Opinión

El inconcebible universo / Alegorías Cotidianas

Pensamos que la literatura, las artes visuales, las ciencias duras y las matemáticas no pueden tener relación. Crecemos con la idea de que cada una es tan compleja y distinta que es posible que nunca compaginen.

Dentro de este mundo de creencias también existe el pensamiento que limita el arte y su evolución. Cuando las personas quieren vivir del arte siempre se les recomienda dejarlo y emprender otro camino pues no es redituable y morirían de hambre al hacerlo, sin embargo, hay artistas mexicanos que comprueban lo contrario y se dedican ciento por ciento a ello sin sufrir hambre o vivir en la absoluta pobreza.

Afortunadamente hay quien no vive de lo que piensan y juzgan sino de su libre albedrío y su creatividad. De las obras, tratados, libros, pinturas, esculturas hemos disfrutado en los museos o bien en la tranquilidad de casa.

Si volvemos a las creencias tenemos que decir que las matemáticas no son muy bien vistas tampoco, se cree que sólo de profesor se puede trabajar sin ver las posibilidades que esta otorga a la investigación y a la vida cotidiana minuto a minuto.

La ciencia y la tecnología cada vez están más inmiscuidas en nuestras vidas y gracias a las redes sociales también el arte, como compendio del todo.

Los usuarios de las redes sociales han tomado la fotografía y el video como estandarte, cada uno a su manera trata de mejorar sus tiros, locaciones y contenidos. Estamos en la era donde las cosas si no son vistas no existen y esto le ha dado un vuelco a la cotidianeidad.

Las redes sociales, así como nuestro nuevo modus vivendi se deriva de lo que las ciencias en conjunto han logrado.

Ahora existen en la red bibliotecas, revistas, periódicos en línea facilitando el acceso a la buena fuente de información. Podemos acceder a recorridos virtuales por los museos y, las aulas virtuales se han incrementado al punto de encontrar centros de estudios donde los ambientes de aprendizajes son únicamente en la red.

Cuando la tecnología detonó el bum del conocimiento jamás imaginaron los precursores lo que esto representaría años después.

En todos estos avances se involucran todas las ciencias y las investigaciones que derivan de años de estudio nos indican que no puede haber una sola que no se relacione con la otra, tal como lo redacta poéticamente José Gordon en su libro El inconcebible universo.

El inconcebible universo es un libro que reúne las entrevistas que José Gordon realizó a científicos y artistas durante un periodo de años y lo que estas conversaciones dejaron en la creatividad del entrevistador.

Gordon realiza unos poéticos metatextos donde no sólo la teoría científica de la que habla queda al descubierto sino su interrelación con otras teorías, otros sistemas, modos de vida y creaciones estéticas, así descubrimos que tanto en la poesía, la pintura y las ecuaciones hay matemáticas y conexiones infinitas del conocimiento.

Este es un libro que al terminar de leerlo nos deja con esa zozobra de cómo será una relectura del Origen de las especies de Darwin o la poesía de Homero Aridjis.

El inconcebible universo es una lectura que nos lleva a permanecer en una constante conversación con nosotros mismos sobre que otras tantas relaciones podemos encontrar entre la geometría, la literatura y el cosmos.

Podemos decir que El inconcebible universo son las memorias de un hombre dedicado al conocimiento en todos los sentidos, sin dejar a un lado alguna y consciente de que todos se interrelacionan para crear un todo.

Nunca imaginamos que cuando escribimos un texto también apliquemos las matemáticas, la lógica, etcétera. Por ejemplo, los poetas tienden a ser enumerativos, esas repeticiones logran un ritmo y éste último nos lleva a la métrica, lo mismo sucede con la música.

En la pintura y la escultura, la geometría es la base del todo, gracias a ella puede nuestro ojo percibir las formas que las diminutas figuras del pincel representan y en una mayor escala tenemos entonces la relación con la arquitectura.

Mi querida amiga Gaby Guillén comentaba la semana pasada que si como humanos no tomamos conciencia que somos seres creadores y que a ello vinimos entonces estamos perdidos, pues no importa en el ámbito donde nos desarrollemos, con nuestros pensamientos, actos y energía estamos inmersos en una constante creación evolutiva o involutiva.

La magia de lecturas como esta es que El inconcebible universo nos permite acercarnos a las ciencias duras, no sólo de una manera poética sino comprensible de tal manera que cuando terminamos de leer el libro además de adquirir más conocimiento estamos en un plano energético distinto donde la causalidad nos hace parte del universo creativo ascendente donde es más fácil vivir en armonía después de cambiar paradigmas limitantes.

Quizá muchos de nosotros no estamos acostumbrados a leer poesía, otros libros de teoría científica y mucho menos aventurarnos a leer tratados de matemáticas sin embargo, encontrar todo ello en una prosa poética donde existe un equilibrio entre todas las partes y una apertura de pensamiento sumado al conocimiento universal sólo podemos encontrar eso en El inconcebible universo un libro que podemos leer y releer para encontrar sentido a las incógnitas de la ciencia para descifrar la literatura y la pintura.

La prosa de José Gordon es fantástica, nos hace recordar lecturas pasadas, nos lleva al futuro de la ciencia, nos explica cómo funcionan los electrones, donde se encuentran las figuras geométricas en la poética y la pintura pero lo más importante, trasciende en la conciencia colectiva universal de la verdad y la creatividad.

Laus Deo

 

@paulanajber

 

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Paula Nájera

Paula Nájera

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