Opinión

Charla en la fila / De imágenes y textos

En aquellos días de desabasto de combustible, cuando nosotros los pobladores de esta nación olvidada por el señor y dominada por la nueva mafia del poder o para los seguidores del mesías, la cuarta transformación; en esos tiempos de compras de pánico, la búsqueda de las estaciones de gasolina, el descontrol, la angustia, el robo de combustible y los trágicos accidentes; el caos, casi el fin del mundo, el apocalipsis. Y entonces valoramos al hidrocarburo, lo veneramos, los niños no iban a la escuela porque no había gasolina para el coche de mamá o papá, milagro de señor, el tránsito vehicular y la contaminación disminuyeron en la Ciudad de México, algunos aventurados se atrevieron a decir que era el momento para la bicicleta, aprovechemos para hacer ejercicio.

Fue común ver filas interminables de vehículos esperando el turno racionado del combustible, hasta dos horas de espera o más, el malestar de los conductores, pero conscientes de que el mesías estaba haciendo lo correcto, ganando la guerra contra el “huachicól”, todos con él, nadie en su contra, tenemos que ser solidarios y apoyar a la transformación de cuarta.

Uno de esos días gélidos donde el pánico se apoderó de mi ser, no pude conciliar el sueño y salí en la madrugada en busca del tesoro perdido, el líquido que me permitiría hacer mi rutina cotidiana sin contratiempo; el turno 134, la fila era kilométrica pero según mis cálculos para las seis de la mañana mi minivehículo estaría surtido de 25 litros de oro líquido, así podría pasar por el jovencito que llevo todos los días a la escuela. No había de otra, esperar, esperar, esperar, acabarse la batería del teléfono, del dispositivo móvil o leer el libro pendiente por terminar, escuchar música o permanecer en silencio haciendo oración para que el mesías pronto aclare sus ideas. La estación de servicio está cerrada señores, habré hasta las siete de la mañana, ni un minuto antes ni un minuto después, el anunció disparó mis alarmas, primero por el jovencito que perdería ese día de clase, luego porque mi agenda se iba a ver afectada drásticamente; hasta las siete de la mañana, qué se creen los dueños de las estaciones de servicio, que todos los aquí formados tenemos su tiempo; lo siento señor, la pipa acaba de llegar (a las dos de la mañana), pero no podemos surtir gasolina hasta las siete. De la una de la mañana al medio día, casi doce horas del tiempo de los mexicanos para cargar combustible, qué país tan poco productivo no cree. Como siempre, fue como un cuento de ciencia ficción, Bradbury, Ionesco, García Márquez, Orwell, Huxley, sus fantasmas me rondaban para darles la premisa de la inspiración de su próxima novela que será editada desde el más allá.

Total que, después de lidiar con esos fantasmas de la literatura y regresando a mi realidad, decidí, para despertar, bajar del vehículo y caminar entre los pacientes. Como caída del cielo llegó la señora del café y el pan dulce, qué sería un mexicano sin pan dulce, rápidamente se hizo de clientes, otra fila, ahora para tomar algo y mantenerse despierto, así que comenzó la interacción, la charla con temas superfluos como el clima, el café y el pan, las especulaciones del tiempo de espera y hasta lo peligroso que se tornaba el estar en ese lugar con dinero en la cartera en la madrugada y sin seguridad, no patrullas, no nada. De pronto la persona que estaba delante de mi dice: ¿cómo le hizo el presidente para comprar las 500 pipas? Pues así…, respondí ingenuamente, es el amo y señor de México, todo lo sabe y todo lo puede.

De dónde sacó el dinero para hacer la transacción, a quién se las compró, cuánto constaron realmente, hubo una licitación, tres cotizaciones, eran proveedores del gobierno federal, cómo se adjudico la operación de compra-venta, qué funcionario público cerró el negocio; no es nada transparente. Entonces le dije, por favor compatriota, no haga ese tipo de cuestionamientos, qué no ve que los seguidores del presidente se pueden molestar y tacharlo de amargado. Simplemente, contestó él, para poder solicitar un equipo de cómputo sencillo en mi ligar de trabajo es un verdadero viacrucis, debo especificar el modelo del equipo, el uso que se le dará, el responsable del mismos para hacer el resguardo, tener tres cotizaciones y que ninguno de los proveedores tenga nada que ver conmigo, vamos ni el nombre del que contesta las llamadas me debo saber para no levantar sospechas; pero en esta transacción la transparencia brilló por su ausencia, agréguele a eso la convocatoria que está haciendo para operar esas unidades, casi 30 mil pesos mensuales a los voluntarios.

La charla en la fila del café de pronto se fue convirtiendo en debate pues aparecieron los defensores del mesías, quienes arremetieron contra todo argumento. En aquellos días de desabasto, la situación generó más división de opiniones entre los nacidos en la tierra de Quetzalcóatl, eso me orilla a pensar que debemos ser más tolerantes sí queremos sacar adelante el día a día.

Mire es como cuando mis amigos y conocidos me preguntaban sobre cómo me sentía después del domingo pasado, ¿ya lo superaste? Y mi respuesta fue, así es el deporte, el año que viene lo harán mejor, es cierto que esperé mucho para que llegaran otra vez al Súper Bowl pero bueno, puedo esperar un año más.

Superemos las cosas y a pesar del mesías, saquemos la chamba para buscar un mundo feliz.

ericazocar@hotmail.com | @ericazocar



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Eric Azócar

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