Opinión

Derbez, Saint-Saëns y Dvorak en el primer concierto de temporada/ Orquesta Sinfónica de Aguascalientes

Después de un largo ayuno de poco más de un par de meses las noches de los viernes vuelven a tener sentido, la Orquesta Sinfónica de Aguascalientes inició su primera temporada del año 2019 con un concierto cuya programación lo hacía sumamente atractivo iniciando con El llamado del Shofar de la  compositora contemporánea mexicana Georgina Derbez. Después dos obras de repertorio, en primera instancia el Concierto para violoncello y orquesta No.1, Op.33 del francés Camille Saint–Saëns y después del intermedio escuchamos la gloriosa Sinfonía conocida con el nombre Desde el Nuevo Mundo, actualmente la conocemos como la novena aunque ha cambiado de numeración, que en honor a la verdad, esto es lo menos importante, siendo la novena o a quinta, se trata de uno de los grandes monumentos del sinfonismo universal del compositor bohemio Antonin Dvorak. El concierto de Saint–Saëns le fue encomendado al maestro Ildefonso Cedillo que actualmente es el principal de la sección de violoncellos de la Orquesta Sinfónica de Aguascalientes y el concierto fue dirigido por el maestro José Areán, director titular de nuestra máxima entidad musical.

Generalmente, el primer concierto presenta entradas más débiles, indebidamente ya nos acostumbramos a eso y lo llegamos a considerar como normal, y conforme transcurre la temporada el acceso al Teatro Aguascalientes va mejorando sensiblemente y las temporadas suelen terminar con grandes entradas. Sin embargo, este primer concierto del año 2019 inició distinto, el patio de butacas del Teatro Aguascalientes se vio generosamente poblado por un público que por supuesto sabía de qué se trataba el asunto, arriba de los tres cuartos de la capacidad del inmueble para escuchar un concierto que en el papel lucía como uno de los más atractivos de la temporada, por fortuna los intérpretes se encargaron de responder con solvencia a las expectativas generadas por tan ambicioso programa.

Debo decir que no conocía la obra con la que se inició el concierto, El llamado del Shofar de Georgina Derbez, se trata de una partitura vigorosa cuya mexicanidad, a pesar de que el tema nada tiene que ver con aspectos nacionalistas, se hace evidente. La influencia de Arturo Márquez está ahí, a flor de piel, lo que no es de extrañar si consideramos que él fue su maestro de composición, pero sobre todo, imposible no distinguir rasgos que nos remiten a la música de Silvestre Revueltas.  

La segunda obra fue una de las grandes joyas del violoncello concertante, el Op. 33 de Camille Saint–Saëns, su Concierto para violoncello No.1 con la participación del maestro Ildefonso Cedillo como solista. Hace exactamente un año, en febrero del año 2018 también se presentó como solista con un repertorio muy  distinto, pero igualmente demandante.

En esta ocasión el Concierto No.1 de Saint–Saëns es una obra que desde el inicio interviene el solista y su participación es prácticamente ininterrumpida, me comentaba el maestro Cedillo, con quien tuve la oportunidad de conversar en una entrevista que se transmitió el pasado viernes en el programa Espacios de 92.7 Tu Estación, que es un concierto físicamente muy demandante, agota al solista como si se tratara de una sesión de gimnasio y lo deja exhausto. Al apreciar el concierto en vivo, no en una grabación, evidentemente la experiencia es diferente, fue posible entender muy bien lo que me comentaba el maestro, en efecto, es un concierto muy exigente para todos, pero específicamente lo es para el solista y sí, el desgaste físico es muy visual, además, por supuesto de las cuestiones técnicas que se tiene que resolver.

La ejecución de Ildefonso Cedillo fue limpia, impecable, y al mismo tiempo, llena de virtuosismo. Para obtener un resultado favorable en este tipo de  repertorio, me refiero a obras de este nivel de exigencia que ponen a prueba al intérprete y el solista corre el riesgo de ser exhibido, no basta con hacer una interpretación técnicamente satisfactoria, seguramente esto se logra con el estudio y horas de comprometido ensayo, sí, así es, pero esto no es suficiente, si no llega la inspiración las cosas no serán como se esperan. El maestro Cedillo me comentaba que es la intervención divina, “eso que algunos llaman inspiración” y no cuesta trabajo entender a qué se refería el cellista, estando ahí en el teatro, vemos cómo se resuelven dignamente los pasajes más exigentes, y más allá del desarrollo técnico, que por supuesto que es un elemento indispensable, se tiene que  tener ese instante de luz, ese toque de inspiración, ese soplo divino, desarrollar, revolucionar la sensibilidad al máximo para que el resultado final sea como lo que escuchamos el pasado viernes, una extraordinaria ejecución de una obra que es para gente grande.

El primer concierto de temporada terminó con la Sinfonía Desde el Nuevo Mundo de Antonin Dvorak, es una obra que goza de la aceptación, tanto del público conocedor, del melómano más exigente, como del neófito que no suele asistir a la sala de conciertos, de hecho, me parece una excelente obra para poder despertar el interés en quienes no frecuentan mucho los encantos de su majestad la música.

La próxima semana, en el segundo concierto de temporada, disfrutaremos de la Suite del ballet Panambí de Alberto Ginastera y de la Sinfonía No.4 en mi menor Op. 98 de Johannes Brahms, la dirección estará a cargo del maestro Luis Gorelik. La cita es el próximo viernes 15 de febrero a las 20:00 en el Teatro Aguascalientes, la casa de nuestra Orquesta Sinfónica, por ahí nos veremos si Dios no dispone lo contrario. Hasta entonces.

 

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Rodolfo Popoca Perches

Rodolfo Popoca Perches

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