo fervientemente que el retomar ese precepto revertiría esta indiferencia y violencia que hemos arraigado. Quiero proponerle y pedirle con toda amabilidad y de buena fe que reconozca ¿Cuáles son las situaciones cotidianas de violencia pasiva a las que se somete y cuáles están bajo su control? ¿Qué puede hacer para cambiarlas? Hay mucho qué hacer, retome la regla de oro y póngala en práctica cada día, sobre todo cuando se sienta tentado a hacer algo indebido, y no olvide respirar profundo cuando se sienta violentado.

 

ethelmtz@gmail.com

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Ethel Paulina Martínez Aguilera

Ethel Paulina Martínez Aguilera

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