Opinión

Daniel Catán y Johannes Brahms en el cuarto concierto de temporada/ Orquesta Sinfónica de Aguascalientes

Con esta serie de conciertos que ha diseñado el maestro Areán, titular de la Orquesta Sinfónica de Aguascalientes en la primera temporada del año, nos hemos encarado con una serie de obras que no son conocidas y que difícilmente podríamos escuchar si no fuera por esta bien planeada programación.

Para el cuarto concierto de temporada, que por cierto le fue encomendado al maestro Guido María Guido, director huésped de una estatura musical impresionante, disfrutamos de la Suite de la ópera Florencia en el Amazonas del compositor Daniel Catán, una obra que se divide en tres partes, cada una de ellas a manera de movimientos pero elocuentes en su intención descriptiva, el primer movimiento se llama Amanecer, el segundo Paula y el último Aria final de Florencia.

Siempre que estoy ante la maravillosa oportunidad de conocer una nueva obra es inevitable la expectación que esto produce, tenía conocimiento, aunque no muy a fondo de la ópera del maestro Catán Florencia en el Amazonas, pero desconocía por completo la suite hecha por él mismo sobre su ópera, se trata de una obra que exige una orquestación generosa y robusta, excelente la sección de percusiones y destacado el trabajo del concertino de nuestra orquesta, el maestro Román Pavón que es exigido al máximo en la parte final de la suite, y con un trabajo impecable del maestro María Guido. Es una partitura que su duración no sobrepasa los 30 minutos, y aunque no muy extensa, la encontramos pletórica en contenidos y la verdad es una partitura deliciosa.

Después del intermedio, y obedeciendo a lo programado, nos encontramos con una obra de repertorio, la Sinfonía No.3 en fa mayor, Op. 90 de Johannes Brahms. La tercera de sus cuatro maravillosas sinfonías fue calificada por el director de orquesta, que por cierto, fue quien la dirigió en su estreno, como “la heroica” de Brahms, con obvia referencia a la tercera de Beethoven, sin duda el, comentario no debió agradarle mucho al Brahms que siempre se sintió abrumado por lo que él llamaba “la sombra del gigante”, esa sombra fue la que le dificultó inmensamente abordar el lenguaje sinfónico, decía Brahms no poder desembarazarse de la influencia del genio de Bonn, se sentía insatisfecho al pensar que sus lenguaje sinfónico se parecía mucho a lo hecho por Beethoven anteriormente, no es complicado imaginar el impacto que tuvo en el compositor el desafortunado comentario del maestro Richter.

Pero independientemente de este conflicto de Brahms, el maestro María Guido hizo con esta sinfonía un trabajo exquisito.

Es increíble cómo una partitura que nos resulta extremadamente familiar como la tercera de Brahms la encontramos novedosa cuando es interpretada por alguien que no se conforma con la lectura cumplidora, sino que va más allá de lo convencional y está decidido a tomar todos los riesgos necesarios a fin de depurar su trabajo, finalmente la orquesta es el instrumento musical que es interpretado por el director, claro que para tener los resultados esperados ese instrumento debe estar afinado y ser de primera calidad, de lo contrario difícilmente podríamos exigirle resultados al director, pero en este caso tenemos contamos con todo, una orquesta digna que no se inhibe ante las exigencias ni de la obra que le pongamos enfrente ni del director que está en el podio, y una batuta que supo sacar provecho de la calidad de la orquesta con ideas claras y puntuales de cómo debe escucharse esa partitura.

Lo cierto es que debemos sentirnos afortunados de haber contado con un director como el maestro Guido María Guido, no todos los días tenemos la oportunidad de contar con directores de esta talla, su experiencia es evidente, su conocimiento y el dominio de la partitura que tiene en el atril lo hacen no ser solamente un buen director, está muy por encima de la norma lo que por supuesto me hace pensar que considerando su nivel, no creo que dirija cualquier orquesta, me imagino, y esto me lo dicta el más estricto sentido común, que busca orquestas que puedan responder puntualmente a sus exigencias.

La próxima semana, en el quinto de los ocho conciertos que integran esta temporada escucharemos la Sinfonía 41 de Mozart, última de sus obras sinfónicas y la No. 4, Op. 120 en re menor de Robert Schumann, un interesante contraste entre dos lenguajes musicales distintos, el clasicismo vienés y el más delicioso romanticismo. Lo interesante, y esto me parece que es inédito en la historia de nuestra orquesta, salvo que alguien me corrija, pero es la primera ocasión que un director huésped repite en dos conciertos consecutivos, una vez más se presentará el maestro Guido María Guido y todos los ingredientes están sobre la mesa para que este sea un concierto verdaderamente inolvidable, por las obras programadas, por nuestra Sinfónica y por la batuta que se encargará del quinto de temporada.

El concierto será el próximo viernes 15 de marzo a las 20:00 horas en el Teatro Aguascalientes, por ahí nos vemos si Dios no dispone lo contrario.

 

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Rodolfo Popoca Perches

Rodolfo Popoca Perches

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