Opinión

Breve historia de la contaminación hídrica

  • Movimiento Ambiental de Aguascalientes A.C.

 

Solemos pensar que los problemas ambientales son algo reciente, o que surgieron a partir de la revolución industrial a finales del siglo XVIII; sin embargo, hay quienes señalan que éstos aparecieron desde el momento en el que el hombre descubre la agricultura y la domesticación de algunos animales, pues desde el punto de vista ecológico, este hecho marcó el inicio de la destrucción ambiental por medio de la erosión de suelos, la contaminación del agua y la extinción de especies, además con el paso del nomadismo al sedentarismo se inició también la explosión demográfica (ver Vázquez Yañes, Carlos y Alma Orozco Segovia [2002]. La destrucción de la naturaleza, F.C.E., México).

Estos primeros asentamientos humanos se establecieron en los márgenes de ríos o lagos que les garantizaran el abasto de agua, tanto para su consumo como para el riego de sus cultivos. La invención y la mejora en las prácticas agrícolas permitió que las ciudades crecieran y surgieran Estados que marcaron el inicio de una nueva ruta para el desarrollo de la humanidad (Ver Jaramillo Juárez (coord.) y otros [2009]. Toxicología ambiental, Universidad Autónoma de Aguascalientes-Universidad de Guadalajara).

Las primeras ciudades tenían este líquido vital “a la mano”, sin embargo, otras comunidades humanas, como en el caso de Samos y Atenas, requirieron llevarlo a ellas a través de otros medios y uno de ellos fue por medio de túneles subterráneos, sistema que se extendió por todo el Mediterráneo antiguo desde España y el sur de Francia hasta Cartago y Alejandría (ver Sarlingo, Marcelo [1998]. Venenos en la sangre, FACSO-UNICEN). El cauce de los ríos, además de servir para consumo y para regar los cultivos, sirvió para que los seres humanos depositaran sus desperdicios (principalmente orina y excremento tanto de las personas como de los animales, animales muertos, así como los restos de los animales sacrificados para alimento). Ya en el año 312 AC. los romanos advirtieron que el río Tíber estaba contaminado, de manera que no podían utilizar el agua para su consumo, así que tuvieron que construir su primer acueducto y esto se convirtió en una práctica generalizada en todos los estados o regiones dominadas por los romanos. Este sistema perduró en prácticamente toda Europa y sus colonias, hasta finales del siglo XIX (Id.).

A finales del siglo XVIII comenzó el afloramiento de las ciudades industriales, por lo que la contaminación aumentó de manera drástica por todos lados y se convirtió en un verdadero problema mantener suministros de agua adecuados y convenientes. Frente a esta situación empezaron a crearse, en la segunda década del siglo XIX, embalses artificiales tanto en Europa como en América del Norte, lo que permitió que se dotara con mayor cantidad de agua a las ciudades, pero ésta era básicamente para uso industrial, en tanto que el uso domiciliario era inexistente. No obstante, este servicio se fue mejorando y con ello comenzó a llegar a las casas, convirtiéndose incluso en un derecho (Ver Jaramillo, Op. cit., p. 90).

Paradójicamente, junto a este beneficio, comenzaron a aparecer graves problemas, debido a que, aunque tres cuartas partes de la superficie del planeta están formadas por agua, el 98% corresponde a agua salada (mares y océanos) y menos del 2% es agua dulce, de la cual, el 69% está atrapada en glaciares y nieves perpetuas, el 30% en aguas subterráneas y el 0.7 en ríos y lagos. El consumo de agua se distribuye actualmente de la siguiente manera: el 67% de la extracción se destina al riego de 230 millones de hectáreas (17% del total de las tierras de cultivo), las cuales producen un tercio de la cosecha de alimentos en el mundo. El 22% se destina a las actividades industriales y menos del 10% al sector doméstico (Flor, José Ignacio [2006]. Hablemos del medio ambiente, Mac Pearson, España).

Este nivel de explotación ha conducido al abatimiento y contaminación de numerosos cuerpos de agua, ha agravado la escasez de este recurso en numerosas regiones del mundo, provocando la pérdida de muchos de los hábitats acuáticos más productivos del planeta y ha exacerbado severos problemas de salud pública (Jaramillo, Op. cit., p. 90). Aunado a la escasez del recurso está su inequitativa distribución, ya que los países desarrollados emplean porcentajes que superan en gran medida a los utilizados en los países subdesarrollados (Shiva, Vandana [2002]. Las guerras del agua, Siglo XXI, México).

La escasez del agua es ya un problema en sí mismo, si a éste agregamos que esa poca cantidad de agua la contaminamos, el problema es todavía mucho mayor. ¿De dónde proviene la contaminación del agua? Básicamente son tres las variedades de contaminación acuática: natural, térmica, aguas negras y desechos industriales (ver Aylesworth, T. S. [1974]. La crisis del ambiente, F.C.E., México).

  1. La contaminación natural ha existido siempre debido a que en los escurrimientos el agua arrastra diferentes tipos de residuos hacia los arroyos, ríos y mares. El hombre contribuye en la contaminación natural debido a que con los plaguicidas, fertilizantes y otros productos químicos, empleados en la agricultura, penetran en los mantos acuáticos llevándose consigo los residuos de estas substancias que llegan hasta los ríos y posteriormente a los mares.
  2. La contaminación térmica se debe a que las plantas eléctricas y la fábricas arrojan materias calientes a los depósitos de aprovisionamiento acuático lo cual genera que aumente la temperatura natural de estos alterando su equilibrio, y este aumento de temperatura ya es en sí mismo un problema de contaminación. La contaminación térmica también se produce cuando se construye una carretera o se instala un campo de cultivo pues ambas actividades elevan la temperatura del agua. Esto se debe a que la mayoría de las veces para satisfacer estas necesidades humanas se talan los árboles y en ocasiones bosques enteros.
  3. Por último, está la contaminación industrial y agrícola del agua que tiene un carácter multifacético debido a la amplitud y diversidad de substancias que las empresas vierten a los ríos y mares (que va desde simple agua caliente, hasta metales pesados y compuestos químicos orgánicos), así como las substancias resultantes de los plaguicidas y fertilizantes empleados por el sector agrícola.

Una última consideración que debe tomarse muy en cuenta es el hecho de que el consumo de agua no debe ser superior al que se recibe por las lluvias, lo cual implica adecuar los usos que se hace de ella a esta disponibilidad. “Cuando utilizamos más agua de la que nos llueve, es a costa de las aguas almacenadas en los acuíferos subterráneos y, por lo tanto en términos económicos estamos consumiendo el capital, no los intereses, lo cual ocasiona la quiebra de cualquier empresa”(Boada Martí y Victor Toledo [2003]. El planeta nuestro cuerpo, SEP-FCE-CONACYT, México). Esto es algo que debemos tener muy presente en nuestro Estado, ya que cada vez más estamos dependiendo de este sistema de explotación hídrica, y ya sabemos los riesgos que esto conlleva para la salud. Urge crear programas y proyectos que permitan la protección de los sitios de captación de agua naturales (ríos, lagos y presas) y la creación de espacios de almacenamiento de ésta, pues los pronósticos no son nada halagüeños, sobre todo si seguimos apostando al crecimiento industrial y habitacional (ambos destructores voraces de los ecosistemas) en vez del descrecimiento sereno, mismo que podría a postergar una catástrofe en la tierra de la gente buena.

 

vhsalaza@gmail.com

 

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Victor Hugo Salazar Ortiz

Victor Hugo Salazar Ortiz

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