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Un ejercicio de escritura y de reapropiamiento, de silencio y de imaginación | Entrevista a Carmen Boullosa acerca de El libro de Ana

 

  • Ana Karenina, un personaje total, una mujer hermosa, que ha dado mucho de qué hablar, de qué escribir

 

Ana Karenina es un personaje eterno, profundo, determinante. La mujer enamorada, que por amor se libera de las ataduras sociales de su tiempo. La mujer que deja esposo, familia, y sobre todo, a su pequeño hijo, Sergio. Una mujer liberada y liberadora, que sin embargo, tiene que pagar el precio por osarse a criticar con sus actitudes, con su amor, con sus decisiones, a la moral  de su tiempo. Una mujer que sufre las consecuencias que ese amor liberador que la atormentará hasta el fin de sus días. Una mujer que decide liberarse y enfrentarse a su entorno social, y que sufrirá las consecuencias de ese atrevimiento. Un personaje total, una mujer hermosa, que ha dado mucho de qué hablar, de qué escribir, desde que la novela del escritor ruso León Tolstoi fue publicada por primera vez en 1877.

En esa novela, su autor pone en boca de un personaje secundario el hecho de que Ana Karenina también escribe, que es una escritora para jóvenes de primer nivel. Esta frase es el punto que le permitió la escritora mexicana Carmen Boullosa (Ciudad de México) retomar y reivindicar al personaje de Ana Karenina en su más reciente novela titulada así, El libro de Ana. Una obra metaliteraria, en donde la autora de novelas como Antes, De un salto descabalga la reina, La otra mano de Lepanto (en donde también retoma a una mujer, La Gitanilla, para recrear la historia y el universo de Miguel de Cervantes), El Velázquez de París, Texas y de libros de poesía como La Patria Insomne o La impropia, nos da cuenta del manuscrito de Ana Karenina, que es encontrado por Claudia, la esposa del hijo de Ana, Sergio.

El libro de Ana es una novela que nos muestra el malestar de Ana Karenina por las condiciones de marginación a la que le somete la aristocracia rusa ante el desafío que ella presenta al pretender divorciarse de su marido para seguir su vida con su verdadero amor, pero también nos habla de una Rusia convulsionada por cuestiones políticas en donde el hijo de Ana, Sergio y su esposa, observan cómo el antiguo régimen político y social, ese que excluyo a su madre y la llevo al suicidio, se desmorona. Platicamos con la escritora sobre la novela:

Javier Moro Hernández (JMH): Tu libro nos permite es rehabitar la ficción, pues significa recuperar ciertos hilos narrativos que Tolstoi nos deja abiertos, en la incógnita. ¿Cómo surge esta idea de retomar a un personaje como Ana Karenina y traerla de nuevo a la vida a través de la ficción?

Carmen Boullosa (CB): Es un ejercicio de escritura y de reapropiamiento, después vino un ejercicio de silencio y de imaginación, de dejarme llevar a soñar por un imán específico, que en este caso para mí fueron los ojos de Sergio, el hijo de Ana, me quedé con sus ojos, pasó el tiempo con él, y Sergio de pronto ya creció y ya tiene la edad de su mamá, y entonces me he preguntado qué ha pasado con Sergio, con quién vive, qué ha pasado alrededor de él, que pasó con su hermana, y esa es la novela, yo me quedé con los ojos de Sergio porque quería escribir El libro de Ana, porque había visto ese paisaje en la novela de Tolstoi, y esa fue mi ancla, entonces que sería un ejercicio de lectura en donde uno termina con un ancla, una obsesión digamos, una relación sentimental, que fue mi relación con Sergio, una relación con el silencio, que es muy importante, y después una relación de estudio de tratar de entender, de armar en mi imaginación, el caso Tolstoi, estudiándolo, estudiando también el caso de Ana Karenina, el caso de la familia de Tolstoi también, el caso Petersburgo, el caso del Zar, para entender qué es lo que pasaba cuando Sergio es ese adulto, y por supuesto todo está envuelto en la realidad política de Rusia. En donde la sociedad, la ciudad, los barrios están muy divididos porque la pobreza, la represión, todo esto era para mí un caso de estudio, para poder contar quién era Sergio cuando tiene la edad en la que Ana muere, entonces fue una aventura literaria muy satisfactoria.

