Opinión

Di nuevo Cinema Paradiso / Alegorías Cotidianas

Pareciera que fue ayer cuando la película Cinema Paradiso ganó el Óscar como mejor película extranjera, sin embargo, desde 1988 se convirtió en una cinta inolvidable para la historia del cine.

En 1988 se terminó de filmar Cinema Paradiso y recorrió festivales desde 1989 hasta 1991. Fue premiada por la crítica como mejor película extranjera y sus actores también fueron galardonados por la sensibilidad con la que presentaron su trabajo.

Recuerdo que la pasaban continuamente en la televisión en los 90, por su duración pocas veces la vi de principio a fin sin interrupciones, por lo que los recuerdos de algunas escenas vienen más a la memoria que otros.

No por la víspera del Óscar pero sí por el gusto de volverla a ver el domingo le destinamos un par de horas a disfrutar y moquear con Cinema Paradiso.

Con una magnífica vista del mediterráneo inicia, paulatinamente, la película. En pocos minutos Toto, el protagonista, nos roba el corazón y nos introduce a un mundo lleno de magia e inocencia. Es espectacular la construcción que tiene el personaje y al mismo tiempo la capacidad actoral de ese chiquito quien nos muestra la vida en Italia después de la Segunda Guerra Mundial, cómo se divertían, educaban y pasaban el tiempo en los 50 en un pequeño pueblo de Sicilia llamado Giancaldo.

Observamos un pueblo donde la economía no es fuerte y hay muchas familias aún esperando a que regresen algunos de sus miembros de la guerra. Es un sitio árido al lado del mar donde existen edificios en ruinas como consecuencia de la guerra y del poco flujo económico.

Toto es un pequeño quien ama la cinematografía, le encanta ver películas y estar con su tío Alfredo, el proyeccionista del proyector del Cinema Paradiso.

Toto veía, a escondidas, la película completa antes de que el párroco del pueblo vetara algunas escenas “pornográficas”, es decir, aquéllas donde los besos y abrazos se manifestaban. Después de que el párroco con la campanita elegía las escenas Alfredo se daba la tarea de cortar y pegar la película.

Alfredo tiraba los pedazos de película y Toto jugaba con ellos, un poco con lo que recordaba de la trama, un mucho de su imaginación.



Me gustó ver el como cuando Toto jugaba con las cintas en casa, la madre le permitía decir lo que quisiera, sin limitar su imaginación y la estructura de sus diálogos juguetones.

A Alfredo no le gustaba que Toto permaneciera mucho tiempo con él pues las películas eran exhibidas por medio de un proyector de celuloide inflamable de lámpara incandescente por lo que el peligro siempre estaba latente.

Un día el proyector incendió el cine mientras se exhibía una película, todos corrieron y nadie recordó a Alfredo quien mientras había intentado apagar el fuego resbaló y cayó inconsciente sufriendo graves quemaduras. Toto salió corriendo como todos pues en ese momento era asistente en la proyección, reaccionó y subió a buscar a Alfredo, lo encontró tirado en el piso y lo sacó a tirones del incendio hasta donde le fue posible.

Mientras Alfredo se recuperaba, un nuevo cine fue construido y Toto, tan pequeño como era, se convirtió en el proyeccionista.

Alfredo se recuperó, pero perdió la vista, sin embargo, acompañaba por las tarde a Toto, tantos años de trabajar como proyeccionista hizo que desarrollara un oído infalible para conocer la buena proyección de la película, lo que fascinaba a Toto.

El nuevo Cinema Paradiso ya no permitía que el padre censurara los besos, por lo que el pueblo volvió con un nuevo interés a la sala, pues observaban lo que por años les había sido prohibido.

Alfredo obligó a Salvatore (Toto) a salir del pueblo y hacer lo que amaba y ahí es donde comienza la historia.

Como adultos somos un reflejo de lo que vivimos de niños, la imaginación y la creatividad se estimulan o se prohíben en casa, por lo que esta película es una manifestación de lo que la imaginación libre puede llegar a producir en un tiempo indeterminado.

Un caso similar es Cuarón, y más cercanamente nuestros hijos, pareja, familiares y amigos.

La magia en el cine ahora son procesos donde no requiere un proyeccionista, los filmes llegan en discos duros que se insertan sin necesidad de que alguien lo esté constantemente supervisando y con un margen de error muy pequeño.

La primera vez que tuve la oportunidad de ver el espacio donde se encuentran todos los proyectores silenciosos, del complejo de cines en Altaria, sentí un poco de nostalgia por aquello que pude conocer de niña y el contraste de lo que la evolución marca hoy, un espacio con luz, frío y vacío, con unas máquinas trabajando solas reemplazando por su funcionalidad a aquellos personajes inolvidables de nuestra niñez, el proyeccionista o cácaro.

¿Qué hizo ganar a este mega largometraje doce premios en tres años? Quizá es la magia de lo que el cine fue en sus primeras décadas donde se exhibía en salas enormes, elegantemente decoradas para que la ficción cobrara vida una y otra vez.

Ver de nuevo Cinema Paradiso me hizo suspirar y creer que si son ganadoras las películas es por la esencia de los guionistas y directores, quienes dan rienda suelta a la imaginación para que su creatividad nos muevan emociones que nos permitirán ver una y otra vez las películas con las que nos identificamos desde el corazón.

Antes de los premios Oscar, bien vale la pena ver de nuevo Cinema Paradiso.

Laus Deo

 

@paulanajber

 

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Paula Nájera

Paula Nájera

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