Opinión

La polarización y la ausencia de diálogo / Disenso

Recientemente escuché una idea, tal vez como mera provocación, acerca de por qué se está dando un movimiento que parece más o menos nuevo sobre la polarización alrededor del mundo en términos de decisiones políticas. La idea de tomar bandos parece encaminada a una cierta radicalización, si bien es cierto que al menos la división entre lo que llamamos izquierda y derecha, conservadores y liberales, socialistas y “neoliberales” se ha dado históricamente, parece que ha habido un cierto endurecimiento de estas posturas. La tesis que escuché puede glosarse más o menos así: que la polarización se debe a que una buena parte de la población que históricamente se sintió juzgada e ignorada a regresado por sus fueros a imponer su voz, a hacerse presente con una sensación de “revancha” o desquite. Vamos, que los que normalmente “perdían” están empezando a encontrar formas para hacerse del poder.

Esta lectura corre el riesgo de caer en el ad hoc porque a poco que lo veamos, si bien el factor común efectivamente es la polarización y una especie de movimiento pendular en los diferentes países, decir que son el sector que tradicionalmente “perdía” puede ser más bien retórico. Hablamos de diversos movimientos internacionales como el Brexit (con su diferenciación geográfica y etaria bien definida), o la polarización que se dio en el llamado por la paz en Colombia, el regreso de la ultraderecha en Brasil, la posibilidad de Le Pen en Francia, la realidad de Trump en Estados Unidos de Norteamérica e incluso la conquista de la Cuarta Transformación en México, pasando por el triunfo, el desgaste y lo que parece la inminente caída del chavismo en Venezuela.

Como podrá verse, son tan diversos los fenómenos que ubicarlos bajo una sola explicación parece una pendiente para la tesis a modo, sin embargo, en un cierto nivel parece un buen pretexto para comenzar una reflexión. Un factor importante es que lo que más bien se ha dado es sólo la amplificación de ideas que no tenían los mismos resonadores antes de las redes sociales y su capacidad de permear (ojo que aquí siempre se podrá argüir que las redes siguen siendo parte de una especie de “círculo rojo”, pero bastaría con que las cabezas de esos movimientos encontraran legitimación y poder en ellas) en las sociedades. Tal vez la polarización sobre cualquiera de los tópicos mencionados se daba en la cantina, en el café, en el pub, en las fraternidades y sororidades universitarias, en las reuniones clandestinas, y hoy, la posibilidad de la comunicación inmediata y la transversalidad que provee el internet genere sencillamente condiciones nuevas para esta polarización. En esta idea lo único que sucedió es que, según se mire, el megáfono o el campo de batalla se han extendido.

Aún así, la parte de la idea que me resultó más seductora es la posibilidad de que, efectivamente, las bases sociales que (efectivamente parece guardan un cierto rencor) por años se sintieron relegadas de la discusión pública hoy se hagan del poder como un medio de reivindicación. En México esta explicación parece acertada: la fiereza con que el grupo afín defiende al presidente en actitudes que atacarían sin piedad en otros mandatarios, la violencia con que interpelan a los críticos, sin duda parecen tener como componente un rencor acumulado por años, vamos, que la sensación popular es que, a través de Andrés Manuel López Obrador “por fin están ahí”, siendo representadas y representados, con voz, con alguien que se les parece.

Podría, si se quiere extenderse esta explicación a Trump, y su apoyo notoriamente diferenciado en el inner America. ¿Podremos hacer una analogía entre la sensación de marginación entre los conservadores, comunitaristas norteamericanos y las bases sociales, generalmente pauperizadas, lejos de las cúpulas de poder de nuestra sociedad mexicana? ¿Es que las expresiones de apoyo a Trump, a Bolsonaro, a Le Pen, incluso de AMLO en cierto sentido encuentran en su desparpajo y su manera de enfrentar al statu quo –el del discurso oficial, el de, si se quiere, “lo políticamente correcto”- una identificación que le da a las bases sociales la sensación de reivindicación?

Los fenómenos en ese sentido son distintos porque encuentran al “enemigo” discursivo en formas diferentes: el chavismo proyectó su rencor en el “neoliberalismo perverso”; el obradorismo en “la mafia del poder”; el discurso de Trump en la América venida a menos, la de los blancos, la de la clase media y media alta; el de Bolsonaro en los valores en decadencia. Aunque naturalmente será difícil encontrar una agenda común, lo que sí parece ser común -incluso con resultados antitéticos- a estos movimientos de reivindicación es la generalización de un “enemigo” a quien vencer desde la comunidad. Que, en general, se proyectan como gobiernos poco cosmopolitas, que apuestan por un Estado cerrado en muchos niveles, por fortalecer la sensación de encuentro gremial: cerrar filas contra la “amenaza”. Casi en todos los casos el discurso es reconciliador para el “nosotros” y francamente bélico para “los otros”.

Esta polarización puede tener como explicación más que la injusticia la propia deriva social a la que nos ha llevado la polarización (que por supuesto no hace sino alimentarse más y más en estos propios movimientos) y un diagnóstico doloroso: que no hemos aprendido a dialogar. No ha habido capacidad ni de un bando ni de otro de general terreno común para el consenso y acuerdos que no desemboquen en la confrontación. Escucharnos y entendernos antes que tomar partida. Un reto no menor. Y altamente necesario.

 

/Aguascalientesplural | @alexvzuniga

 

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Alejandro Vázquez Zuñiga

Alejandro Vázquez Zuñiga

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