Opinión

¿Para quién se diseña el espacio público? / Agenda urbana

Hoy en día muchos alcaldes en el mundo impulsan una nueva noción del diseño urbano como herramienta para mejorar la calidad del espacio público de su ciudad, e incluso en algunas otras, como es el caso de Los Angeles, California, el alcalde ha anunciado el nombramiento del primer director de diseño del gobierno local, quien estará a cargo de supervisar la calidad urbana y arquitectónica de las obras públicas de la ciudad. En ese sentido son cada vez más las ciudades que reconocen el valor de lo que se conoce como diseño urbano centrado en el ser humano como medio para satisfacer adecuadamente las necesidades de la población en el espacio público. Además a nivel local el diseño urbano adquiere mayor importancia a medida en que se continúa demostrando la estrecha relación que existe entre el diseño de los espacios públicos con la satisfacción e incluso con el comportamiento de las personas. ¿Por qué existen espacios que nos gustan más que otros o por qué algunos suelen tener un mayor número de usuarios mientras otros permanecen completamente subutilizados? La respuesta en gran medida tiene que ver con el diseño de esos espacios, especialmente en términos de funcionalidad, no únicamente de estética. A continuación se describen tres casos en donde el diseño influye en el éxito o fracaso del espacio público.

Primero, en ciudades con temperaturas elevadas las personas suelen pasar más tiempo en espacios públicos que cuentan con elementos que proveen sombra adecuada para reducir la sensación de calor, mientras espacios sin ningún tipo de protección o construidos con materiales que precisamente absorben el calor, como grandes explanadas de concreto, suelen ser poco utilizados. En este caso, el diseño centrado en el ser humano consideraría la incorporación de elementos y materiales que aseguren condiciones térmicas adecuadas para motivar a las personas a hacer uso del espacio público en cuestión.

Segundo, en ciudades con una clara preferencia por la movilidad vehicular suelen instalarse mallas en el centro de las avenidas para obligar a los peatones a atravesar por puentes supuestamente diseñados para mejorar su movilidad. Es evidente que quienes caminan no suelen utilizar esos puentes e incluso en ocasiones suelen realizar cortes en las mallas para permitir su circulación. Más allá de la supuesta ausencia de educación vial, lo anterior no es más que el resultado de infraestructura diseñada sin pensar en las necesidades de peatones. Por lo tanto, en este caso el diseño centrado en en el ser humano consideraría la creación de cruces seguros a nivel de la calle o avenida que permitan atravesar de manera rápida, segura y cómoda, es decir, lo contrario a lo que sucede con un puente peatonal.

Tercero, en ciudades sin procesos de planificación ni participación adecuados suele construirse infraestructura que no responde en ningún sentido a las necesidades o preferencias de la población. Por ejemplo, quien esto escribe pudo constatar que en una ciudad media del sureste del país inexplicablemente se han construido espacios deportivos para practicar fútbol en colonias con una larga tradición y amplia preferencia por el basquetbol. Es más que evidente que la decisión del tipo de equipamiento a instalar se tomó sin ninguna consideración de quienes serían los usuarios. Esos espacios ahora se encuentran abandonados y vandalizados y han sido identificados como sitios altamente inseguros. Por más obvio que parezca, en este caso el diseño centrado en el ser humano consideraría la construcción de espacios destinados al deporte con mayor arraigo entre la población.

Los casos anteriores representan situaciones en las que existe una notable ausencia de procesos de diseño centrados en el ser humano con los cuales puedan tomarse mejores decisiones, de manera que las obras públicas realmente satisfagan las necesidades de los usuarios objetivo, como puede ser la protección del clima, practicidad al caminar o simplemente contar con los equipamientos deportivos adecuados. La principal lección quizás es la necesidad de promover procesos participativos amplios e incluyentes para conocer con precisión las necesidades o expectativas que las personas tienen de un proyecto, para lo cual los gobiernos pueden realizar talleres donde las personas puedan compartir aportaciones e ideas o expresar necesidades e inquietudes. Igualmente, pueden realizarse entrevistas a grupos específicos para conocer diversas opiniones e identificar áreas de interés común o posibles desacuerdos durante el proceso de diseño.

En conclusión, el diseño centrado en el ser humano es una herramienta efectiva para mejorar el espacio público de una ciudad, pues promueve la participación de los usuarios para lograr conjuntamente soluciones o diseños que respondan exitosamente a sus necesidades identificadas. Además, la participación activa de las personas durante el proceso de diseño, asegurando que sus opiniones e ideas son escuchadas, no solo genera un mayor entusiasmo hacia el proyecto, sino también contribuye a generar una mayor apropiación por parte de la comunidad. Esperemos que el espacio público se diseñe pensando más en las personas que lo utilizarán.  


fernando.granados@alumni.harvard.edu  | @fgranadosfranco

 

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Fernando Granados

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