Opinión

Vivas nos queremos / Alegorías Cotidianas

El pasado fin de semana se realizaron manifestaciones de mujeres en contra de la violencia de género, me refiero a mujeres porque muchas de ellas no se manifiestan abiertamente como feministas.

En todos los medios de comunicación pudimos ver artículos y fotografías de las más de cinco mil mujeres que tomaron las calles de la Ciudad de México hasta llegar al Zócalo para pedir justicia, seguridad y respuesta. Y no es para menos, pues va en aumento la violencia en las calles.

Si bien hemos dicho que lo cotidiano se hace invisible estamos acostumbrados a ver muchas manifestaciones de violencia sin que las percibamos. Aun en estos tiempos existen mujeres que piensan que el aseo y la comida en una casa son sólo para las mujeres, y un gran número de hombres que opinan que las mujeres deben quedarse en casa y no estudiar ni superarse.

Sólo necesitamos voltear a ver a nuestro alrededor, con nuestros vecinos, conocidos, para darnos cuenta de cómo la violencia es aplicada económica, psicológica y familiarmente, pues, aunque tenemos círculos de amigos donde las relaciones son lo más sanas posible, siempre hay uno o dos por ahí que son los prietitos en el arroz.

A lo que me refiero es que no tenemos que ver hacia las calles únicamente, pues si existe violencia en ellas es porque como sociedad desconocemos cuales son las manifestaciones de violencia de género.

El miércoles pasado, caminaba por la hermosa avenida de mi fraccionamiento cuando una camioneta de lujo, blanca, con vidrios polarizados, se detuvo para preguntarme si quería un aventón hasta la avenida. Era un vehículo tipo mamá móvil, nuevo, con dos hombres en su interior. Me pareció extraña su amabilidad, pues en años de vivir ahí nadie se había “ofrecido” a darme un aventón, además que no reconocí la camioneta ni a los tripulantes como habitantes de mi fraccionamiento. Fue muy raro y permanecí atenta el resto del camino.

Por la tarde llegué a clase y las alumnas muy espantadas me comentaron su preocupación por lo que les había sucedido a unas chicas de la UAA, sobre todo porque salen a las 10:00 p.m. y a esa hora las calles, aun si son céntricas, están solas.

La verdad es que no importa si es temprano o tarde, si la calle está concurrida o no, cuando los agresores tienen ya identificadas a sus víctimas las levantan donde quiera que se encuentren.

Una publicación de un restaurantero en Guadalajara causó revuelo cuando al publicar aseguró que pueden entrar a su negocio para resguardarse si alguien las persigue. El acto heroico del exparamédico y ahora chef dio pie a que muchas mujeres postearan que si una chica se sentía amenazada se acercara a ella para fingir que son amigas y su agresor se retire.

En algunos portales de noticias por internet aseguran que ahora los agresores y secuestradores se hacen pasar por los novios de las mujeres para poder subirlas a sus autos y llevárselas, como si por ser su pareja tuviera derecho a ello y nadie la defendiera. Aunque si somos sinceros, nunca he visto a una persona defender a una mujer en la calle mientras es agredida por “su pareja”.

Recuerdo, hace algunos años iba por la Av. Convención a unas cuadras de la Av. Quezada Limón, del auto que se encontraba en la fila frente a mí bajó corriendo una chica, con riesgo de que la atropellaran. Abrió la puerta y corrió. Cayó su bolso al piso y algunas de su pertenencias se esparcieron en el asfalto, ella llevaba tacones muy altos por lo que no podía correr muy rápido. En la acera se encontraban unos señores afuera de un negocio y unas jovencitas que caminaban en dirección hacia donde la chica escapaba. Para su mala suerte, su agresor encontró de inmediato donde estacionarse, bajó que echaba lumbre, la alcanzó, la tomó por el cabello y la tiró al piso, ella trató de levantarse rápido, pero los tacones no se lo permitieron. La levantó con jalón horrible por el brazo, le dio un puñetazo en las costillas, asió con una de sus manos las dos muñecas de la chica y con jalones y a rastras la subió al auto.

Como observadora, reaccioné cuando el claxon de un auto sonó para que avanzara mientras que de los hombres que estaban en la banqueta ninguno de ellos intentó auxiliarla, aunque ella pidió ayuda.

La violencia de género es tarea de todos, se evita en casa y se refleja en las calles. No es sólo cuestión de que los demás nos vean como objetos, sino que nosotras nos veamos como seres capaces de conseguir todo pues la igualdad existe, aunque día a día se luche por ella.

Lo más importante es estar alerta. Si estamos alerta tenemos fracciones de segundo para actuar, pues, aunque ahora existan aplicaciones para “evitar y repeler actos violentos”, el agresor no da tiempo ni siquiera de abrirla.

“Vivas nos queremos” y aunque no sea lo ideal necesitamos aprender a actuar ante situaciones violentas y sobre todo a denunciar. Siempre es importante el observar rasgos del agresor, tatuajes, cicatrices, ropa, placas de autos para poder realizar la denuncia.

No necesitamos toques de queda para ser libres, sino cambiar los paradigmas de la sociedad de violencia de género por aquellos de armonía y equidad.

Si ve que a alguna mujer le ocurre algo en la calle pregunte si está bien y necesita ayuda, no sabe si con esas preguntas le puede salvar la vida.

Laus Deo

@paulanajber

 

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Paula Nájera

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