JMH: Estamos hablando de 1905, lo que nos das es una imagen sobre la Rusia de Tolstoi, que en ese momento todavía está vivo, pero que nos retrata a la Rusia en la que vivió Ana Karenina y que además tiene relación con México.

CB: Con el mundo contemporáneo, con los movimientos sociales, los pensadores y con la Revolución Mexicana, que tuvo su intento de diálogo con lo que años después pasó con la Revolución Rusa, pero he de decir que no hemos hablado del corazón, que solo mencioné cuando hablamos de Sergio, porque es cierto todo este lado intelectual, pero por el tipo de novela que es, por el personaje de Ana Karenina, que va a ser la autora de la novela, que la va a reescribir cuando su amor ha sido solo fuente de insatisfacciones, cuando ha dejado al hijo, cuando tiene el corazón roto, celosa, un poco enloquecida, cuando es adicta al opio,  porque todas las noches toma sus gotitas de láudano para dormir, y toda esa turbulencia sentimental del personaje, en el silencio, en mi silencio que ocupe como parte de mi laboratorio de escritura de la novela, fue la corriente que me fue llevando, o sea mi ancla eran los ojos de Sergio, pero yo iba en un torrente, que fue lo que gobernó la forma de la novela, que es una forma un poco atípica, porque primero es un tiempo analizado en diferentes actores, y después tenemos una pausa, y ya después tenemos el desenlace, todo tiene una cosa torrencial, que es el territorio del corazón, pero lo que es increíble es como el corazón puede palpitar a la memoria de personajes que murieron hace tantos años, que estaban en una ciudad que no es la mía, y que vivían en un país que no es el mío, pero yo también estaba buscando las similitudes, ya habían autos a motor, ya existían los Mercedes, había similaridades muy profundas, yo soy madre, tuve hijos y entiendo el dolor que significa dejarlos, me obsesioné pensando en mi hijo mientras escribía la novela, o sea, muchas cosas que me permitieron que esta novela también fuera una aventura del corazón.

JMH: Pensaba en otros personajes de la novela, como Vladimir, Alexandra, ya que son personajes que sufren una transformación política pero que tiene que ver justo con los sentimientos.

CB: Así es, todos ellos, porque a todos ellos les han pegado en lo más querido, a Clementina en su propio cuerpo, la presión y el maltrato en la prisión, sobre una mujer, una activista, una costurera, a Vladimir por su hermana Alexandra, que fue atrás de su hermano, pero para todos hay algo que los altera personalmente.

JMH: Por su parte, Sergio el hijo de Ana, tiene esta relación fuertísima con su madre de la cual no puede deshacerse, pero también vive sometido por la figura de un padre ausente.

CB: Y una hermana que depende de él, una hermana que considero una gran historia, porque es la hija de Ana Karenina, una hija a la que Ana nunca quiere mucho, nunca hace una conexión como la que hizo con Sergio, su padre la da en adopción, entonces todos los personajes se volvieron  para mí tan importantes, que se volvieron de alguna manera en algo personal, está mi corazón entregado a ellos, ahora sí que como dice Sor Juana, mi corazón deshecho entre sus manos, y eso es claro, porque nunca había escrito un libro con una vibración como ésta, y es extrañísimo porque lo que me hizo vibrar esa cuerda fue una novela del siglo XIX.

