Opinión

Sobre la espera / Favela chic

Publicado por la editorial Eximia de Aguascalientes, el ensayo Sobre la espera, de Montserrat Ocampo, toma como punto de partida el embarazo y la maternidad para discurrir en torno a otras dos experiencia universales: la experiencia de la espera, según lo indica su propio título, y la experiencia de la creación. Aunque yo nunca he tenido hijos ni me lo he propuesto aún, este libro me cautivó de principio a fin, porque nos remite a un mundo de vivencias compartidas. Haber colocado el tema de la espera en primer plano es sin duda uno de sus mayores aciertos. A lo largo de sus páginas, la espera se nos revela como un personaje protagónico, dotado de un poder que muy a menudo pasa desapercibido: el poder de transformar el cuerpo, la mente, las relaciones interpersonales y la percepción del tiempo, así como los espacios públicos y privados.

Territorios de la espera

Hace apenas unos años, el fenómeno de la espera atrajo el interés de diversos investigadores, que en 2011 formaron el grupo TERRIAT (acrónimo francés de “Territorios de la espera”). El geógrafo Alain Musset, uno de sus fundadores, aún se lamentaba en 2015 de la escasez de escritos dedicados a la espera exclusivamente. Sin habérselo propuesto, con la publicación de este ensayo, Montserrat ha colocado su granito de arena para subsanar esa laguna en un campo recién inaugurado de las ciencias sociales. Pero ella no emplea la jerga especializada de los estudios académicos, inaccesible a los lectores comunes y corrientes, sino un lenguaje claro y ameno para meditar sobre un tipo de espera muy particular: el proceso de la gestación.

En este sentido se distingue de Musset, que suele aludir a otras manifestaciones de la espera en espacios exteriores de sobra conocidos, como las terminales de autobús, los andenes del metro, las salas de los aeropuertos, las calles y vialidades de una ciudad, las dependencias y oficinas de gobierno, donde a menudo nos vemos obligados a permanecer por un lapso indeterminado, a veces breve, a veces largo. Aunque abunda en ejemplos, Musset omite un territorio de la espera por antonomasia, que no es público e impersonal como los ya dichos, sino más bien se halla ligado intrínsecamente a nuestra existencia. Se trata del cuerpo femenino, un territorio que Montserrat explora en una de sus facetas más complejas y reveladoras: el embarazo.

Juego de espejos

A diferencia de la literatura sobre el tema, que abarrota las páginas de internet y los anaqueles de autoayuda, Sobre la espera tiene una postura crítica de la maternidad, idealizada en los hogares mexicanos tradicionales, de donde muchos provenimos. Como explica el segundo capítulo, aunque la maternidad se refiere a un hecho natural, suele venir de la mano con ideas preconcebidas que no siempre coinciden con la realidad. Sólo cuando las ponemos en tela de juicio, los papeles atribuidos a los padres pueden reinventarse. Pero si nos empeñamos en limitar su actuación a un libreto conservador, como si no hubiera libretos alternativos, es precisamente cuando afloran con mayor crudeza las patologías sociales. Sentimientos como el hartazgo, la frustración y el arrepentimiento, incompatibles con la figura de la madre modelo, pueden conducir al abandono de los hijos e incluso al suicidio. Montserrat cita las polémicas biografías de dos escritoras, Doris Lessing y Sylvia Plath, que por distintas vías renunciaron a la maternidad.

Según Musset, los territorios de la espera poseen el don de fomentar actividades nuevas e insospechadas:  el embarazo no es la excepción. En esa etapa Montserrat se dedicó a la escritura de este ensayo, desafiando el prejuicio de que las madres desempeñan un papel pasivo en el periodo de gravidez, donde los quehaceres intelectuales supuestamente no tienen cabida. Como resultado, Sobre la espera hace un juego de espejos con dos expresiones de la fecundidad, la escritura y el embarazo. Compara el acto de engendrar a un ser humano con el de publicar un libro. Ambos nos exigen un gran voto de confianza, pues la incertidumbre jamás se desvanece. Podemos definir hasta cierto punto la forma que han de adoptar nuestras creaciones y el rumbo que han de seguir, mas no adueñarnos de su ser ni de su destino. Con esa toma de conciencia, cierra Montserrat su ciclo de la espera cuando por fin da a luz a la pequeña Helena: “Es mía, yo le di vida; es mía y a la vez no […]. Sólo me pertenece este instante”.

Metamorfosis de la identidad

Habitar por largo tiempo los territorios de la espera nos infunde este sentimiento de propiedad y la consiguiente nostalgia al momento de abandonarlos, pues ahí hemos plasmado la huella de nuestro paso por el mundo. Pero, como nos aclara Musset, la influencia es mutua: nosotros los hemos transformado a ellos y ellos a nosotros. En la misma sintonía, Montserrat describe así la metamorfosis de su identidad, al enterarse de su embarazo: “Fue como si de pronto me diera cuenta de que antes de esa mañana había otra yo. Una que se había dormido con la idea de ser alguien, y ahora […] era sustituida por una nueva, una que no había sido antes”.

Asimismo, los territorios de la espera modifican la manera en que los demás nos perciben. Pero en el marco de nuestra sociedad, que aún está dando sus primeros pasos en materia de pluralidad, esa metamorfosis puede ser negativa. Si hablamos del cuerpo femenino como territorio geográfico es porque se despliegan relaciones de poder dentro y fuera de sus confines. Terceras personas toman decisiones unilaterales basadas en nuestra capacidad reproductiva, limitando así nuestro desarrollo personal, profesional y económico: “Estoy en paro laboral y recién fui rechazada de un programa de doctorado porque me embaracé”, nos cuenta Montserrat en el capítulo tercero.

Lo personal es político

Embarazada o no, este ensayo me hizo sentir muy aludida por tal motivo. Las prácticas de exclusión que convierten a la espera una cárcel temporal o vitalicia, son a fin de cuentas las mismas prácticas que nos cierran a las mujeres las puertas de las universidades; que les vedan a los hombres el derecho de obtener un permiso posnatal igualitario. Son las mismas prácticas que perpetúan “un ciclo en el que a los padres se les minimiza en sus capacidades y a las madres se les exige de más”, como señala Montserrat. A través de un testimonio privado, Sobre la espera nos incita a transformar esa cara de nuestra identidad colectiva, no sólo en el plano de las costumbres, sino también de las normas jurídicas que nos afectan sin distinción de género. Pues como reza un lema de los movimientos de liberación de los años setenta, lo personal es político.

 

Referencias:

Hanisch, Carol, “The Personal Is Political”, en Notes from the Second Year: Women’s Liberation, ed. de Shulamith Firestone & Anne Koedt, 1970. Disponible en internet: http://tinyurl.com/y5r46mju.

Musset, Alain, “De los lugares de espera a los territorios de la espera: ¿una nueva dimensión de la geografía social”, en Documents d’Anàlisi Geogràfica, 2015, vol. LXI, núm. 2, pp. 305-324. Disponible en internet: http://tinyurl.com/y2r77f5z.

Ocampo, Montserrat, Sobre la espera, ilustraciones de Estefanía Ayala Rivera, Eximia, Aguascalientes, 2018, 92 pp.

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Gabriela Lira Rosiles

Gabriela Lira Rosiles

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