Opinión

Ante nuestros ojos / Memoria de espejos rotos

That’s all there is

Nothing more than you can touch now

That’s all there is

Let me show you the world in my eyes…

The world in my eyes. Depeche Mode

 

Hoy jueves 21 de febrero está programada la segunda lectura en el pleno del Senado de la República sobre el dictamen aprobado en las comisiones unidas de Puntos Constitucionales y Estudios Legislativos, que avala la creación de la Guardia Nacional -sin las modificaciones que la oposición (PAN, PRI, PRD, y MC) intentaron impulsar sobre el mando civil y la duración del ejército en acciones operativas de seguridad pública- se revela una articulación política antidemocrática, que avizora un riesgo mayor que la propia militarización del país.

Esta aprobación en comisiones fue posible gracias a tres cosas: la forma en la que AMLO ha mentido para impulsar sus diagnósticos y sus directrices, mentiras que el especialista en política de drogas Alejandro Madrazo evidenció en tribuna legislativa; la falta de acuerdos para impulsar modificaciones necesarias que evitarían un mando militar en la seguridad pública del país; y el albazo propinado por Morena-PT quienes aprovecharon que la oposición abandonó la mesa por la falta de acuerdos y mandaron al pleno un dictamen unilateral, sin consensos ni contrapesos.

El hecho, de por sí alarmante, se engrosa con una articulación política basada en el peligroso desdén que el propio titular del Ejecutivo ha tenido para con las organizaciones de la sociedad civil (a las que ha decidido dejar sin presupuesto federal), de las que -dice- “La sociedad civil antes era pueblo, nada más que ahora ya se apropiaron de la sociedad civil, yo no conozco gente de la sociedad civil, de veras, muy pocos de izquierda, con todo respeto, todo lo que es sociedad civil tiene que ver con el conservadurismo”.

Esta articulación es fortalecida por la posición del presidente ante los Órganos Autónomos, a los que también señala como adversarios, y sobre los que intenta cooptar al impulsar a sus cercanos en los puestos de dirección de dichos órganos. Presión similar padecen las comisiones legislativas creadas a partir de la Reforma Energética; la Comisión Nacional de Hidrocarburos (CNH), que regula lo relacionado con el petróleo; y la Comisión Reguladora de Energía (CRE), en donde ha habido dudas razonables sobre intentos de cooptación al impulsar a candidatos leales a AMLO y la existencia de conflictos de interés.

Se suma la vocación del ejecutivo por crear una realidad a la medida. Sus homilías sobre el combate a la delincuencia mediante el fomento de “los valores”, y la praxis de “portarse bien” como solución al conflicto social son, más que chabacanerías dicharacheras, el reflejo de la forma caudillista con la que opera su visión de la política. Ya es un lugar común el dicho de AMLO sobre que él “tiene otros datos” cuando pretende describir un fragmento de la realidad nacional. respecto a la obtención fidedigna de información estadística y de datos factuales del gobierno, resalta el peligro entrañado en el castigo presupuestal al Inegi, que le limitará a realizar trabajo de campo para construir indicadores confiables sobre la realidad nacional. Pareciera que no importa, porque el presidente “tiene otros datos”. Así, se pone en primer plano al personalismo presidencial, en campo de profundidad a las instituciones, y como fondo difuso a un hato de feligreses con poca capacidad de ser autocríticos con su liderazgo político.

Si añadimos la actitud servil que han mostrado hacia el ejecutivo los dueños de las dos televisoras más grandes del país, TV Azteca y Televisa, uno con participación directa en la distribución de beneficios clientelares y apoyos sociales mediante su organismo bancario; y el otro aprovechando cada oportunidad para expresar su vocación de “quedar bien” con el presidente, como en los mejores años en los que se ufanaban de ser “soldados del PRI”, podemos entrever el riesgo que esto implica para la formación de una opinión pública crítica e imparcial.

En coyuntura, lo que queda del PRI encarece sus apoyos a Morena, con lo que se facilitarían diferentes negociaciones legislativas (entre éstas, por supuesto la aprobación del dictamen de la Guardia Nacional) sin tener que ceder ante los contrapesos que proponga el resto de la oposición. Ya los gobernadores priístas han hecho público su apoyo a AMLO, y el cabildeo sobre los senadores del PRI se endurece, por mucho que Ricardo Monreal o Miguel Ángel Osorio Chong pretendan mitigar los incendios. Finalmente, el PRI se crece en su decadencia y apunta a ser el fiel de la balanza, por ello cada vez más se lee el término PRIMOR en las distintas columnas y artículos periodísticos no militantes.

En la emisión anterior de “Memoria de Espejos Rotos” se expuso cómo la Comisión de Salud en el Senado de la República impulsó un foro sobre familia y valores impartido por militares, activistas conservadores, universidades católicas, congresistas republicanos de EEUU opositores a la despenalización del aborto, y asesores de la Casa Blanca pertenecientes al ala menos progresista. Este foro es uno de los tantos que se llevan a cabo para propagar los contenidos de la llamada Constitución Moral que impulsa el ejecutivo. En consonancia con todo lo anterior, los aparatos del estado que se encargan de la difusión y divulgación de la cultura corren el riesgo de convertirse en aparatos de propaganda.

No hay que ser demasiado avispado para unir los puntos. Si se nos presenta un régimen de gobierno que impulsa la militarización, que avasalla a su oposición política en los órganos legislativos, que privilegia la personalidad caudilla de su líder, que confecciona una realidad a modo para fundamentar sus directrices, que anula los contrapesos de la sociedad civil, que coopta a los órganos autónomos y a las comisiones reguladoras, que pretende imponer una moral desde el estado, que usa sus aparatos culturales para la propaganda, que cuenta con el respaldo de los consorcios mediáticos, que teje oscuras alianzas con los sectores más conservadores, que sus militantes carecen de autocrítica y asumen que los críticos son adversarios sin cortapisas; ese régimen tiene un nombre. Independientemente de cómo queramos llamarlo, sería la envidia de gente como Pinochet, Castro, Bolsonaro, Trump, Franco, o Maduro. Y se está gestando ante nuestros ojos.

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Alan Santacruz Farfán

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