JMH: La ficción es una casa que habitamos cuando leemos, pero que en pocas ocasiones se vuelve nuestra casa, en tu caso, en este Libro de Ana retomas la ficción y la realidad para crear una nueva ficción

CB: Sí, es que Ana Karenina es un personaje de ficción que en realidad están fuera de los libros, como El Quijote, por ejemplo, como Doña Bárbara, que son personajes tan fuertes, que el lector colectivo los convierte en símbolos, y al mismo tiempo en personajes domésticos, que están entre nosotros, entonces Ana Karenina fue un ícono, y la usé, fue una especie de transmigración, cruzamos desde la ficción a la realidad y la usé, aunque al final Sergio era más importante para mí, aunque estábamos viviendo en el mundo de Ana, porque toda el Libro de Ana está bañado en el opio de Ana Karenina.

JMH: Varias protagonistas de las novelas del siglo XIX se volvieron íconos, pero es curioso, en ese siglo la condición de las mujeres todavía era complicada, muchas estaban relegadas a la casa.

CB: Pero se empezaba a discutir, para mí fue una sorpresa que mientras leía Ana Karenina, ya había discusiones sobre el tema de la maternidad, ya existía el divorcio legal, y lo podía pedir la mujer, ya se hablaba sobre el derecho de la mujer a la propiedad privada, entonces las lecturas nos permiten reflexionar sobre lo que conocemos.

JMH: Hay una escena de un sueño compartido entre Claudia y Sergio, entre los esposos, en donde se les aparece Tolstoi y hay una discusión entre el creador y el personaje, en donde el escritor les dice que ellos son tan reales como él, defiende la realidad de sus personajes y les dice algo así como “yo no los cree, ustedes existen”.

CB: Claudia es adorable, es un personaje que le da mucha fuerza a Sergio y Tolstoi defiende la libertad y existencia de sus personajes, en ese sentido yo estoy con él, es casi una declaración de principios sobre el poder de la novela, además de que Claudia es diferente a Sergio, que sí tuvo una madre amorosa cuando era pequeño, y una madre vital, con una especial inteligencia, él tiene una idea sobre la mujer especial, específica, Claudia es el mejor espejo de Ana Karenina, contiene de ella la vitalidad, la capacidad de reírse, no es Ana pero contiene su belleza, cosas que intuimos sobre Ana, y luego ese sueño en particular, sí es una declaratoria de Tolstoi, que yo afirmo y comparto, pero a lo largo de toda la novela, los personajes no lo hacen, porque lo cierto es que la coloratura de los personajes es muy diferentes, porque el color, la forma de un personaje que nació en una novela de Tolstoi, es totalmente diferente a la que nació de un personaje que nació en la imaginación de Ana Karenina según Carmen Boullosa, porque yo creo que esta novela “nació”, aunque sea muy mía, pero los personajes sí reconocen que tienen coloraturas distintas y que están habitando un territorio común, entonces ellos sacan su bandera de identidad, algunos se consideran personajes de Tolstoi y otros se consideran personajes de la realidad, y los de Boullosa cree que son reales, como Tolstoi cree que sus personajes también son reales, porque lo cierto es que los personajes siempre son reales, deben de ser todos reales.

JMH: Finalmente Claudia es la que lee y leemos a través de Claudia el Libro de Ana, esa relación es importante, ya que ella es quien descubre el libro.

CB: Además ella no quiere que lo lea Sergio, porque ella sabe que ese libro de una mujer en realidad estaba escrito para una lectora mujer, y esa lectora posiblemente era ella y por eso deja ir el libro, a Sergio tal vez lo perturbe mucho, y ella sabe que ese libro va a desaparecer, y posiblemente ella fue la única lectora, aunque eso no lo sabemos de cierto, pero fue un libro escrito para que lo leyera la esposa de su hijo, que iba a ser el mejor reflejo de ella misma, y eso sería al final de cuentas un elogio a la literatura al decidir que solo una mujer podía ser la única lectora de ese libro.

 

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Javier Moro Hernández

Javier Moro Hernández

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