Opinión

Los riesgos de la democracia: la muerte de la representación (5) / Matices

En la democracia representativa los ciudadanos (los que poseen la Soberanía Popular y el mandato) delegan sus facultades de mando a una serie de representantes: legislativos locales y federales y ejecutivos locales y federales, según el ámbito. Esta representación se delega mediante un proceso electoral: el ciudadano elige a sus representantes. Esto lo hemos pensado así en la construcción de la democracia a la mexicana y funciona, hemos de decirlo, nuestra democracia electoral funciona, nuestro primer paso de representación: funciona.

Sin embargo, los canales de representación se han perdido en el debate público y para ello quisiera tener tres reflexiones: el clientelismo, la representación y la autonomía de representantes y los canales de representación posibles.

Todo fuera perfecto si en el momento en que emitimos nuestro sufragio, como por un efecto de transmisión mental, dejemos en la boleta y llegue a la mente de nuestro representante nuestros intereses como individuo y como comunidad, y así nuestro representante los persiga: no es así. En ese tenor, uno de los desencantos más grandes con nuestra democracia es que los ciudadanos no se sienten representados: no están sus necesidades en las discusiones públicas de sus diputados, en gran medida porque no hay canales para continuar la representación. Hay teorías políticas que ponen el enfoque de la discusión de representación a una física y de apariencia: se parece a mí. Otros enfoques sobre intereses: hace lo que yo quiero. Representar es traer la representación de alguien: los representantes populares, de la ciudadanía; he ahí la complejidad del asunto, 628 legisladores, 32 gubernaturas, más de 2,500 alcaldías para representar cien millones de habitantes.

Sobre la primera reflexión: en México hemos construido un modelo de transferir la representación que funciona pero es imperfecto, no por el diseño institucional o legal, sino en gran medida por la cultura política de la clase política. El clientelismo es un modelo que vicia de origen la representación. Comprar los votos hace de la representación un modelo fallido. ¿Cómo alguien que vende su voto por algún beneficio material, económico o político, puede tener intereses legítimos que sean representados en un espacio de decisión? Claro que los tiene, todos tenemos intereses legítimos, sin embargo, elegir a tu representante mediante la compra del voto y no mediante un ejercicio racional por seleccionar el que representa mejor mis ideas, mis intereses y los que yo pienso que son los de mi comunidad hacen que el modelo de representación inicie viciado.

En la segunda reflexión sobre la representación hay un debate teórico de fondo e incluso hasta ideológico. Cuando un representado delega la representación a su representante, puede haber delegado todo el poder de decisión, lo que haría que los legisladores, el presidente, gobernador y alcaldes pudieran decidir lo que quisieran con la venia automática de los ciudadanos. Por otro lado, los representados pueden delegar su representación pero siempre controlando a sus representantes, vigilando lo que hagan lo que vaya en sintonía con sus intereses y los de la comunidad, en ese sentido, los representantes no tendrían tanto margen de maniobra, pero en nuestra democracia mexicana no hay canales institucionales para controlar a los representantes; algunos de manera informal han utilizado las redes sociales o los informes de actividades para comunicarse y dialogar con sus representados pero no ha sido suficiente.

Y es ahí donde entra la tercera reflexión y el papel de la 4T en nuestra democracia: ¿Qué canales se construirán para que la relación representante-representado se fortalezca? Para lograr así, que los representantes legislen a favor de los intereses de la ciudadanía y el ejecutivo tome decisiones alineadas a esos intereses. En algunas regiones del país se han implementado presupuestos participativos, pero evidentemente no es suficiente, se deben institucionalizar aún más. Por ejemplo, existen iniciativas de ley que buscan garantizar los resultados de los representantes monitoreando las propuestas de campaña contra las acciones de gobierno o legislativas, hay algunos otros lugares donde existen las comparecencias públicas, donde un ciudadano o un grupo de ellos puede llamar a cuentas a un funcionario sobre alguna acción para explique y razone las decisiones tomadas. Hay otros lugares donde los ciudadanos tienen la atribución de implementar referéndums o plebiscitos para contrarrestar las decisiones de los representantes. Sin embargo, estos canales no se encuentran en la Constitución Federal ni en las intenciones discursivas de la 4T, sino construimos esos espacios, el desencanto con la democracia aumentará, la insatisfacción con la misma, también y eso no nos beneficiará a nadie.

La oposición debe pugnar por una narrativa que fortalezca a nuestra democracia, aunque cuando algunos fueron gobierno aumentaron esa crisis de representación deben entender que hoy, la democracia no resiste más atentados a sus principios fundamentales y que la construcción de canales para hacerla más participativa, deliberativa y representativa son prioridad.

 

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Carlos Aguirre

Carlos Aguirre

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